Una turbina submarina de 50 metros con el centro vacío: toda su electricidad sale de dos generadores en las puntas
Un laboratorio del Departamento de Energía de EEUU ha simulado su diseño y una maqueta a escala 1:10 ya generó electricidad en el mar junto a Texel.
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Cualquiera que se haya fijado en una turbina eólica sabe dónde está el truco. Justo detrás de las palas hay una caja enorme con engranajes y un generador. La empresa neerlandesa Equinox Ocean Turbines ha decidido vaciar ese hueco en su turbina para corrientes marinas, que en el centro solo lleva un rodamiento.
¿Y de dónde sale entonces la electricidad? De dos turbinas pequeñas colocadas en los extremos de las palas. Un laboratorio federal de Estados Unidos ha simulado el agua alrededor de este diseño, y a finales de agosto de 2026 la compañía anunció que una maqueta ya ha generado electricidad en el mar.
Dos turbinas donde el agua corre más
El diseño, llamado Mobula, tiene un rotor principal de dos palas y 50 metros de diámetro que gira despacio empujado por la corriente. Ese rotor es pasivo, o sea, no produce energía por sí mismo. Solo arrastra a dos turbinas mucho más pequeñas, una en cada punta.
¿Por qué ahí? Porque la punta de una pala grande va mucho más deprisa que su centro, igual que el borde de un tiovivo recorre más camino que el eje en cada vuelta. Allí el agua llega muy rápida y las turbinas giran deprisa y con poca fuerza, justo lo que le conviene a un generador.
Según el informe técnico, el rotor grande casi no soporta el esfuerzo de giro que en una turbina clásica obliga a montar ejes gruesos y multiplicadoras. Vamos, que se ahorra la pieza más delicada. La máquina completa irá semisumergida y sujeta al fondo por un único punto de amarre.
Lo que vio el laboratorio de Colorado
Para comprobar la idea sobre el papel, Equinox acudió a TEAMER, un programa del Gobierno estadounidense que abre sus laboratorios a las empresas de energía marina casi gratis. El encargo recayó en el Laboratorio Nacional de las Montañas Rocosas (NLR), el antiguo NREL, con sede en Golden (Colorado).
Los investigadores Hannah Ross y Will Wiley, junto a Pieter de Haas, director ejecutivo y técnico de Equinox, usaron dinámica de fluidos computacional. Es una técnica que divide el agua en millones de celdas diminutas y calcula cómo se mueve cada una. Para la máquina completa emplearon más de 20,5 millones de celdas.
El hallazgo clave está en el remolino que suelta la punta de la pala grande. Ese torbellino y la estela del rotor principal alteran el agua que llega a las turbinas pequeñas y provocan cargas irregulares. Le pasa lo mismo a un ciclista que va a rueda de otro, que recibe un aire muy distinto al del que abre camino.
También buscaron un atajo. Probaron 2.700 combinaciones de ajustes en un modelo más ligero hasta quedarse con unas pocas. De hecho, las conclusiones de estas simulaciones indican que un cálculo sencillo, alimentado con datos del rotor grande, predice bastante bien el rendimiento de las turbinas de las puntas.
Primera prueba en el mar
Tocaba mojarse. Equinox probó el Mobula 5, una versión diez veces más pequeña, en el Marsdiep, el estrecho junto a la isla neerlandesa de Texel. Según la nota de InnoEnergy, el fondo europeo que respalda a la empresa, el prototipo se sumergió y salió a flote de forma controlada, arrancó y paró el rotor y generó electricidad.
Con eso alcanzó el nivel 6 de madurez tecnológica, en una escala del 1 al 9, que equivale a demostrar un prototipo en condiciones reales. «Las pruebas en mar abierto confirmaron aspectos clave del diseño y del rendimiento del sistema», resumió De Haas. Eso sí, es una maqueta, no una central.
Rumbo a la corriente del Golfo
El calendario de la empresa prevé un demostrador intermedio, el Mobula 25, en 2028, y la turbina comercial de 50 metros y 2 megavatios en 2030. Su destino son corrientes oceánicas que fluyen siempre en la misma dirección, como la de Kuroshio en Japón, la de Agulhas en Sudáfrica o la del Golfo frente a Estados Unidos.
Según la agencia oceánica estadounidense NOAA, la corriente del Golfo avanza a una media de 6,4 kilómetros por hora y cerca de la superficie roza los 9. ¿Hay energía de sobra? Un estudio sobre el estrecho de Florida calculó que unas 5.000 turbinas podrían sacar más de 5 gigavatios, aunque los límites prácticos y ambientales rebajarían esa cifra.
La gracia frente al sol o al viento es que el mar no descansa de noche, algo que comparte con la energía geotérmica. La compañía aspira a producir por debajo de 50 euros el megavatio hora. Si lo logra a escala real, todavía está por ver.
El informe técnico del laboratorio se ha publicado en el repositorio de energía marina del Departamento de Energía.
Crédito de la imagen: Drnoble (Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0).