La dura confesión de Anabel Pantoja que deja a todos sin palabras de ánimo
Anabel Pantoja está atravesando un momento delicado
La familia de la influencer está en pie de guerra
"Estoy más vieja y más dejada", escribe la andaluza
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Anabel Pantoja cerró 2025 con una confesión tan sincera como desarmante. A pocas horas de despedir el año y en los primeros compases de un 2026 que acaba de comenzar, la influencer decidió mirar atrás sin filtros ni artificios, alejándose de los habituales resúmenes luminosos que inundan las redes sociales en estas fechas. Su balance, compartido con sus seguidores de Instagram justo antes de las campanadas, no dejó espacio para el optimismo fácil ni para los mensajes edulcorados, y retrató un año marcado por el miedo, el desgaste emocional y una madurez adquirida a golpe de experiencias límite.
Lejos de celebrar un ejercicio de éxitos continuados, Anabel Pantoja optó por verbalizar un cansancio profundo y una sensación de haber atravesado meses especialmente duros. Su testimonio, pronunciado en un tono íntimo y cotidiano desde su casa de Gran Canaria, sorprendió por la crudeza con la que se describió a sí misma y por la ausencia de palabras de ánimo hacia el año que dejaba atrás. Un cierre seco, casi definitivo, que resonó con fuerza entre quienes han seguido de cerca su trayectoria personal y mediática.
Un año muy complicado
El 2025 arrancó para Anabel Pantoja con el que ella misma ha definido como el mayor susto de su vida. Su hija Alma, aún muy pequeña, tuvo que permanecer ingresada en el hospital durante tres semanas, en un episodio que puso a la familia al límite emocional. Durante aquellos días se temió lo peor, hasta que finalmente la niña pudo regresar a casa sana y salva, un desenlace que la propia Anabel ha descrito como un auténtico milagro.
Sin embargo, la angustia no terminó con el alta médica. Desde el centro hospitalario se dio aviso a la justicia al considerar que los testimonios de los padres no concordaban con las lesiones presentadas por la menor, lo que derivó en la apertura de una investigación que añadió una presión insoportable a una situación ya de por sí extrema. Ese proceso, vivido con discreción pero con enorme impacto emocional, marcó de forma decisiva el resto del año y dejó secuelas en el entorno más cercano de la influencer.

La tensión generada por este episodio afectó de lleno a la relación entre su madre, Merchi, y su pareja, David Rodríguez. Un conflicto latente que se hizo visible en momentos clave y en celebraciones familiares, empañando encuentros que en otras circunstancias habrían sido motivo de alegría. A ello se sumó el dolor de presenciar los reveses personales sufridos por algunos de sus tíos y primos, una familia a la que siempre ha estado muy unida y por la que ha velado públicamente en numerosas ocasiones.
El momento más feliz del 25
Pese a ese contexto adverso, 2025 también dejó instantes de intensidad positiva. Anabel Pantoja reconoce que hubo momentos que la hicieron sentirse viva, especialmente su participación en Bailando con las estrellas, una experiencia que le permitió conectar con una versión más enérgica de sí misma en medio del caos. No obstante, ni siquiera esos episodios lograron compensar del todo el desgaste acumulado a lo largo de los meses.
En su ejercicio de balance, realizado de manera espontánea y sin preparación previa, la modelo quiso ser justa consigo misma. Admitió haber cumplido objetivos y haber encontrado cierta estabilidad en medio de la convulsión, pero su conclusión final fue clara: el saldo emocional del año es negativo. «Estoy más vieja, más dejada, más quemada, más estresada, más madre, más pesimista…», enumeró al compararse con la mujer que era doce meses atrás, en una de las frases más comentadas de su reflexión.
Aun así, Anabel no pasó por alto lo esencial. Subrayó que conserva la salud, el trabajo y, sobre todo, la compañía de su hija, a la que se refirió cariñosamente como su «sirenita». Esa conciencia de lo verdaderamente importante fue lo único que matizó un discurso dominado por el cansancio y la falta de apego hacia el año que se despedía. «2025, hasta luego», sentenció sin nostalgia, dejando claro que no se marcha con intención de echarlo de menos.
Las confesiones de Anabel Pantoja
Mientras miles de usuarios llenaban Instagram de vídeos cuidadosamente editados con viajes, celebraciones y experiencias memorables, Anabel Pantoja explicó por qué ella no podía sumarse a esa corriente. Desde su casa en Gran Canaria, relató con naturalidad una escena doméstica muy alejada del ideal festivo: el pijama puesto, una casa patas arriba, un termo roto, cientos de maletas por deshacer y la inminencia del 31 de diciembre sin que “le salieran las cuentas”.
Ese contexto cotidiano se convirtió en el marco perfecto para un mensaje honesto, sin horas de edición ni selección de recuerdos. El suyo fue, según sus propias palabras, un resumen realista de un año vivido con intensidad, en el que la maternidad ha marcado cada decisión y cada rutina. Las interrupciones de su hija durante la grabación, lejos de restar valor al mensaje, reforzaron la sensación de autenticidad que atravesó toda su confesión.
Las uvas de Nochevieja las tomó junto a su madre y su hija, y previsiblemente también con sus tíos, que se han trasladado recientemente a la isla. Un cierre familiar para un año que, pese a todo, termina con la certeza de estar viva y de haber superado pruebas que podrían haberla quebrado.
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