Sonda Chang’e 7: cuándo es el lanzamiento, objetivos científicos y los retos tecnológicos de la misión china
Descubre los objetivos científicos y los retos tecnológicos de la misión china Chang'e 7 y todo lo que debes saber sobre esta sonda lunar.
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La misión Chang’e 7 forma parte del programa espacial de China. Está considerada como una sonda robótica que viajará a polo sur lunar, lo que creemos que es de sus regiones más misteriosas y prometedoras del satélite. ¿El objetivo principal? Pues en principio localizar dónde hay agua y sentar las bases para ese futuro asentamiento humano del que tanto se espera.
Como veremos, no se trata de una misión “sencilla” con una sola nave. Al contrario: es un sistema completo de exploración, pensado para trabajar en equipo desde el espacio y desde la superficie lunar.
La misión
Chang’e 7 es un equipo muy desarrollado y buscado de exploradores diseñados para trabajar en conjunto. El lanzamiento de la misión se espera que sea para 2026. Aunque la fecha exacta todavía puede tener variaciones, todas las fuentes apuntan a que el despegue lo vamos a ver en la segunda mitad del año, posiblemente en torno al calor estival de agosto.
El viaje va a comenzar des desde el considerado cohete más poderoso de China, el Long March 5. Todo partirá desde el punto del Centro de Lanzamiento de Wenchang, en la isla de Hainan. Una vez que pasen varios días, la sonda entrará en órbita de nuestro satélite.
La sonda Chang’e 7
Chang’e 7 no es una sola nave, sino un sistema integrado de cinco componentes que trabajarán en equipo. Tales componentes son los siguientes:
- El satélite de comunicaciones (Queqiao-2). Ya está en posición. Fue lanzado en 2024 y garantiza que la comunicación entre los robots en la Luna y los controladores en la Tierra sea continua y con fiable.
- El orbitador. Permanecerá girando alrededor de la Luna, tomando imágenes y datos globales de la región polar.
- El módulo de aterrizaje. Será el que realice el descenso suave y preciso en la superficie. Actuará como base de operaciones.
- Un rover (vehículo explorador). Se desplegará desde el módulo de aterrizaje para recorrer y analizar el terreno cercano.
- La sonda voladora o “Hopper”. La joya tecnológica. Es un pequeño robot propulsado por cohetes que puede “saltar” o volar decenas de kilómetros. Podrá llegar a lugares inaccesibles para buscar hielo.
Los objetivos científicos
La misión tiene una amplia agenda científica. Cuenta con más de 18 instrumentos a bordo. Sus principales metas son las siguientes.
Confirmar y analizar el hielo de agua
Es el objetivo más importante. Usará radares y analizadores especiales para buscar agua congelada en los cráteres. Este sería un descubrimiento revolucionario, ya que podría usarse para sustentar a los astronautas y como materia prima para producir combustible para cohetes.
Cartografiar la zona
Chang’e 7 creará mapas detallados de la topografía, la composición del suelo y la estructura bajo la superficie del polo sur. Este es un territorio prácticamente inexplorado.
Escuchar los “Lunamotos”
El módulo de aterrizaje llevará un sismógrafo para detectar terremotos lunares o “lunamotos”. Esto ayudará a entender la estructura interna y la actividad geológica de la Luna.
Estudiar el ambiente extremo
La misión analizará la radiación, el polvo lunar y las partículas energéticas en esta región. Los datos serán vitales para planificar futuras misiones tripuladas.
Los retos tecnológicos
Operar en el polo sur lunar es un gran reto de ingeniería. El terreno es extremadamente accidentado y la luz del sol siempre es rasante; se crean sombras muy largas y profundas que confunden a las cámaras de navegación.
Chang’e 7 utilizará un sistema autónomo de “navegación por imágenes” para identificar y esquivar los peligros en tiempo real durante el descenso. Así mismo, los paneles solares de los robots capturarán esta luz tenue al máximo para garantizar energía suficiente para operar.
Expectativas
Si funciona como se espera, la misión abrirá la puerta a nuevas formas de explorar terrenos extremos.
La comunicación tampoco será sencilla. El relieve del polo sur lunar puede bloquear la señal directa con la Tierra, así que el orbitador tendrá que actuar como intermediario, haciendo de puente de comunicación para que los datos lleguen sin cortes a los científicos.
Y, por último, está el problema del aterrizaje. Posarse con precisión en una zona llena de pendientes, sombras y obstáculos requiere sistemas de navegación muy avanzados. La nave tendrá que analizar el terreno casi sobre la marcha y tomar decisiones por sí sola, sin esperar instrucciones desde la Tierra, algo clave cuando hay retrasos en las comunicaciones.
Un paso clave hacia la exploración humana
Chang’e 7 no es una misión aislada ni un experimento sin continuidad. Forma parte de un plan mucho más amplio que incluye otras misiones como Chang’e 6 y Chang’e 8, todas ellas pensadas como pasos intermedios hacia un objetivo mayor: mantener presencia humana en la Luna de forma estable.
China ha dejado claro que el polo sur lunar es una región estratégica para sus planes de futuro. Allí podría instalarse, en los próximos años, una estación científica internacional, y lo que se aprenda con Chang’e 7 será clave para tomar decisiones importantes: dónde asentarse, qué tecnología usar y cómo hacerlo de forma segura.
En conjunto, la misión combina ambición con bastante sentido práctico.
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