Reciclaje

Nuevo giro de tuerca en la industria del reciclaje: Suiza usa la IA para identificar 66 tipos de residuos e incrementa un 6% el material recuperado

Industria del reciclaje
Recreación del sistema WasteFlow. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

La industria del reciclaje arrastra un problema conocido: buena parte de los materiales que podrían reaprovecharse terminan mezclados o mal separados, y acaban incinerados o en vertedero. Durante décadas, la solución dependió casi por completo del ojo humano en las cintas de clasificación. Algo curioso para los tiempos que corren. La solución no tardó en aparecer y fue europea.

Una startup suiza salida de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) desarrolló una tecnología que promete cambiar ese escenario. Su sistema ya funciona en plantas reales y los primeros resultados llamaron la atención de todo el sector.

WasteFlow, la inteligencia artificial que promete transformar la industria del reciclaje

WasteFlow es el nombre de la empresa detrás de este sistema. La fundaron en 2023 tres exalumnos de la EPFL: Valentin Ibars, Théophile Agresti y Théo Vitupier, con sede en Ecublens, muy cerca de Lausana.

Su tecnología combina cámaras de alta velocidad con inteligencia artificial para analizar en tiempo real todo lo que circula por la cinta de una planta de clasificación, sin necesidad de tocar físicamente ni un solo objeto.

«Nuestro sistema puede identificar actualmente 66 categorías distintas de residuos, con una precisión de hasta el 98% en algunos plásticos como el PET, el HDPE y el LDPE», explican desde la compañía.

Justamente, ese nivel de detalle es lo que permite recuperar materiales que antes se escapaban del proceso por error humano o por falta de tiempo para revisar cada pieza sobre una cinta que no se detiene nunca.

¿Cómo distingue una máquina 66 tipos de residuos en segundos?

El sistema funciona como un copiloto de la planta. Es decir, no sustituye la maquinaria existente, sino que se instala sobre ella en menos de dos horas y sin obras.

A partir de ahí, procesa el vídeo de las cámaras y clasifica cada objeto según su material, su forma y su estado, algo que hasta ahora dependía casi por completo de operarios humanos mirando la cinta pasar.

Además de identificar residuos, la tecnología estima la masa que pasa por la cinta con un 95% de precisión, detecta objetos peligrosos con un 85% de acierto y anticipa atascos de material antes de que ocurran en el 80% de los casos.

Todo ese análisis se traduce en decisiones operativas: qué separar antes, dónde reforzar la vigilancia y qué maquinaria revisar antes de que falle.

El impacto real, por el momento: 6% más de material recuperado

El dato que da título a este avance es concreto: las plantas que instalan WasteFlow recuperan alrededor de un 6% más de material reciclable, según mediciones de la propia empresa. No parece mucho sobre el papel, pero representa toneladas que antes terminaban en la incineradora.

La compañía calcula además que su sistema puede mejorar la eficiencia operativa de una planta hasta en un 50%, y acercar algunas instalaciones a tasas de reciclaje del 75%.

Para una planta que procesa 5.000 toneladas al año, eso puede traducirse en varios cientos de miles de francos suizos de ingresos adicionales, un argumento que pesa tanto como el ambiental a la hora de convencer a una planta de sumarse.

El respaldo económico detrás de este salto en la industria del reciclaje

WasteFlow ya opera en plantas de Suiza, entre ellas una en Vernier, y ha empezado a expandirse a Francia y España. El equipo, que arrancó como un proyecto universitario, hoy suma trece personas.

El crecimiento vino acompañado de varias rondas de apoyo. Por ejemplo, una beca inicial de 30.000 francos suizos de la propia EPFL y fondos del programa Innosuisse.

Más recientemente, sumó 150.000 francos suizos de Venture Kick. En total, la startup lleva recaudados cerca de 1,5 millones de francos suizos, lo que vendrían a ser unos 1,6 millones de euros al cambio actual.

Podría afirmarse entonces que se trata de un capital modesto frente a otras startups tecnológicas, pero suficiente para financiar su expansión fuera de Suiza.

Sus fundadores resumen su filosofía de trabajo en una frase que explica por qué probaron el sistema en plantas reales desde el primer día: «Los sistemas más inteligentes no se construyen en aislamiento, se crían juntos».

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