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Ricardo Cavolo: “Uso algo tan poco capitalista como el arte para pagar el alquiler”

Ricardo Cavolo: “Uso algo tan poco capitalista como el arte para pagar el alquiler”

Artista. A Ricardo Cavolo (Salamanca, 1982) le gustaría vivir del arte al margen del mercado, pero, claro, los caseros –al menos de momento– no admiten el trueque como método de pago. Esta reflexión del salmantino me recuerda a Carol Rama, la artista italiana que pagaba la peluquería y la compra entregando sus cuadros por todas las tiendas de Turín. Hoy sus obras están cotizadísimas en el mercado.

Se ha puesto al servicio del ‘Romancero Gitano’ (Ed. Lunwerg) de Federico García Lorca de manera sincera para ilustrar el complejo universo simbólico del poeta. Lola Flores, que no era gitana, pero sí se sentía muy cerca de su cultura, podría haber protagonizado cualquiera de los poemas. En esta aseveración, Cavolo y servidora estamos de acuerdo. Además, ‘La Faraona’ ha recitado a Lorca en multitud de ocasiones, así que de descabellado nada.

Para Cavolo los gitanos no son un pueblo desconocido, vivió con ellos y entre ellos en la Salamanca de los años 80. Su madre se casó con Antonio, un gitano que escuchaba más a los Rolling Stones que a Camarón. Como artista, además, tiene más interés en una persona marginal que en una persona de éxito porque, argumenta, se siente más cerca del margen que del triunfo.

¿Se puede ser artista sin ser capitalista?

(Sonríe) Me gustaría mucho decirte que es posible vivir del arte sin estar en el mercado, pero no lo creo. Si mi familia hubiera tenido mucho dinero, hubiera pintado por gusto, pero vivo en el mundo en el que vivo, en la sociedad en la que vivo, y el dinero me hace falta para pagar el colegio de mi hijo, el alquiler o el avión que tengo que coger para no sé dónde. Por eso, tengo que usar algo tan poco capitalista como el arte y empaquetarlo de la mejor manera para que funcione. Eso sí, trato de hacerlo lo mejor posible y no sentirme un vendido.

Ya no hay mecenas como los Medici o los Sforza, ¿no? (Reímos)

Yo creo que hoy en día nuestros mecenas son las empresas porque te permiten realizar un proyecto comercial y al mismo tiempo, y ya depende de la cuerda que te dejen soltar, te permite investigar.

¿La sociedad es justa con los gitanos como lo intentó ser Lorca a través de ‘Romancero Gitano’?

No lo creo, la verdad, diría que el principal problema es que a día de hoy la situación no ha cambiado casi nada desde que Lorca escribió sobre los gitanos. A lo largo de la historia siempre han estado muy perseguidos, el tema aquí es que hay pueblos pasivos que pueden dejar que les arrollen o que les pasen por encima, pero este no es en absoluto el caso de los gitanos y, claro, lo normal es que se rebelen contra lo que les amordaza.

Viviste con los gitanos en los años 80 porque tu madre estaba casada con un gitano. ¿Cómo se siente un payo viviendo entre ellos y como ellos?

Pues, sinceramente, aprendí la palabra payo de bastante mayor. Me cuidaron muy bien, no porque viniera de fuera, sino por una cosa tan humana y sencilla como que mi padrastro, Antonio, era una persona muy querida por todo el mundo. Me trataron con mucho cariño, pero, evidentemente, cuando estás en un entorno así ves que hay gente que se dedica a trabajar en los mercadillos, otros son temporeros, otros a la droga… Es decir, veía la realidad del poblado igual que se sigue viendo hoy. Mi relación con ellos era buena, mi único problema es que soy muy tímido, siempre lo he sido, y no me integraba tan rápido como a ellos les hubiera gustado.

¿Hoy tienes relación con alguno de ellos?

No demasiada, la verdad, porque mi padrastro murió en un accidente de coche cuando tenía 13 años, yo ya no vivía en Salamanca cuando todo esto sucede y mi madre, a la que se le hizo muy doloroso seguir donde vivía con Antonio, también se marchó.

