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El enésimo bulo de Armengol: cinco años esperando la reforma del degradado torrente de Playa de Palma

En 2017 anunció una inversión de dos millones para la reforma de la degradada desembocadura del Torrent des Jueus

El proyecto que iba a ser financiado con la ecotasa no se ha llegado a materializar ni hay fecha prevista para su ejecución

El Govern de Armengol abandona las zonas turísticas maduras tras una millonaria inversión hotelera

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El enésimo bulo del Govern de la socialista Francina Armengol: cinco años esperando la reforma del degradado torrente de Playa de Palma, cuyas obras estaban presupuestadas en más de dos millones de euros, iban a arrancar en el tramo final de la pasada legislatura, en 2018, y cuando enfilamos la recta final de la presente, ni han comenzado ni hay constancia de que se vayan a ejecutar. Todo ello, mientras continúa imparable su degradación, siendo sin lugar a dudas, el principal punto negro de la mayor zona turística de Baleares.

Un proyecto que hasta fue presentado por el actual alcalde socialista, José Hila, cuando ocupaba el cargo de concejal de Urbanismo en el Consistorio palmesano, junto al entonces gerente del desaparecido Consorcio de Playa de Palma, Rafel Company.

Ni hay consorcio, disuelto por falta de compromiso e inversión de las diferentes administraciones en la reconversión de esta zona turística madura, ni perspectiva, ni fecha para obra alguna allí.  Lo que sí continúa igual, es el vergonzoso abandono de la desembocadura de este torrente, situación que comprueban a diario los más de 30.000 turistas que pernoctan en este espacio turístico y sus miles de residentes.

Un lecho hormigonado, agrietado y gris, cuya fisonomía el proyecto iba a cambiar con el objetivo de ser un espacio verde a ambos lados del cauce donde, en estos momentos, hay decenas de pisos okupas en avanzado estado de deterioro, y que complementan el abandono total en el que se encuentra este tramo final del torrente y las calles que lo flanquean.

El plan presentado hace un lustro a bombo y platillo, preveía plantar en la desembocadura vegetación para que circulara agua cristalina reciclada procedente de la depuradora de Sant Jordi, que iba a mejorar, «el bioclima de la zona», según aseguró el propio Company.

Nada menos que 58 especies diferentes de plantas se iban a plantar, y hasta dunas artificiales, facilitando la conexión entre la playa y el bosque, a través de los espacios libres públicos rediseñando la calle donde hay tramos donde hoy da miedo pasar. Todo un bluf porque la balaustrada que se iba a sustituir por una barandilla más diáfana, allí continúa, corroída y cayéndose a trozos, hasta que las obras un día, en fecha aún desconocida, arranquen.

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