Reflexión

Teresa de Calcuta, premio Nobel de la Paz, con una eterna lección de vida: «A veces sentimos que lo que hacemos es solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota»

Teresa de Calcuta
Santa Teresa de Calcuta. Foto: John Mathew Smith en Wikimedia Commons.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Hay frases que nacen para responder a una pregunta concreta y terminan sirviendo para muchas otras. Eso le ocurrió a una de las reflexiones más conocidas de Teresa de Calcuta, la religiosa que dedicó su vida a los pobres de la India y que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1979.

La pronunció ante quienes ponían en duda el sentido de su trabajo, y desde entonces se repite en libros, homilías y redes sociales. Su fuerza tiene mucho que ver con la vida de quien la dijo y con la escala del problema al que se enfrentaba Teresa de Calcuta cada mañana.

Ahondando en la sabia lección de Teresa de Calcuta sobre la gota y el mar

La cita completa dice: «A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota». Así respondía la religiosa a quienes le preguntaban qué sentido tenía entregar la vida a los más pobres en una ciudad con miles de personas en la calle.

Y ojo aquí, que la frase no niega la desproporción. Esta admite que el esfuerzo individual es pequeño frente al tamaño de la pobreza, pero cambia la forma de medirlo. Lo importante no es cuánto se resuelve, sino lo que dejaría de existir si ese esfuerzo no se hiciera.

Desde luego, ella claramente sabía que no iba a cambiar la realidad de un país entero. Lo que sí podía hacer era atender a las personas concretas que se encontraba por la calle cada día. Esa era, para ella, la única escala posible.

¿Por qué Teresa de Calcuta recibió un Nobel de la Paz?

Para responder a esto, hay que ir directamente a su biografía completa. Nació como Agnes Gonxha Bojaxhiu el 26 de agosto de 1910 en Skopje, actual capital de Macedonia del Norte, en una familia católica de origen albanés. A los 18 años ingresó en la congregación de Loreto, en Dublín, y poco después fue enviada a la India, donde tomó el nombre de Teresa.

Durante casi dos décadas fue profesora en el colegio St. Mary’s de Calcuta. La pobreza que veía al otro lado de los muros la llevó a pedir permiso para dejar la orden y vivir entre los más necesitados. En 1948 salió sola a los barrios más pobres de la ciudad, y en 1950 fundó las Misioneras de la Caridad.

Entre sus primeras obras estuvo Nirmal Hriday, una casa para moribundos en Calcuta donde se acogía a personas que no tenían adónde ir para morir. Su criterio era sencillo: la necesidad, no la fe, decidía a quién se atendía.

Cuando recibió el Nobel de la Paz, pidió que se suspendiera el banquete en su honor y que ese dinero se destinara a los pobres. Murió el 5 de septiembre de 1997 y el papa Francisco la canonizó el 4 de septiembre de 2016.

¿Por qué a veces nos cuesta tanto creer que un gesto pequeño importa?

La frase de la gota toca una sensación muy común: la de que los esfuerzos propios no sirven de nada frente a problemas enormes. Ocurre con la pobreza, pero también con el medio ambiente, con el voluntariado o con algo tan cotidiano como ayudar a un vecino.

Y claro, esa impresión suele llevar a no hacer nada. Si el resultado no se ve, el gesto parece inútil. La respuesta de Teresa de Calcuta va en dirección contraria: el valor de una acción no depende de que se note, sino de que alguien la reciba.

En este sentido, el refranero español recoge la misma idea con otras palabras:

  • «Poco a poco se hace mucho».
  • «Gota a gota, la mar se agota».
  • «Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero».

¿Y qué cambia cuando alguien decide ser esa gota?

La propia trayectoria de la religiosa es el mejor ejemplo de su frase. Empezó con un gesto individual, sin apoyo institucional, en una de las ciudades más pobres del mundo. Lo que vino después fue la suma de muchos otros gestos parecidos.

En pocos años se le unieron otras mujeres, muchas de ellas antiguas alumnas. En 1965, el papa Pablo VI reconoció la congregación, que empezó a abrir casas fuera de la India. Teresa de Calcuta llegó a mediar en 1982 durante la guerra del Líbano para evacuar a niños atrapados en un hospital de Beirut.

Cuando murió, la obra que había empezado sola en un barrio de Calcuta contaba con más de 500 centros rerpartidos entre más de 100 países.

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