¿Tu madre se sentía bien siendo paya y, además, mujer? A la mujer de etnia gitana se la tiene siempre como una figura en sumisión.

Dejando los prejuicios de lado, que siempre puede haberlos, ni ella, ni yo sufrimos ningún gesto de discriminación. Además, mi padrastro era gitano, claro, pero siempre decía que era una persona ‘outsider’ dentro de la comunidad porque escuchaba a Pink Floyd y a los Rollings Stones, a pesar de que en ese entorno primaba el flamenco.

Bueno, tan raro tampoco era, mira a los gitanos de Triana que escuchaban flamenco, pero también música británica y americana en los años 60 y 70, surgiendo bandas como ‘Smash’.

Sin duda, pero también depende de la zona, la zona de Salamanca donde él estaba no era Triana. Es un sitio más cerrado en muchos sentidos, entonces no era sencillo encontrar a gitanos con estos gustos y esta apertura mental.

¿Te resulta más atractiva para una obra la persona de éxito o la persona marginal?

Sin duda, la persona que viven al margen. Mira, creo que no tengo ninguna misión, pero sí que me gusta usar mi arte para hablar de esa marginalidad porque la vi de pequeño cuando vivía con los gitanos, pero yo, a diferencia de otros niños, sí que tenía la opción o la oportunidad de salir de esa marginalidad. Piensa que de lunes a viernes tenía una situación muy distinta a la del fin de semana, dos días en los que estaba con mi padre en su estudio, pero aquello me ha permitido poder ver el contraste y poder hablar de ello. ¿Las personas de éxito? Ya se habla mucho de ellas, creo que hasta estamos saturados y, sinceramente, me siento más cercano a la marginalidad que al éxito.

¿Puede ser algo muy trágico algo muy bello?

Por supuesto. Mucha obra cultural es bella y trágica a la vez, no porque sea trágica, yo al menos no encuentro belleza en la tragedia por sí misma, pero es un binomio que puede funcionar perfectamente. Sin ir más lejos, el ‘Romancero Gitano’ de Lorca tiene unos versos preciosos, pero es trágico a más no poder.

¿Hasta que punto has estudiado a Lorca para hacer este trabajo no exento de complejidad?

No he tratado de hacer una teoría sobre la obra de Lorca, sólo me he puesto a su servicio. Me he leído todos los poemas y estudios sobre la obra de manera concienzuda para saber bien cómo enfrentarme a lo que tenía que pintar y no cagarla, básicamente, porque me gusta ser muy respetuoso. Es un libro de la pena, de la tragedia y el drama, del nudo en el estómago. Entras y sales de él, aunque cuando sales nada es ya lo mismo.

A mí toda tu ilustración me resulta tribal.

Puede ser. Normalmente la gente ve la conexión con el México indígena y puede que la haya, pero…

No, no me refería a la imagen que todos tenemos de los motivos estéticos mexicanos, sino a algo más ancestral y enraizado.

Justamente. Nunca he sabido cómo implementarlo más y, además, no sabía si se percibía así en mi trabajo, me alegra mucho que lo digas. En la creación donde hay una gran carga de simbología, como es mi caso, hay un trabajo de años de copiar estilos, fusionarlos y, al final, encontrar el tuyo propio para poder contarlo todo. Así que, si lo ves así, tan ancestral, puede que lo sea.

En este sentido, los teóricos del arte hablan de las pistas mudas e involuntarias que los artistas dejan en su obra para que los observadores venideros les puedan identificar y distinguir de los demás. Es la llave que dan a los espectadores, casi como miguitas de pan que te llevan a su casa.

Sí, lo bonito de todo esto es que es involuntario, no lo eliges, no lo fuerzas. Algo que no sabías ni siquiera que estaba ahí hasta que alguien, como has hecho tú, me dice que hay algo distintivo en mí.

¿Por qué impactaron tanto sobre ti las pinturas rupestres?

