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Ultimátum de ERC a JxCAT: «Si no hay acuerdo antes del 1 de mayo, no hay coalición»

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Peré Aragonés, presidente de la Generalitat de Cataluña
Joan Guirado
  • Joan Guirado
  • Barcelona
  • Corresponsal de Gobierno y Casa Real. Siguiendo la actividad del presidente y líder del PSOE, Pedro Sánchez, y del Rey de España. También política catalana.

ERC presiona a JxCAT para acordar la formación de un nuevo Gobierno separatista en la Generalitat. Cuando se cumplen ya dos meses y medio desde las elecciones del pasado 14 de febrero, y prácticamente un mes de la investidura fallida de Pere Aragonès, los republicanos exigen a los de Carles Puigdemont sellar el pacto antes del 1 de mayo. «Si no hay acuerdo, no habrá coalición», aseguran desde ERC.

Y es que los de Aragonès no quieren llegar al 26 de mayo, fecha límite antes de una disolución automática del Parlament, que llevaría a los catalanes de nuevo a las urnas, con una negociación in extremis que no dé respuesta a las necesidades que tiene la región. Antes de eso, dicen en ERC, prefieren aceptar el ofrecimiento de Junts de investirle y que gobierne en solitario -para evitar que el PSC pueda ostentar poder- o incluso volver a las urnas -como quieren algunos en JxCAT, aún sabiendo todo lo que se juegan.

Jordi Sánchez, desde la cárcel, y Elsa Artadi, desde los despachos, no comparten las prisas de ERC y apuestan por dilatar las negociaciones. Es su estrategia, dicen, para lograr un acuerdo más satisfactorio para los intereses de su formación. También de cara a su electorado, muy crítico con los republicanos, dando a entender que no dan su brazo a torcer tan fácilmente. Puigdemont, una de las piedras en el camino del acuerdo, y Laura Borràs, relegada a la presidencia del Parlament, están completamente apartados de la negociación.

Los equipos negociadores de ERC y JxCAT ya hace más de ocho semanas que se reúnen. Y en este tiempo prácticamente no ha habido avances, ni mucho menos, puntos de acuerdo en los temas sustanciales. Las relaciones entre ambas formaciones continúan siendo más bien malas. En privado unos y otros se critican mutuamente y la desconfianza entre los dirigentes es pública y notoria. No hay día que desde ERC o Junts lancen mensajes duros contra sus socios.

Con el papel que debe tener el Consell de la República guardado en un cajón, la estructura del nuevo Govern sin negociar y la respuesta que debe dar la Generalitat a cuestiones como inhabilitaciones o enjuiciamiento de sus cargos lejos del consenso, los equipos negociadores de ERC y JxCAT se centran ahora en alcanzar acuerdos en cuestiones menores que permitan vislumbrar avances. Aunque no son más que falsas esperanzas, como si de agua en el desierto se tratase.

A 34 días exactos para la convocatoria de elecciones anticipadas, que provocarían la segunda cita electoral en un año el 26 de julio, los temas más importantes para alcanzar la formación de un gobierno de coalición independentista no se han empezado a tratar. Si ahora hay tensiones, reconocen desde ambas formaciones, al llegar al reparto de cargos, poder y la hoja de ruta, todo puede romperse definitivamente.

Aunque las reuniones para la formación de un ejecutivo de coalición a día de hoy se celebran de forma bilateral entre ERC y JxCAT nadie olvida que, en esta ecuación, hay una pieza imprescindible que aún no ha dicho su última palabra. Aunque la CUP tiene un preacuerdo con ERC, su negativa a entrar en el Govern y las múltiples diferencias con Junts, pueden provocar que ese documento quede en papel mojado y vuelvan a situarse en contra de la investidura de Aragonès. Nadie da por hecho su apoyo.

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