¿Qué velocidad debe alcanzar un avión para despegar y poder ascender?

Desde la incorporación de los motores a reacción hasta el desarrollo de las cabinas presurizadas, cada avance tecnológico ha permitido a los aviones alcanzar mayores velocidades y volar a altitudes cada vez más elevadas. Durante los primeros años de la aviación comercial, los vuelos dependían principalmente de aeronaves propulsadas por hélices, mucho más lentas. La llegada de los motores a reacción, especialmente a partir de la década de 1950, supuso un importante salto tecnológico.
La velocidad de los aviones suele medirse en nudos, una unidad tradicionalmente utilizada en la aviación y la navegación. Un nudo equivale a una milla náutica por hora, es decir, aproximadamente 1,852 kilómetros por hora. Su uso facilita la comunicación entre pilotos, controladores aéreos y otros profesionales.
La velocidad a la que despega un avión
Un avión no despega en cuanto comienza a recorrer la pista, ya que necesita alcanzar una velocidad suficiente para que las alas puedan generar el soporte necesario y elevar la aeronave. Esta velocidad varía en función de diferentes factores, como el peso del avión (incluidos el combustible, el equipaje, las mercancías y los pasajeros), la densidad del aire, la configuración de las alas y las condiciones de la pista.
En los aviones comerciales, la velocidad necesaria para iniciar el despegue suele situarse aproximadamente entre los 250 y los 290 kilómetros por hora, aunque puede variar considerablemente según el modelo y las circunstancias de cada operación.
Siempre que sea posible, los despegues deben realizarse contra el viento, ya que esta maniobra permite reducir la distancia necesaria para que el avión alcance la velocidad de despegue. Además, disminuye el efecto de deriva y facilita el control direccional de la aeronave, especialmente durante los primeros metros de la carrera por la pista. Otra ventaja es que permite superar los obstáculos situados en la trayectoria con mayor margen, al requerir una carrera de despegue más corta y favorecer un ángulo de ascenso más pronunciado.
La maniobra de despegue se desarrolla a través de diferentes fases y velocidades hasta alcanzar un ascenso seguro. Entre las principales se encuentran la V1, que marca la velocidad de decisión a partir de la cual, ante determinadas situaciones, ya no resulta recomendable interrumpir el despegue; la VR, conocida como velocidad de rotación, a partir de la cual el piloto eleva el morro del avión para iniciar el despegue; la Vx, que corresponde a la velocidad que permite obtener el mejor ángulo de ascenso, es decir, ganar la mayor altitud posible en la menor distancia horizontal; y la Vy, que representa la velocidad de mejor régimen de ascenso, con la que se consigue la mayor ganancia de altitud en el menor tiempo posible.
Una vez en el aire y alcanzada la altitud prevista, la velocidad de crucero oscila entre los 850 y los 950 kilómetros por hora, en función del modelo de aeronave, la altitud, el peso y las condiciones atmosféricas, entre otros factores. Durante la fase de aproximación y aterrizaje, la aeronave comienza a reducir progresivamente su velocidad mientras desciende hacia la pista. En los aviones comerciales, la velocidad en el momento de tomar tierra se encuentra a aproximadamente 250 kilómetros por hora.
China prepara una aeronave supersónica
China está trabajando en el TMS-10, un demostrador tecnológico concebido para investigar una nueva generación de aeronaves capaces de desplazarse a velocidades muy superiores a las de los aviones comerciales actuales y, al mismo tiempo, reducir el impacto del estampido sónico. El proyecto está impulsado por el Laboratorio Tianmushan en colaboración con la Universidad de Beihang y cuenta con respaldo estatal.
«El desarrollo del avión de pasajeros supersónico de próxima generación se encuentra actualmente en la etapa de investigación preliminar, evaluación de conceptos y validación de tecnología, con trabajos en curso que sientan las bases para el desarrollo de ingeniería futuro», según declaró Wang Ya’nan, editor jefe de la revista Aerospace Knowledge, con sede en Pekín, al Global Times.
Sin embargo, «trasladar esta tecnología a la aviación civil plantea desafíos muy diferentes. Un avión de pasajeros es considerablemente más grande que un caza, por lo que necesita una estructura reforzada y materiales capaces de soportar las altas temperaturas que se generan al volar a velocidades supersónicas».
Según informa la cadena de televisión CCTV, un avión de estas características podría llegar a cubrir la distancia entre Pekín y Shanghái, de cerca de 1.000 kilómetros, en aproximadamente media hora, frente a las cerca de dos horas que requiere actualmente un vuelo convencional.
El 30 de junio de 2025, un demostrador a escala 1:18 del diseño del TMS-10 realizó su primer vuelo de baja velocidad en el aeropuerto de Dingzhou, en la provincia china de Hebei. Durante aquella prueba alcanzó una velocidad inferior a Mach 0,2. Según explicó el Laboratorio Tianmushan, el ensayo permitió comprobar diferentes aspectos fundamentales del comportamiento de la aeronave a baja velocidad, entre ellos las maniobras de despegue y aterrizaje, así como su estabilidad y capacidad de control.