Historia de la música

Una canción de rock de casi 12 minutos de 1967 sigue siendo una de las más impactantes de la historia de la música 59 años después

The Doors
The Doors. Imagen de Wikimedia Commons, Joel Brodsky; distribuida por Elektra Records. CCO.

En plena explosión de la psicodelia y la contracultura de 1967, The Doors irrumpió en la escena musical con una propuesta tan provocadora como experimental. Entre las composiciones más llamativas de su primer álbum se encontraba The End, una extensa canción que rompía con las estructuras habituales del rock.

La canción apareció en un momento de profundas transformaciones sociales y culturales. La contracultura, el movimiento hippie, las protestas y la guerra de Vietnam convivían con una nueva forma de entender la música, cada vez más experimental y alejada de los convencionalismos de la época.

The End, de The Doors, llevó el rock psicodélico a un territorio desconocido

La canción The End, de The Doors, cerraba el álbum debut homónimo de la banda, publicado en enero de 1967. Con una duración cercana a los 12 minutos, se convirtió en una de las canciones más transgresoras de aquel momento.

El origen del tema, sin embargo, fue mucho más sencillo. Jim Morrison comenzó a interpretarlo como una canción de despedida después de romper con su novia Mary Werbelow. En los conciertos del grupo fue creciendo progresivamente hasta convertirse en una pieza extensa, improvisada y cada vez más compleja.

Parte de esa transformación tuvo lugar durante las actuaciones que The Doors ofreció en el Whiskey a Go Go de Hollywood en 1966. Cuando la banda entró en el estudio para grabar su primer disco, registró dos versiones de The End. La segunda, de casi 12 minutos, fue la escogida para cerrar el álbum.

La letra convirtió una despedida en una canción mucho más perturbadora

El elemento más desconcertante de The End es la interpretación de Morrison. Su voz avanza sobre una base instrumental minimalista mientras la canción abandona progresivamente su estructura inicial y entra en un territorio casi teatral.

La letra nunca tuvo una explicación única. El propio Morrison llegó a explicar que cada vez que escuchaba la canción encontraba un significado diferente. Para él, no existía una interpretación definitiva, algo que contribuyó a convertirla en una obra abierta a múltiples lecturas.

Ray Manzarek, teclista de The Doors, consideraba que la parte más famosa de la canción representaba el complejo de Edipo. La interpretación hacía referencia a la tragedia de Edipo y utilizaba sus elementos como una representación teatral, no como una declaración literal de Morrison.

John Densmore, batería del grupo, ofreció otra lectura relacionada con la frustración de Morrison y su rechazo de las ideas impuestas por la sociedad. Desde esa perspectiva, «matar al padre» podía entenderse como una forma de destruir los conceptos ajenos que condicionan al individuo para recuperar una identidad propia.

Por qué la grabación de The End terminó definiendo el sonido de The Doors

La grabación tampoco estuvo exenta de dificultades. Morrison atravesaba una etapa de excesos y, según los testimonios relacionados con aquellas sesiones, su estado dificultó inicialmente el trabajo en el estudio. Finalmente, pudo completar la interpretación que acabaría convirtiéndose en uno de los momentos más reconocibles del disco.

El productor Paul Rothchild también interpretó la canción como un viaje interior. En su lectura, la destrucción de aquello que controla o limita al individuo se contrapone a la búsqueda de libertad y de una realidad propia.

Incluso algunas de sus imágenes han sido relacionadas con el contexto histórico de 1967. La referencia al «blue bus», por ejemplo, se ha interpretado como una posible alusión a la guerra de Vietnam y al sistema de reclutamiento de jóvenes estadounidenses.

The End encontró una segunda vida con Apocalypse Now

La canción alcanzó otra dimensión años después gracias a Apocalypse Now, la película dirigida por Francis Ford Coppola. The End acompaña las imágenes iniciales de la película, en una secuencia en la que las palmeras arden y el paisaje queda envuelto por el humo.

El uso de la canción reforzó todavía más su carácter oscuro y apocalíptico. Lo que había comenzado como una sencilla canción de despedida terminó asociado a una de las representaciones cinematográficas más recordadas de la guerra de Vietnam.

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