El marroquí que se esconde detrás del infierno de Manacor: «Si no te gusta, coge tus trastos y vete a la puta calle»
Un total de 30 personas, seis habitaciones y hasta 100 euros por cabeza, el negocio perfecto de una casa que se cae a trozos
Hasta 30 personas hacinadas en una vivienda en Mallorca: cortinas como paredes y seis personas durmiendo en el patio

El ciudadano marroquí que estaría detrás de las infraviviendas localizadas en Manacor ya tiene rostro y antecedentes. Según ha podido saber OKBALEARES, se trata de un hombre residente en el municipio que ya habría estado relacionado anteriormente con hechos similares y que ahora vuelve a situarse en el centro de una investigación por las condiciones en las que decenas de compatriotas vivían en uno de los inmuebles bajo su responsabilidad.
La vivienda, que ya fue objeto de una intervención por parte de la Policía Nacional y los organismos competentes del Govern balear, llegó a albergar hasta 30 personas al mismo tiempo. El inmueble se encontraba inacabado, presentaba un importante deterioro y algunas zonas estaban incluso apuntaladas ante el riesgo de desprendimientos.
Pero el nuevo dato que arroja luz sobre el caso es quién se encontraba detrás de aquella vivienda convertida, presuntamente, en un lucrativo negocio basado en aprovechar hasta el último metro disponible.
El supuesto responsable cobraba entre 80 y 100 euros mensuales por persona. Con una treintena de residentes, la cantidad podía alcanzar varios miles de euros al mes por un inmueble que, según las fuentes consultadas, no reunía unas condiciones mínimas de seguridad, salubridad y habitabilidad.
El sistema era sencillo: cuantos más ocupantes, más ingresos. Y para conseguirlo se aprovechaba prácticamente cualquier espacio disponible.
En el interior de la vivienda fueron localizadas seis habitaciones improvisadas, algunas de ellas separadas únicamente por cortinas en lugar de paredes. La falta de espacio obligaba a distribuir a los residentes por diferentes zonas de la finca y hasta un espacio techado situado en el patio llegó a utilizarse para alojar a seis personas.
La vivienda se había convertido así en un auténtico puzle de colchones, cortinas y espacios improvisados, con decenas de personas compartiendo un inmueble que presentaba graves deficiencias. La situación tampoco mejoraba en las zonas comunes. Tres baños tenían que ser compartidos por decenas de personas, mientras que las cocinas presentaban igualmente unas condiciones extremadamente precarias.
Pero, según las fuentes próximas al caso, lo más llamativo no era únicamente el estado de la vivienda, sino la forma en la que se imponían las condiciones a quienes allí residían. Quienes protestaban o mostraban su disconformidad se encontraban, presuntamente, con una respuesta tan contundente como explícita: «Si no te gusta lo que hay, coge tus trastos y vete a la puta calle».
La frase resume el supuesto funcionamiento de un sistema en el que los residentes, pese a pagar cada mes por disponer de un espacio donde vivir, no tendrían capacidad para exigir unas condiciones dignas. La alternativa que se les planteaba era abandonar el inmueble. Todo ello ocurría mientras la vivienda presentaba riesgo de desprendimientos y zonas apuntaladas, según las informaciones recabadas sobre la inspección. En algunos puntos, incluso se habían producido desprendimientos de elementos de la propia estructura.
El inmueble que debía proporcionar un techo a quienes pagaban por él terminaba siendo, de esta manera, una vivienda en condiciones de extrema precariedad. El hecho de que el supuesto responsable sea una persona que, según ha podido saber este medio, cuenta con antecedentes relacionados con hechos similares, añade un nuevo elemento a una investigación que ahora deberá determinar el alcance exacto de sus responsabilidades.
En este caso, detrás de una vivienda que se caía a trozos, de seis habitaciones separadas en algunos casos por simples cortinas y de hasta 30 personas compartiendo tres baños, aparece ahora un nombre: el de un ciudadano marroquí residente en Manacor que ya contaría con antecedentes por hechos similares.
Y una frase que, por sí sola, retrata el ambiente que, según las fuentes consultadas, se respiraba dentro de aquel inmueble: “Si no te gusta, coge tus trastos y vete a la puta calle”.