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La cueva subacuática más larga del mundo está en Burgos: mide 13 km y la llaman ‘el Everest del espeleobuceo’

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Pozo Azul en Burgos. Foto: Wikimedia Commons / Dominio público /Dhoca73
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

En el pequeño pueblo burgalés de Covanera se esconde uno de los mayores tesoros naturales de España. Bajo las aguas cristalinas del río Rudrón se encuentra el Pozo Azul, una surgencia kárstica que alberga la cueva subacuática explorada más larga del mundo.

Este enclave se ha convertido en un referente internacional para la espeleología y el buceo técnico. Cada año atrae a especialistas llegados de distintos países con un mismo objetivo: seguir explorando un sistema de galerías que todavía guarda muchos secretos bajo tierra.

Pozo Azul de Covanera: la cueva subacuática más larga del mundo

El gran atractivo del Pozo Azul está bajo la superficie. Las últimas exploraciones han permitido cartografiar cerca de 14 kilómetros de galerías inundadas, una cifra que lo sitúa como el sistema subacuático explorado más largo del planeta.

Además, según las estimaciones geológicas recogidas por Turismo Burgos, la red podría prolongarse hasta 20 kilómetros más, por lo que las expediciones continúan cada temporada.

Recorrer este laberinto inundado está reservado a buceadores con una preparación excepcional. El acceso comienza con un primer sifón de unos 700 metros de longitud y 20 metros de profundidad.

Tras superarlo, los equipos alcanzan la galería conocida como «La Burbuja», antes de afrontar el segundo sifón, el tramo más exigente de toda la cavidad.

Este conducto se extiende durante 5,1 kilómetros y alcanza los 71 metros de profundidad. Para avanzar con seguridad, los buceadores siguen un cabo guía fijado a la roca, imprescindible para orientarse en un entorno donde cualquier error puede resultar fatal.

Cómo se formó el Pozo Azul y por qué sus aguas tienen ese color

El Pozo Azul se encuentra en el anticlinal cretácico de Sedano y actúa como el principal punto de salida de los acuíferos que recorren los páramos calizos de la comarca.

Su característico color azul intenso tiene una explicación científica. La pureza del agua favorece la dispersión de la luz solar, resaltando las longitudes de onda azules y creando ese tono tan llamativo que da nombre al lugar.

Sin embargo, su belleza contrasta con las duras condiciones del interior. La temperatura del agua se mantiene entre los 9 y los 11 grados durante todo el año, por lo que las inmersiones requieren equipos térmicos especializados.

A ello se suma que algunas galerías se sitúan hasta 300 metros bajo la superficie, lo que incrementa la presión y la dificultad técnica de las expediciones.

En este trabajo también desempeñan un papel clave los especialistas del Grupo Espeleológico Edelweiss, encargados de estudiar la geología de la cavidad para facilitar nuevas exploraciones.

La historia de las expediciones que han convertido al Pozo Azul de Burgos en un referente mundial

La exploración del Pozo Azul comenzó en 1964 gracias a los hermanos Joaquín y Pedro Plana, miembros del Grupo Espeleológico Edelweiss.

Décadas después, Jason Mallinson dio un impulso decisivo a las investigaciones, ampliando el conocimiento de las galerías junto a especialistas como los australianos Richard Harris y Craig Challen.

Uno de los descubrimientos más importantes fue la galería G2, conocida como Tipperary. Tiene unos 500 metros de longitud y constituye el único gran tramo seco localizado hasta ahora dentro del sistema.

Su pendiente ascendente ha llevado a los investigadores a buscar una posible entrada desde la superficie que permita acceder sin atravesar los largos sifones, aunque hasta la fecha no ha sido localizada.

El Pozo Azul también forma parte de la tradición popular de Covanera. Una de las leyendas más conocidas, recogida por el médico Misael Bañuelos en 1944, cuenta la historia del pastor José y su romance imposible con una dama de la corte de Isabel II.

Los vecinos aseguran que, cuando el viento sopla entre las peñas, todavía pueden escucharse los ecos de aquel amor perdido en las profundidades del pozo.

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