Al final fue cosa de mala suerte: la ciencia afirma que el meteorito que mató a los dinosaurios es una roca rarísima que casi nunca impacta en la Tierra
Creemos saberlo todo sobre la extinción de los dinosaurios y sus consecuencias, pero al parecer tuvieron más mala suerte de lo que pensábamos. Y es que el asteroide que cayó hace 66 millones de años pertenecía a una clase de roca espacial extremadamente rara.
Al principio los científicos creían que era una simple condrita carbonácea, pero realmente era una condrita CO o de tipo Ornans. Estos meteoritos son extrañísimos y apenas hay restos en la Tierra.
Es decir, este es un detalle más de que la cadena que desembocó en la extinción del 75% de las especies de la Tierra fue una coincidencia particularmente rara.
La prueba científica de que el meteorito que acabó con los dinosaurios era muy raro
Igual que los paleontólogos averiguan nuevos detalles de los dinosaurios con los fósiles, los científicos pueden saber más detalles de su extinción gracias al cráter que dejó el asterioride, Chicxulub.
El problema es que la violencia del choque vaporizó casi por completo la roca y mezcló sus restos con cantidades enormes de materiales arrancados de la superficie terrestre, lo que complicaba cualquier intento de identificarla.
La parte positiva es que una pequeña parte quedó atrapada en la capa geológica que separa el Cretácico del Paleógeno. Esa franja funciona como la marca física de la catástrofe: contiene polvo, residuos del impacto y una concentración anormal de elementos procedentes del espacio.
Con estos sedimentos, los autores del estudio publicado Science Advances pudieron medir los isótopos de níquel presentes en las muestras. La conclusión fue que el meteorito era una condrita CO o de tipo Ornans, particularmente extraña.
Científicos analizan el níquel del meteorito que acabó con los dinosaurios y logran idenficarlo
La base del estudio es que las proporciones entre los diferentes isótopos de níquel varían según el lugar y las condiciones en las que se formó cada cuerpo del sistema solar.
Gracias a ello, pueden utilizarse como una huella dactilar para distinguir familias de meteoritos que, a primera vista, son muy parecidas.
Por ejemplo, al comparar los sedimentos con una colección de meteoritos conocidos, los investigadores encontraron que la firma del límite Cretácico-Paleógeno cuadraba con una mezcla de material terrestre y condrita carbonácea CO.
Es decir, pudieron afinar y comprobar los trabajos anteriores, que ya situaban al asteroide dentro de las condritas carbonáceas, pero no habían resuelto su clase exacta.
Puede parecer un detalle menor, pero estas rocas son especialmente primitivas y proceden de regiones exteriores del sistema solar. Además, contienen menos agua, azufre y otros compuestos volátiles que las condritas CM, otro grupo que había sido propuesto para explicar la composición del objeto de Chicxulub.
No todo el azufre que oscureció la Tierra en la extinción de los dinosaurios vino del espacio
La nueva clasificación también ha obligado a los científicos a matizar cómo se produjo el desastre posterior. Durante años se ha atribuido una parte importante del enfriamiento global al azufre liberado por el propio asteroide, pero una condrita CO no podría haber transportado tanta cantidad.
La explicación más viable es que buena parte del azufre se generara en la Tierra. De hecho, la corteza de la zona de Chicxulub contenía sedimentos capaces de lanzar a la atmósfera polvo, gases y aerosoles cuando fueron pulverizados.
Los escombros finos bloquearon parte de la luz solar, hundieron las temperaturas y frenaron la fotosíntesis, mientras que los incendios, los terremotos y los tsunamis ampliaron la catástrofe.