Los biocientíficos asimilan el impacto: un investigador chileno encuentra en el desierto de Atacama una enzima que puede degradar el plástico
La ciencia chilena suma un nuevo hallazgo con proyección internacional. Un equipo del Centro de Biotecnología y Bioingeniería (CeBiB) de la Universidad de Chile identificó una enzima capaz de romper las cadenas del plástico PET, el material que se usa en botellas, envases y fibras textiles y que figura entre los más difíciles de reciclar del planeta.
El investigador Sebastián Rodríguez lideró el estudio, publicado el 13 de agosto de 2026 en la revista Protein Science. El equipo buscó la molécula entre microorganismos del desierto de Atacama, el lugar más seco del planeta, y la bautizó PETS26b.
Juan Asenjo, director del CeBiB, explicó que los ambientes extremos son una fuente privilegiada de compuestos nuevos, desde antibióticos hasta enzimas, y adelantó que el siguiente objetivo del equipo es Marte.
¿Cómo es posible que una enzima del desierto de Atacama degrade plástico?
Una bacteria aislada en el desierto más seco del mundo no tuvo contacto con el plástico PET, un material que la industria fabrica desde hace apenas un siglo. La explicación está en un fenómeno llamado promiscuidad enzimática. Las enzimas funcionan como tijeras moleculares que encajan en una forma química concreta y rompen sus enlaces.
La estructura del PET contiene uniones tipo éster muy parecidas a las de compuestos naturales que estos microorganismos procesan para sobrevivir, como la biomasa vegetal.
Rodríguez y su equipo analizaron el entorno genómico de PETS26b y encontraron genes vinculados al metabolismo de carbohidratos. La función original de la enzima probablemente es la desacetilación, un proceso que ayuda a la bacteria a digerir restos vegetales en un entorno con escasez de nutrientes. Al toparse con el plástico, la enzima confunde su forma con la de su sustrato habitual y termina fragmentándolo.
El desierto de Atacama, además, exige microorganismos flexibles ante la radiación, la salinidad y los cambios extremos de temperatura, lo que dotó a PETS26b de una ventaja adicional: actúa a bajas temperaturas, algo poco común entre las enzimas que degradan plástico.
Cómo actúa la enzima del desierto de Atacama frente al plástico PET
El hallazgo no salió de un laboratorio tradicional. El equipo del CeBiB secuenció el ADN de muestras de suelo del desierto y generó un metagenoma con miles de millones de datos genéticos. Un análisis bioinformático redujo el universo de posibilidades a 27 enzimas candidatas con similitud estructural a otras degradadoras de PET ya conocidas, como la japonesa IsPETasa.
Los investigadores modelaron la estructura tridimensional de cada candidata y simularon el acoplamiento molecular entre las enzimas y el plástico, un cálculo que estima si la molécula encaja en el sitio activo y si la unión es lo bastante fuerte para romperla. PETS26b obtuvo el mejor resultado y pasó a la fase experimental.
La producción de la proteína se realizó en la levadura Pichia pastoris gracias a la colaboración con la profesora Brigitte Gasser, de la universidad BOKU en Viena. La caracterización avanzada se completó en Dinamarca, con la profesora Anne Meyer, de la Universidad Técnica de Dinamarca, especialista en el efecto de la cristalinidad del plástico sobre su degradación.
Rodríguez resume el alcance del trabajo de manera sencilla: la enzima, o sus derivados, pueden convertirse en una pieza de la economía circular. El equipo del CeBiB busca ahora optimizar la actividad de PETS26b y escalar su producción para uso industrial, un paso que todavía requiere financiación y nuevas colaboraciones internacionales.