Los AirPods, el meme que Apple convirtió en el negocio de auriculares más grande de la historia
Ya han pasado 10 años de su presentación
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Hoy se cumplen diez años de la presentación de los AirPods, el 7 de septiembre de 2016, aunque no llegaron a las tiendas hasta mediados de diciembre de ese año. Se anunciaron en la misma keynote que el iPhone 7 y durante meses fueron el chiste favorito de internet, unos auriculares blancos que no lo parecían. Diez años después los llevo puestos mientras escribo esto y no recuerdo la última vez que usé unos auriculares con cable por elección propia.
Esa distancia, del ridículo al hábito automático, es la parte más curiosa de la historia de los AirPods. En este tiempo han pasado de ser el ejemplo perfecto del producto que nadie había pedido a cambiar cómo escuchamos música fuera de casa y cómo hablamos por teléfono en plena calle sin que nadie se dé la vuelta a mirar.
De mirarlos de reojo a las colas en las Apple Store
Cuando Apple los enseñó por primera vez costaban 159 dólares y llegaban sin fecha de venta confirmada. En octubre de ese año, la propia compañía reconoció que necesitaba más tiempo porque «no creemos en enviar un producto antes de que esté listo», según explicó entonces a la prensa estadounidense. El retraso alimentó todavía más las burlas que ya circulaban por redes desde la presentación.
Los memes de esos meses son parte de internet, gente comparando los AirPods con los recambios de los cepillos de dientes, Twitter generando respuestas disparatas… Vamos, una gram campaña de marketing a coste cero y de alcance mundial.
Just got those new AirPods. pic.twitter.com/hbvr3HpLaI
— Dr. Sheldon Cooper (@TheRealSheldonC) September 8, 2016
Diez años después, la consultora Counterpoint Research estima que la facturación acumulada de toda la gama AirPods superará los 100.000 millones de dólares durante este 2026. Actualmente, la línea se ha ido ramificando en AirPods, AirPods Pro y AirPods Max, con cancelación de ruido, funciones de salud auditiva añadidas por software en 2024 y, más recientemente, traducción en directo integrada con Apple Intelligence.
Lo que en 2016 delataba a alguien que se había gastado de más en un capricho de Apple, se convirtió en poco tiempo en el accesorio más reconocible del mercado, hasta el punto de que hoy «AirPods» funciona casi como sinónimo genérico de auriculares inalámbricos, algo parecido a lo que pasó con el celo o el táper.
La música dejó de colgar de un cable
Antes de los AirPods, escuchar música fuera de casa implicaba enredos de cable, conectores que se enganchaban en la cremallera del abrigo y el ritual de desenredar los auriculares en cada bolsillo. Eso desapareció casi de golpe para millones de personas, y lo hizo justo cuando el consumo de pódcast empezaba a crecer con fuerza como hábito diario.
No fue casualidad del todo. Unos auriculares que se ponen y se quitan sin pensar, que detectan solos cuando te los sacas del oído y pausan la reproducción, encajaban perfectamente con un formato pensado para escucharse en cualquier hueco del día, caminando, en el metro o haciendo la compra. Apple no inventó el pódcast, pero sí eliminó buena parte de la fricción que separaba a la gente de escucharlo constantemente.

El resto de la industria copió la fórmula casi de inmediato. Samsung, Sony, Xiaomi y decenas de marcas chinas lanzaron sus propias versiones del mismo concepto, dos auriculares sueltos con estuche de carga, hasta convertir el «true wireless» en la categoría dominante del audio personal. Los AirPods no fueron los primeros auriculares sin cable del mercado, pero sí los que definieron cómo tenía que verse y comportarse esa categoría para que la gente corriente los comprara.
Hablar solo por la calle dejó de ser cosa de locos
El otro cambio de costumbre es menos evidente porque ya lo hemos normalizado del todo. Antes de los AirPods, ver a alguien hablando solo por la calle, gesticulando y respondiendo preguntas al aire, generaba miradas de reojo. Con el auricular Bluetooth clásico ya existía cierta tolerancia, pero seguía siendo un gesto minoritario, casi de ejecutivo con manos libres.
Los AirPods, apoyados en Siri y en un micrófono que funciona razonablemente bien en la calle, generalizaron esa escena hasta volverla invisible. Hoy nadie se extraña de cruzarse con alguien manteniendo una conversación completa sin sujetar ningún teléfono ni mover los labios de forma exagerada, y esa naturalidad ha cambiado también cómo gestionamos las llamadas mientras hacemos otras cosas, cocinar, hacer deporte o simplemente andar por la ciudad con las manos libres.

Diez años después, así siguen los AirPods
Después de una década usándolos, mi valoración es más templada que el relato de éxito que cuenta Apple en sus propios eventos. Los AirPods resolvieron un problema real y lo hicieron con una comodidad que la competencia ha tardado años en igualar, pero también arrastran defectos que el marketing obviamente no cuenta.
La batería no se puede sustituir en casa, así que un AirPod con pocos años acaba aguantando media hora de música antes de pedir el estuche. Son fáciles de perder, cuestan caros de reponer sueltos y generan una dependencia cómoda del ecosistema de Apple que hace más difícil cambiar de móvil sin perder funciones como la detección automática o el cambio de dispositivo.
Dicho esto, sigo sin echar de menos los cables. Ese es probablemente el resumen más honesto de estos diez años, un producto ridiculizado en su presentación que terminó cambiando un gesto cotidiano tan pequeño como ponerse los auriculares, y que por el camino se llevó por delante buena parte de la industria del audio tal y como se entendía hasta 2016.