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El reloj atómico más preciso de la historia nace en Singapur, y su creador cree que nadie podrá superarlo

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Fuente: www.cqt.sg
Nacho Grosso
  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Un equipo del Centre for Quantum Technologies (CQT), adscrito a la Universidad Nacional de Singapur, ha construido el reloj atómico más preciso jamás medido. El hallazgo, liderado por el profesor Murray Barrett, se publicó el 23 de septiembre de 2026 en la revista Nature y bate el récord que hasta ahora ostentaban los relojes basados en iterbio, estroncio y aluminio.

Un ion que no se despista bajo ninguna condición

El reloj usa un único ion de lutecio-176, cuya transición atómica se sincroniza con un láser de 848 nanómetros. El CQT es, según sus propios investigadores, el único grupo del mundo que trabaja con este elemento para medir el tiempo. No solo hay que hablar de precisión, sino de estabilidad. La transición que marca cada «tictac» del reloj apenas se ve afectada por cambios de temperatura o de campo magnético, algo que sí penaliza a otros elementos usados en relojes ópticos.

El instrumento mantendría su exactitud tanto en un entorno tan extremo como el desierto del Valle de la Muerte como en la meseta antártica. Para un reloj pensado para servir de referencia mundial, esa resistencia a las condiciones externas tienen tanta importancia como la propia precisión.

La cifra que marca el nuevo límite

El equipo ha medido la frecuencia del reloj con una incertidumbre de 1 × 10⁻¹⁹, la cifra más baja jamás reportada para un reloj atómico óptico.  Cuando compararon dos relojes de lutecio entre sí durante 200 horas mediante una técnica llamada espectroscopia de correlación, la incertidumbre conjunta bajó hasta 5,7 × 10⁻¹⁹, la comparación más precisa lograda nunca entre dos relojes. Dicho de otro modo, un reloj así tardaría del orden de 300.000 millones de años en desviarse un solo segundo, muchas veces la edad del universo.

Por qué cinco milímetros de altura ya cambian el paso del tiempo

Uno de los detalles más llamativos del estudio es que el reloj es capaz de detectar diferencias de altura de apenas 5 milímetros entre dos puntos de la misma mesa de laboratorio. No es un truco de laboratorio sin más aplicación, sino una consecuencia directa de la relatividad general, que predice que el tiempo transcurre de forma distinta según la intensidad del campo gravitatorio del punto donde se mide.

Esa sensibilidad abre la puerta a usar redes de relojes atómicos para vigilar cambios diminutos en el campo gravitatorio terrestre, útiles por ejemplo para detectar movimientos del terreno o variaciones asociadas al deshielo, un campo que los físicos llaman geodesia relativista.

La carrera mundial para redefinir el segundo

Actualmente, el segundo se define a partir de 9.192.631.770 oscilaciones de un átomo de cesio-133, un estándar fijado hace décadas. Distintos organismos internacionales de metrología estudian sustituir esa definición por una basada en relojes ópticos como este, con una decisión que podría llegar en 2030 o después.

El de Singapur no es el único candidato. A principios de 2026, un equipo de la Academia China de Ciencias ya había logrado una incertidumbre de 4,4 × 10⁻¹⁹ con un reloj de iones de calcio, casi cuatro veces peor que la cifra ahora anunciada por el CQT. La comparación deja al lutecio, de momento, como referencia a batir.

Barrett no esconde su confianza en el trabajo de su equipo. «Estoy convencido de que lo que tenemos ahora es el reloj más preciso del mundo», ha declarado, y ha ido más allá al asegurar que no ve cómo este instrumento podría ser superado en el futuro.

Del laboratorio a un reloj que se pueda transportar

El siguiente objetivo del equipo no es ganar más de 19 decimales, sino sacar el reloj del laboratorio. Barrett y su grupo trabajan ya en miniaturizar el sistema para convertirlo en un dispositivo transportable sin que pierda exactitud, un paso imprescindible si algún día estos relojes quieren usarse fuera de un entorno controlado, ya sea para navegación de alta precisión, pruebas de física fundamental o el propio proyecto de redefinir el segundo.

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