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El reloj Crash en alerta: una tormenta solar podría causar colisiones masivas de satélites

Reloj Crash
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Sarah Thiele de la Universidad de Princeton y Samantha M. Lawler de la Universidad de Regina (Canadá) son las responsables del desarrollo del reloj que mide el riesgo de colisiones llamado Crash Clock (Collision Realization And Significant Harm, Realización de Colisión y Daño Significativo). Según sus resultados, publicados en el artículo científico «An Orbital House of Cards: Frequent Megaconstellation Close Conjunctions», sólo tendríamos 2,8 días antes de que ocurriera una colisión grave si dejásemos de controlar nuestros satélites. Este dato ha generado una gran preocupación en la comunidad científica.

«Las simulaciones han demostrado que las órbitas por encima de 600-800 km en LEO (órbita terrestre baja) ya están por encima del umbral de estabilidad a largo plazo para el crecimiento descontrolado de escombros, conocido como KCPS . Sorprendentemente, la principal «capa» de Starlink, situada alrededor de los 550 km de altitud, también se encuentra dentro de este umbral, lo que significa que una única colisión podría tener consecuencias graves a largo plazo. Aunque las cascadas de colisiones pueden tardar décadas o incluso siglos en desarrollarse, un solo choque podría generar un estrés inmediato significativo en el entorno orbital», detallan los autores.

Los científicos, preocupados por el reloj Crash

Las llamadas megaconstelaciones, como la de Starlink, han multiplicado por miles el número de satélites activos en la órbita terrestre baja, que abarca desde los 160 hasta los 2.000 kilómetros de altitud. Según los cálculos del estudio, actualmente se produce un acercamiento de menos de un kilómetro entre objetos en órbita cada 20 segundos.

En caso de una pérdida repentina del control operativo, habría un 30 % de probabilidad de que ocurra una colisión grave entre objetos catalogados en apenas 24 horas. En 2018, el reloj Crash marcaba 121 días. SpaceX informa de que su constelación realizó más de 144.000 maniobras de evasión en seis meses, lo que equivale a 41 maniobras por satélite al año. Los autores señalan: «La única razón por la que no ha ocurrido una colisión importante es la ejecución exitosa y repetida de estas maniobras».

Tormentas solares

La actividad solar supone un riesgo adicional. Tormentas geomagnéticas, como la tormenta de Gannon de mayo de 2024, calientan la atmósfera, aumentando la resistencia sobre los satélites y alterando su posición orbital. Durante aquel evento, más de la mitad de los satélites en LEO tuvieron que maniobrar, muchas veces de forma improvisada. Una sola maniobra puede generar un error de hasta 40 kilómetro durante varios días.

«Un período inferior a tres días ya es motivo de preocupación, porque grandes tormentas solares, como la Gannon de mayo de 2024, pueden afectar durante varios días a los satélites. Durante esa tormenta, más de la mitad de todos los satélites (principalmente Starlink) tuvieron que maniobrar para evitar colisiones debido al aumento de la resistencia atmosférica. Tormentas históricas, como el Evento Carrington de 1859, fueron incluso más intensas y durarían varios días, lo que muestra que el riesgo persiste», alertan los autores.

Una colisión en la órbita baja no implica solo la destrucción de dos objetos. A esa altitud y velocidad (más de 28.000 km/h), cualquier impacto genera miles de fragmentos que pueden chocar con otros objetos, un efecto conocido como síndrome de Kessler, que podría bloquear el acceso al espacio durante generaciones. «Una colisión grave es más parecida al desastre del Exxon Valdez que a un final de película de ciencia ficción».

La urgencia de actuar

La expansión de constelaciones satelitales, como Starlink y otros proyectos similares, está saturando la órbita baja de la Tierra con satélites que dejan estelas luminosas visibles tanto para telescopios terrestres como espaciales.

Estos satélites, diseñados para ampliar la conectividad global, generan una luz intensa que interfiere con las imágenes astronómicas, arruinando muchas observaciones esenciales. La NASA indica que estos objetos reflejan la luz solar y emiten señales que pueden confundir a los telescopios, que ahora deben filtrar un volumen sin precedentes de interferencias no deseadas.

Los astrónomos y científicos espaciales se enfrentan a un problema fundamental: ¿cómo estudiar la profundidad del cosmos si el cielo está lleno de interferencias? Cada imagen perdida frena el avance de la investigación científica, dificultando el descubrimiento de nuevos planetas, el estudio de fenómenos cósmicos y la comprensión del universo.

Además de los problemas visuales, la proliferación de satélites plantea un riesgo para la seguridad de la Tierra. La contaminación lumínica y la interferencia de radiofrecuencia complican la detección de objetos cercanos a nuestro planeta (NEOs, por sus siglas en inglés), como asteroides y cometas. Algunos podrían representar una amenaza real, pero corren el riesgo de pasar desapercibidos debido al ruido creado por los satélites. La vigilancia espacial es crucial para prevenir impactos potencialmente devastadores.

Por ello, la NASA ha hecho un llamado a gobiernos y empresas para que regulen y limiten la cantidad de satélites en órbita baja. Se necesita un enfoque global que combine desarrollo tecnológico con preservación del cielo nocturno y la investigación científica.

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