Los sismólogos confirman la causa principal que desencadenó un brutal terremoto de 7.4 grados en Chile
Varios estudios científicos han relacionado la extracción del petróleo con algún terremoto, pero esa no sería la única causa. Por ejemplo, en el seísmo de magnitud 7,4 que sufrió Chile el 19 de julio de 2024.
Lo especial de ese terremoto, ocurrido cerca de Calama, es que tuvo una intensidad muy superior a lo esperado por su profundidad. Los sismólogos creen que nació a 125 kilómetros bajo tierra.
Ahora, un estudio publicado en la revista Nature Communications ha afirmado que el motivo fue que se propagó por zonas mucho más calientes del interior terrestre hasta superar los límites térmicos, que normalmente frenan este tipo de seísmos.
El terremoto de Chile que desafía las reglas básicas de los sismólogos
Chile se sitúa sobre una de las zonas sísmicas más activas del planeta, donde la placa de Nazca se introduce bajo la placa Sudamericana. Esta dinámica explica por qué sufre tantos terremotos, aunque los más destructivos suelen producirse cerca de la superficie.
El caso de Calama fue diferente. La ruptura se originó a unos 125 kilómetros de profundidad, dentro de la placa oceánica en proceso de hundimiento.
A esas profundidades, el calor y la presión suelen impedir que las rocas se fracturen de forma brusca, por lo que los terremotos intermedios suelen causar movimientos más débiles.
Sin embargo, este terremoto logró propagarse hasta los 170 kilómetros, penetrando en zonas mucho más calientes de lo previsto. Dio igual que fuera tan profundo; provocó daños en edificios y cortes de electricidad, algo poco habitual en este tipo de eventos.
Por qué el terremoto de Chile en 2024 fue tan intenso si empezó a kilómetros de profundidad
Durante décadas, los científicos explicaron los terremotos de profundidad intermedia mediante la deshidratación de ciertos minerales.
Al aumentar la temperatura y la presión, estos minerales liberan agua, lo que debilita las rocas y facilita la fractura. Este mecanismo funciona hasta unos 650 grados centígrados.
El terremoto de Calama superó claramente ese límite térmico. Los análisis sísmicos demostraron que la ruptura continuó en regiones donde las rocas deberían comportarse de forma más dúctil y resistente.
La explicación está en un segundo proceso: el escape térmico por cizalla. Es decir, la fricción extrema durante el deslizamiento generó un calor intenso en la falla. Ese calor debilitó aún más las rocas, lo que permitió que el movimiento se acelerara en lugar de detenerse.
Cuanto mayor era la velocidad de deslizamiento, más calor se producía, y creó un círculo vicioso que impulsó la ruptura hacia zonas cada vez más calientes del interior terrestre.
El seísmo chileno que se propagó de forma anómala y destructiva
Los grandes terremotos suelen producirse por la combinación de varios factores. En el caso del seísmo chileno también fue el caso. Y es que no se propagó de manera uniforme.
La ruptura se desarrolló en varios subeventos consecutivos. Los primeros liberaron poca energía y generaron numerosas réplicas. Los posteriores, en regiones más calientes, concentraron la mayor parte de la energía y apenas dejaron actividad secundaria.
Además, la ruptura avanzó principalmente hacia abajo, siguiendo un plano de falla muy inclinado, en lugar de expandirse de forma lateral. La velocidad media alcanzó los 4,2 kilómetros por segundo, una cifra cercana a la velocidad de las ondas sísmicas y muy poco común en terremotos de esta profundidad.