Los expertos ya saben cómo va a ser el verano y no pinta bien: riesgo muy alto de olas de calor


El verano de 2025 se perfila como una temporada cargada de cambios meteorológicos. A medida que nos acercamos a la llegada del calor, las primeras previsiones comienzan a mostrar algunas sorpresas: un inicio de verano lluvioso y más fresco, seguido por una intensa ola de calor que podría dominar los meses más cálidos. Aunque aún falta tiempo para que el clima definitivo se estabilice, las proyecciones actuales nos dan una idea de lo que podríamos esperar. Durante las primeras semanas, es probable que Europa occidental y noroccidental experimenten un inicio de temporada con lluvias y temperaturas más bajas de lo esperado. Esto se debe a un patrón de bajas presiones que se instalará sobre estas regiones, trayendo consigo un flujo de aire húmedo desde el Mediterráneo.
En contraste, el sudeste del continente podría gozar de condiciones más secas y soleadas debido a la influencia de un sistema de altas presiones que se extendería desde el este. Sin embargo, lo que realmente marcará la diferencia serán los meses centrales del verano, especialmente julio y agosto, cuando las altas temperaturas y las olas de calor serán las protagonistas. La previsión indica que a medida que avanzamos hacia el verano, las condiciones cambiarán, estableciéndose un patrón anticiclónico sobre el centro y el norte de Europa. Este patrón favorecerá la llegada de aire cálido, lo que elevará las temperaturas por encima de lo habitual para esta época del año.
Así será el verano de 2025
Junio podría empezar con un panorama inestable. Las previsiones apuntan a que el aire húmedo del Mediterráneo llegará a la Europa occidental y noroccidental, lo que podría generar lluvias intensas en países como España, Francia, Italia y el Reino Unido. Aunque las lluvias no afectarán todo el continente por igual, el patrón de bajas presiones traerá consigo un aumento en la humedad y el riesgo de tormentas locales.
Mientras tanto, en el sudeste de Europa, como en Grecia y los Balcanes, las altas presiones dominantes crearán condiciones más secas y soleadas, lo que podría hacer que este inicio de verano sea más cálido en esas regiones. A pesar de estas lluvias y el aire más fresco, junio aún será un mes de transición, ya que las temperaturas seguirán siendo moderadas en muchas partes del continente.
Para el mes de julio, las previsiones apuntan a un cambio drástico en el panorama meteorológico. Un anticiclón más persistente se establecería sobre el centro y el norte de Europa, lo que permitiría que las altas presiones favorezcan el ascenso de las temperaturas. Los países más afectados por estas olas de calor serán Francia, España, Italia y Alemania, donde se prevé que las temperaturas superen los 35 grados durante varios días consecutivos. Este tipo de calor extremo es característico de la canícula, la parte más cálida del verano, y puede afectar a gran parte de Europa.
En julio, la falta de lluvias también será un factor importante. Con el anticiclón manteniendo alejados los sistemas de baja presión, la sequía podría extenderse en Europa central, lo que agravaría la escasez de agua en zonas que ya han sufrido de esta problemática en años anteriores. Esta situación también aumentará el riesgo de incendios forestales, especialmente en el sur y el este del continente, donde las altas temperaturas y la falta de precipitaciones podrían crear un entorno propenso para la propagación de incendios.
El mes de agosto probablemente consolidará la ola de calor, con temperaturas que podrían mantenerse por encima de los 35 grados durante gran parte del mes, especialmente en Francia, Alemania y Polonia. Este calor prolongado también traerá consigo una falta de precipitaciones en la mayor parte de Europa central. Esto podría generar una crisis en la gestión del agua, ya que los niveles de los embalses seguirán bajando y los agricultores tendrán que lidiar con la falta de agua para sus cultivos.
En general, las previsiones para el verano de 2025 apuntan a un patrón climático en el que se alternarán periodos de lluvias intensas, especialmente al principio, con largas olas de calor durante los meses centrales. Aunque junio podría comenzar con condiciones más inestables, el calor será el gran protagonista de julio y agosto, con temperaturas superiores a la media en muchas partes de Europa. Además, la falta de precipitaciones en varias zonas generará problemas de sequía, lo que podría poner en riesgo los recursos hídricos y aumentar el riesgo de incendios.
Este verano será, sin duda, un desafío para muchos países europeos, que tendrán que adaptarse a las condiciones cambiantes. Desde las lluvias inesperadas hasta las olas de calor extremas, será crucial seguir las previsiones meteorológicas a medida que nos acercamos a los meses más cálidos para poder tomar las precauciones necesarias. La clave estará en la preparación para un verano que, según todo indica, será más cálido y seco de lo habitual, con efectos tanto a corto como a largo plazo.