Ni caricias ni mecerlo: el gesto que hacen muchos padres al acostar al bebé y que está arruinando su sueño
Un simple gesto tras dormir al bebé en brazos que rompe todo su ciclo de sueño
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Dormir al bebé es quizás uno de los momentos más delicados en el cuidado de un bebé, especialmente durante los primeros meses. Por este motivo, una de las soluciones más prácticas que encontramos es la de dormirle en brazos, ya que logramos conseguir que se quede profundamente relajado. Sin embargo, al acostar al bebé en la cuna, todo vuelve a empezar y se despierta. Muchos padres creen que es culpa del llanto, de los gases o incluso de que el bebé es así, pero los pediatras llevan tiempo explicando que hay un gesto muy concreto, muy normal en cualquier casa, que está detrás de esas noches eternas.
No es falta de rutinas, no es que los padres lo estén haciendo mal. Es simplemente que repetimos una acción de forma automática, casi sin pensar, sin saber que ese pequeño detalle puede condicionar todo el sueño nocturno del bebé. Y los especialistas explican un ligero matiz que hace que todo se complique y que muchos padres no entiendan qué hacen mal. Dormir al bebé en brazos puede ser una solución porque además es realmente efectivo, pero el problema aparece cuando el bebé llega dormido completamente a la cuna, tan profundamente dormido que ni se entera de que ha cambiado de lugar. Es algo que parece lógico, porque nadie quiere despertar a un recién nacido cuando por fin se ha quedado tranquilo, pero este gesto tan habitual es justo el que está generando más despertares de los que imaginamos. De hecho, seguro que te ha pasado más de una vez, pero entonces, ¿cuál es la solución?.
El gesto al acostar al bebé que arruina su sueño
Pediatras y expertos en sueño infantil explican que los bebés, incluso los más pequeños, empiezan a crear asociaciones desde muy pronto. No lo hacen de forma consciente, pero su cerebro registra patrones y saben de alguna manera que se está durmiendo en brazos y en contacto con papá o mamá. Cuando esas condiciones desaparecen, el bebé se activa. No porque quiera molestar, sino porque su cerebro entiende que algo no encaja.
Esto se nota sobre todo a mitad de la noche. Los bebés, igual que los adultos, se despiertan varias veces entre ciclos de sueño. Nosotros volvemos a dormirnos sin pensar, pero ellos no. Si al despertarse no encuentran lo mismo que había al dormirse, piden ayuda. Y piden exactamente lo mismo: brazos, pecho, balanceo, contacto. De ahí las noches de idas y venidas, los paseos por el pasillo y la sensación de que nada funciona. Por ello, aquí es donde entra el gesto que recomiendan revisar: acostar al bebé en la cuna estando del todo dormido, cuando debería ser lo contrario. Es decir, que llegue tranquilo y despierto. Que note el cambio de espacio mientras todavía puede procesarlo. Que la cuna forme parte del proceso, no del después.
¿Por qué este cambio marca tanta diferencia?
Porque el bebé empieza a reconocer la cuna como lugar de descanso, no como sitio donde aparece de repente sin saber cómo ha llegado. Esa pequeña transición es lo que les permite, con el tiempo, volver a dormirse solos cuando se despiertan a medianoche.
Pero debes ser consciente de que incluso haciendo esto, es posible que tu bebé se despierte, dado que cada bebé tiene sus ritmos. Algunos lo integran en unos días, otros necesitan más tiempo, y otros no lo aceptarán hasta meses después. Pero la mayoría de pediatras insistirán en que este cambio, repetido con paciencia, reduce de manera real los despertares constantes.
Un gesto que parece funcionar al principio
La parte complicada es que dormir al bebé en brazos funciona. Funciona muy bien a corto plazo ya que calma, tranquiliza, hace que los padres sientan que están resolviendo el problema. Y durante un rato es cierto. Pero esa solución momentánea acaba generando una dependencia sin querer. Una dependencia emocional, sensorial y física que rápidamente se nota cuando al acostar al bebé en su cuna, este vuelve a despertarse y a veces con un llanto fuerte.
Lo que recomiendan los especialistas
En lugar de buscar soluciones drásticas o métodos rígidos, los expertos proponen algo más realista: crear un ritual suave antes de dormir y mantenerlo siempre que se pueda. No hace falta una rutina complicada. Basta con tres o cuatro señales repetidas como luz suave, un rato de calma, sostenerlo en brazos sin llegar a dormirlo, un pequeño balanceo si hace falta, y luego dejarlo en la cuna. Si protesta un poco, se le puede acompañar con voz tranquila o con una mano sobre el pecho. No se trata de dejarlo llorar. Se trata de que entienda que la cuna es un lugar seguro. Que no desaparece el contacto, que no está solo, pero que la forma de dormirse empieza a ser distinta.
En definitiva, mecerlo no es malo. Acariciarlo tampoco. Dar contacto físico es fundamental. El problema no es el gesto, sino cuándo se hace. Si ese contacto continúa hasta que el bebé está en sueño profundo y luego se le deposita en la cuna como si fuese porcelana, el cerebro del bebé interpreta que dormir = brazos. Y entonces la cuna deja de ser parte del proceso. En cambio, si el contacto está presente antes, durante el inicio del sueño, pero el último paso ocurre en la cuna, el bebé comienza a integrar ese espacio como parte natural del descanso.
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