Hallazgo paleontológico

Bombazo en la paleontología española: encuentran en Teruel el primer diplodocus que se conoce fuera de Norteamérica

primer diplodocus que se conoce fuera de Norteamérica
Huesos originales del Diplodocus de El Castellar expuestos en el Museo Aragonés de Paleontología ubicado en Dinópolis. Foto: Fundación Dinópolis.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Durante estos días España vive un momento histórico para la paleontología mundial. Un equipo de investigadores ha identificado en un yacimiento turolense los restos que confirmarían el primer diplodocus hallado fuera de Norteamérica, un dinosaurio icónico que hasta ahora solo aparecía en formaciones geológicas estadounidenses.

El equipo, formado por especialistas de una institución turolense, ha dedicado años a analizar estos restos antes de confirmar su identificación definitiva. La investigación, ya validada por la comunidad científica global, abre además nuevas preguntas sobre cómo estos colosos llegaron a cruzar el océano que separaba entonces los continentes, en pleno corazón del Jurásico Superior.

Todo lo que hay que saber sobre el primer diplodocus hallado fuera de Norteamérica

Este flamante y reciente hallazgo se produjo en el yacimiento de La Tejería, en el término municipal de El Castellar (Teruel), tras varias campañas de excavación dirigidas por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis.

El estudio en cuestión, publicado en la revista Journal of Vertebrate Paleontology, está firmado por los paleontólogos Sergio Sánchez Fenollosa, Josué García Cobeña y Alberto Cobos, quienes llevan años trabajando sobre estos restos.

Según lo que se señala en la publicación, los restos recuperados consisten en catorce vértebras de la zona media y posterior de la cola, además de varios chevrones, los huesos que se articulan en la parte inferior de las vértebras caudales.

A su vez, y como se anticipaba al principio, el análisis confirma que se trata del primer diplodocus documentado fuera del continente americano, con rasgos que hasta ahora solo se habían descrito en yacimientos de Estados Unidos.

Por su parte, los investigadores han identificado rasgos propios del género en las piezas óseas: amplias cavidades neumáticas en las vértebras, centros vertebrales alargados y chevrones bifurcados.

Estas características, poco frecuentes fuera de los yacimientos norteamericanos, permitieron atribuir el ejemplar a Diplodocus con un alto grado de seguridad. El animal vivió hace unos 150 millones de años, durante el Jurásico Superior, y alcanzaba unos 25 metros de longitud.

¿Cómo llegó el diplodocus a cruzar el Atlántico hace 150 millones de años?

Lo que a muchos aficionados podría interesarles de este hallazgo es la anécdota de cómo llegó este dinosaurio a cruzar el Atlántico. En este sentido, Sánchez Fenollosa explicó que el descubrimiento aporta «pruebas paleontológicas sólidas de episodios de dispersión e intercambio faunístico entre continentes».

Cabe recordar que durante el Jurásico Superior, el océano Atlántico apenas comenzaba a abrirse y era mucho más estrecho que en la actualidad, lo que habría permitido a estos gigantes cruzar de forma ocasional entre Norteamérica y la península ibérica.

Entre tanto, el paleontólogo Francisco Ortega, de la UNED, definió el fósil como «un importante ladrillo más» para entender cómo el proto-Atlántico facilitaba desplazamientos puntuales de dinosaurios entre ambos continentes.

Y hay que señalar aquí que el diplodocus turolense no es un caso aislado: géneros como Allosaurus, Stegosaurus, Ceratosaurus y Torvosaurus también se han documentado tanto en España como en Norteamérica, lo que refuerza la idea de una fauna compartida durante ese periodo.

En esta línea, los expertos apuntan a la existencia de puentes terrestres temporales o cadenas de islas que habrían permitido a determinadas especies de grandes dimensiones desplazarse de forma puntual entre ambas masas continentales.

No se trataría de migraciones masivas, sino de episodios aislados de dispersión que, con el tiempo, dejaron su huella en el registro fósil de ambos lados del Atlántico.

Teruel, el nuevo epicentro mundial de los grandes saurópodos

El director de la Fundación Dinópolis, Alberto Cobos, describió el proceso de identificación como un trabajo apasionante y continuo, en el que las piezas del rompecabezas encajaban poco a poco hasta confirmar la especie.

Algunos expertos consultados por la comunidad científica matizan, eso sí, que el material fósil es fragmentario, aunque suficiente para atribuirlo al género con razonable seguridad.

De esta manera, el yacimiento de La Tejería se suma a una larga lista de descubrimientos que han convertido a Teruel en una referencia mundial del Jurásico. La provincia ya había aportado a la ciencia otros saurópodos propios, como el Turiasaurus y el Losillasaurus, y ahora incorpora a su catálogo uno de los diplodócidos más completos hallados hasta la fecha en Europa.

Siguiendo esa línea, Sánchez Fenollosa subrayó que el hallazgo permite comprender mejor los ecosistemas mesozoicos ibéricos y la diversidad de los dinosaurios saurópodos que poblaron la región durante el Jurásico Superior.

Y para el equipo de Dinópolis, cada campaña de excavación en la comarca turolense sigue deparando sorpresas que obligan a reescribir capítulos enteros de la historia de los grandes dinosaurios.

Por último y no menos importante, cabe señalar que los responsables del proyecto ya preparan nuevas campañas de excavación en La Tejería con el objetivo de recuperar más huesos del mismo ejemplar, como el cráneo o las extremidades, piezas que ayudarían a completar el esqueleto.

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