Honestamente, más que su significado real, que sí conozco ahora, de niño lo que me fascinó es que había gente ¡que había pintado dentro de sus casas! De hecho, al día siguiente pinté las paredes de mi habitación con los colores de Plastidecor.

Tus padres estarían muy contentos.

(Risas) No me echaron mucho la bronca.

Bueno, tú siempre has tenido colores a mano porque tu padre también es artista, su taller estaba en casa, y, además, es profesor de dibujo.

Sí, además de su actividad artística como necesidad vital, desde hace 20 años es profesor de Dibujo en un instituto. De hecho, fue profesor mío y ¡muy duro! Menos mal que dibujaba bien y sacaba buenas notas.

La canción de ‘Ciudad de los gitanos’ de Marea usa el ‘Romance de la Guardia Civil Española’ para la letra, ¿lo sabías? Yo desconocía este dato hasta hace dos días, eh, no es cuestión de hacerme la molona ahora. (Reímos)

¡Pues no, qué va! Pues te diría que este es uno de mis poemas predilectos, no por el drama que representa, sino por la violencia que encierra, me pareció interesante de ilustrar por lo doloroso que es. Pero, desde luego, hay otros que me resultan aún más complicados de hacer como los que hablan de violación, por ejemplo. Cuando haces un libro así, donde representas cosas tan duras, no tienes más remedio que intentar tener empatía, pero, sinceramente, no es nada agradable.

Lorca, además de escribir, también pintaba con más o menos acierto, eso es otra cuestión, y el ‘Romance de la pena negra’ iba ilustrado con una imagen hecha por él de Soledad Montoya que no ha llegado hasta nosotros, pero que nos da la visión tan clara y completa que tenía de todo lo que hacía.

Sí, cuando eres alguien que se dedica a creación, lo que te falta a veces es tiempo, pero el motor de crear y de contar cosas de diferente forma lo tienes dentro. Lorca es una persona muy intensa con su trabajo, eso lo puedes vislumbrar a través de sus ilustraciones porque encajan perfectamente con sus textos porque es algo que sale de la misma cabeza, al igual que su teatro. Creo que si se hubiera dedicado a la fotografía, por ejemplo, hubiera sido muy parecida a lo demás porque todo tiene armonía.

Cuando comencé a mirar este ‘Romancero Gitano’ pensé de forma automática en Lola Flores. Por su estética, podría haber sido una de las protagonistas y eso que ella no era gitana, el gitano era Antonio ‘El Pescaílla’.

Cierto. Es que lo bonito, más allá de las razas, es lo que siente cada uno siendo respetuoso. Siempre me ha parecido precioso que Lola Flores ame la cultura gitana hasta tal punto de hacerla suya, a pesar de no ser gitana, como bien dices.

Si te soy sincera, de tu ‘Romancero’ me gustan más las mujeres que los hombres.

Sí, estoy de acuerdo. Además, he hecho hincapié en que así fuera. Llevo años tratando de revertir el hecho de que sea el hombre el protagonista de las cosas que suceden y sacar a la mujer de ese lugar donde sólo se aprecia la belleza para ser alguien activo que ejecuta y protagoniza la historia. Lorca también le da un lugar primordial a la mujer en su obra.

¿Qué música ha tenido el proceso en tu estudio? Sé que te gusta Johnny Cash, pero a Lorca esto no le pega mucho.

(Risas) No lo sé. Ahora lo que más escucho es rap y flamenco. En este caso, ha sido el flamenco como ejercicio que te mete en el universo Lorca, pero el rap también me abre mucho la mente cuando estoy en el estudio.

¿A qué flamencos escuchas?

Me gustan muchos. El primero es Camarón, pero me gusta también mucho el estudio y las alteraciones que Enrique Morente hacía en la música para hacer cosas nuevas, también Lole y Manuel, Agujetas y de los antiguos me gusta mucho Terremoto de Jerez. Me agrada menos, aunque es cuestión de gustos, la fusión de flamenco y pop, me gusta más el flamenco de raíz.

Te refieres a esa fusión a la que se le ha venido llamando flamenquito, ¿no?

Sí, lo respeto, pero no lo escucho y no me gusta.

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