De residuo gastronómico a valioso recurso sostenible: Australia usa los posos del café para desarrollar un cemento más resistente
La ciencia lleva años revolucionando los materiales de construcción, pero lo que pocos esperaban es que consiguieran usar los posos del café, un residuo gastronómico, para mejorar el hormigón.
Por increíble que parezca, esto es lo que han conseguido unos científicos australianos al transformar el poso del café en biocarbón mediante pirólisis. Con ello logran un hormigón más resistente y con menor presión sobre los recursos naturales.
El cambio puede revolucionar el sector de la construcción, ya que ataca al mismo tiempo a los residuos orgánicos que acaban en vertederos y ayuda a la demanda de arena fina para fabricar hormigón.
Cómo Australia transforma los posos de café en hormigón más resistente para la construcción
Según el estudio publicado en Journal of Cleaner Production, los posos de café usados pueden dejar de ser un residuo gastronómico y mejorar la resistencia del hormigón si antes pasan por un proceso térmico adecuado.
Obviamente, cuando hablamos de crear un nuevo material no nos referimos a algo tan simple como echar café molido en la mezcla de hormigón. El proceso es algo más complicado.
De hecho, los investigadores comprobaron que los posos sin tratar pueden perjudicar la hidratación del cemento y reducir la resistencia del material.
Por eso el paso fundamental es la pirólisis.
Este proceso calienta los residuos a altas temperaturas y sin oxígeno, hasta convertirlos en un biocarbón más estable y compatible con la matriz del hormigón.
En los ensayos, los posos pirolizados a 350 ºC ofrecieron el resultado más destacado. Al sustituir parte de la arena fina por este biocarbón de café, la resistencia a compresión aumentó un 29,3%.
Australia reduce la dependencia de la arena para crear hormigón gracias al café
Un aspecto que el común de los mortales no tenemos en cuenta al hablar de hormigón es la alta demanda de arena que genera la construcción. Muchas veces debe extraerse de ríos, canteras o entornos costeros.
Si una fracción de esa arena puede reemplazarse por biocarbón obtenido de posos de café, el residuo gana valor y el hormigón reduce parte de su dependencia de recursos vírgenes.
Además, los posos que acaban en vertederos son un residuo orgánico peligroso para el medioambiente. Cuando se descomponen, pueden emitir gases de efecto invernadero, por lo que desviarlos hacia usos industriales abre una vía de economía circular muy interesante.
En todo caso, todavía no podemos hablar del café como una solución mágica a los problemas ecológicos de la construcción. Lo que sí hace es demostrar que un residuo abundante puede ser un componente útil si se procesa de manera adecuada.
Los científicos deben tratar los posos de café antes de usarlos en la construcción
Hay una explicación científica de por qué el café no se puede usar directamente en la construcción y es su carga orgánica. Eso puede ser útil en otros usos, pero dentro del hormigón genera un problema técnico, ya que libera compuestos que interfieren en la reacción del cemento.
Cuando esa reacción se altera, el material pierde capacidad para endurecerse correctamente. Es decir, el residuo gastronómico necesita una transformación previa para dejar de ser un obstáculo y convertirse en un refuerzo.
El biocarbón cambia ese comportamiento porque, al quedar carbonizado y estabilizado, puede integrarse mejor en la mezcla y sustituir una parte de los áridos finos sin repetir los problemas del poso crudo.
No se trata sólo de reciclar por reciclar, sino de encontrar un uso que mantenga o mejore las prestaciones de un material tan exigente como el hormigón.