Dolor articular silencioso en la menopausia: por qué la caída de estrógenos acelera la artrosis
El descenso estrogénico influye en la masa muscular, los tendones y el cartílago, desencadenando rigidez y dolor al levantarse o al bajar escaleras
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Los sofocos, las alteraciones del sueño y la pérdida gradual de densidad ósea son las manifestaciones más conocidas y debatidas de la menopausia. Sin embargo, en el ámbito de la salud del aparato locomotor existe un conjunto de molestias que con frecuencia reciben menos atención o se normalizan de forma errónea: la rigidez matutina al salir de la cama, el dolor punzante al descender escaleras o la dificultad para ponerse en pie tras permanecer un tiempo sentada.
En la mayoría de las ocasiones, las mujeres atribuyen estos síntomas al cansancio acumulado o a un deterioro físico inevitable asociado a la edad. Sin embargo, cuando las molestias persisten, los especialistas advierten de la importancia de identificar su origen exacto, ya que pueden responder a los cambios hormonales de la transición menopáusica, a una artrosis incipiente o a patologías musculares, tendinosas e inflamatorias asociadas.
«No debemos asumir que todo dolor durante la menopausia es artrosis, pero tampoco despacharlo con un ‘es normal a tu edad’», advierte el Dr. Félix López, traumatólogo y responsable de la Unidad de Preservación Articular y Medicina Regenerativa del Hospital Memorial Publio Cordón, en Pozuelo de Alarcón. «Hay que entender qué está pasando y qué podemos hacer para que esa mujer siga moviéndose y disfrutando de una vida activa».
El impacto endocrino en el aparato locomotor
Los estrógenos desempeñan un papel directo en la regulación de la inflamación y en el mantenimiento de los tejidos del aparato locomotor. Durante la menopausia, la caída brusca de esta protección hormonal interactúa con otros factores de riesgo como la pérdida de masa muscular, el incremento de peso, las lesiones previas o las sobrecargas mecánicas acumuladas.
«Cuando hablamos de menopausia solemos pensar en osteoporosis, pero también debemos prestar atención al músculo, los tendones y el cartílago», señala el especialista. «Los cambios hormonales influyen en estos tejidos, aunque la artrosis tiene múltiples causas y no evoluciona igual en todas las mujeres».
Por este motivo, la detección temprana resulta determinante. Una articulación inflamada, una rigidez prolongada en las manos, rodillas o caderas o una limitación funcional no deben normalizarse sin una evaluación clínica precisa.
La trampa del reposo y el pilar de la fuerza muscular
Frente a la aparición del dolor, una respuesta habitual es reducir progresivamente la actividad física y recurrir al reposo o al uso continuado de analgésicos. Sin embargo, los expertos señalan que el reposo prolongado genera un círculo vicioso que acelera la pérdida de masa muscular, incrementa la rigidez y hace que los movimientos cotidianos resulten cada vez más costosos.
«Los analgésicos pueden ser útiles cuando están indicados, pero también tenemos que abordar los factores que mantienen el dolor. El reposo prolongado puede meternos en un círculo: te mueves menos, pierdes músculo y cada vez te cuesta más moverte», explica el Dr. López.
En este sentido, el entrenamiento de fuerza adaptado y con sobrecarga progresiva se posiciona como una herramienta terapéutica indispensable. El especialista destaca, por ejemplo, el papel crítico de la musculatura glútea, afectada con frecuencia por el sedentarismo laboral: «Los glúteos ayudan a estabilizar la pelvis y a controlar la posición de la pierna al caminar. Si están débiles, puede alterarse la distribución de las cargas sobre la cadera y la rodilla. Fortalecerlos, junto con el cuádriceps y el resto de la musculatura, forma parte del tratamiento».
Preservación articular: el abanico de la «medicina a la carta»
Cuando existe una lesión estructural o una degradación del cartílago, la traumatología actual no se limita a un único tratamiento ni a un procedimiento aislado, sino que abarca un enfoque integral enfocado en mantener la articulación propia del paciente y retrasar la necesidad de una prótesis.
«La preservación articular no se reduce al plasma rico en plaquetas ni a un único procedimiento», enfatiza el Dr. Félix López. «Primero tenemos que saber qué estructura está afectada, cómo funciona esa articulación y qué necesita la paciente. A partir de ahí valoramos las distintas opciones y cómo podemos combinarlas».
Este abanico terapéutico abarca desde el ejercicio clínico y la rehabilitación biomecánica hasta la aplicación de biomateriales (como el ácido hialurónico o productos basados en colágeno), pasando por derivados del propio organismo (como el plasma rico en plaquetas aplicado de forma intraarticular o dirigidos al hueso subcondral), terapias celulares en casos seleccionados y cirugía de preservación articular para corregir fallos mecánicos o reparar lesiones.
«Para un problema articular no siempre hay una única respuesta. Tenemos un abanico de posibilidades y ahí está el arte del traumatólogo especializado en preservación: saber qué elegir, cuándo utilizarlo y cómo combinarlo para esa persona concreta», señala el especialista. «Es como cocinar: tenemos distintos ingredientes y buscamos la combinación adecuada, en su justa medida. No se trata de utilizarlo todo, sino de elegir lo que necesita esa articulación. Podemos reparar una lesión de cartílago y, cuando esté indicado, combinar esa reparación con un biomaterial, PRP intraarticular o subcondral y una terapia celular».
Todas estas herramientas presentan diferentes grados de evidencia científica que deben explicarse con transparencia al paciente para ajustar las expectativas. «El mensaje para las mujeres es que no se resignen a perder movilidad por estar en la menopausia. Hay que valorar las molestias persistentes, recuperar fuerza y estudiar las opciones disponibles. Cuanto antes entendamos el problema, mejor podremos elegir cómo cuidar esa articulación», concluye el Dr. López.