Según la psicología, los niños que tocan la cara de sus padres mientras hablan no lo hacen por cariño si no que existe una razón más profunda
La psicología ha estudiado el papel del contacto físico durante la infancia y ha encontrado algunas razones que ayudan a comprender por qué los niños pueden incorporar el tacto a sus conversaciones
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Hay un gesto muy común entre los niños pequeños cuando se comunican con sus padres o con las personas más cercanas y consiste en acariciarles la cara. Puede ocurrir mientras cuentan algo que les ha pasado, hacen una pregunta o simplemente les miran y escuchan. De forma aparentemente involuntaria, su mano termina sobre la mejilla, la nariz, las cejas o la barbilla del adulto.
Es un comportamiento que puede parecer una simple manía, pero que resulta llamativo cuando se repite desde edades tempranas. La psicología ha estudiado el papel del contacto físico durante la infancia y ha encontrado algunas razones que ayudan a comprender por qué los niños pueden incorporar el tacto a sus conversaciones.
El contacto físico también forma parte de la comunicación
Durante los primeros años, los niños no se comunican únicamente con palabras. Pueden apoyarse en sus padres, cogerles de la mano, acercarse o jugar con su pelo. El contacto físico puede formar parte de su manera de mantenerse conectados con ellos.
Las investigaciones sobre el tacto y el desarrollo infantil lo relacionan con el apego, la comunicación, el aprendizaje social y la regulación emocional. Por eso, cuando un niño acaricia la cara de su padre mientras habla, una posibilidad es que simplemente esté utilizando el contacto físico para mantenerse cerca y conectado con esa persona.
La cara de los padres es especialmente importante
El rostro de los padres es una de las principales fuentes de información social para los niños. Desde pequeños observan sus expresiones para saber si están contentos, enfadados o si están prestando atención.
Un estudio publicado en Cognitive Development observó a 39 madres y sus hijos, de entre cuatro y seis años, durante una sesión de juego. Los investigadores encontraron que cuanto más contacto, mejor era la captación de información del entorno.
Aunque esta investigación no estudiaba específicamente que los niños tocaran la cara de sus padres, sí aporta una pista sobre la relación entre el contacto físico y la atención hacia las señales sociales.
Puede ser cariño o simplemente una costumbre
En otros casos, la explicación es más sencilla. El niño simplemente quiere estar cerca de su padre o de su madre. Algunos pequeños expresan el cariño abrazando, otros cogiendo la mano y otros jugando con el pelo o acariciando la cara.
Pero tampoco hay que buscar siempre una explicación psicológica. Los niños exploran el mundo a través de los sentidos y pueden tocar la nariz de un adulto porque les resulta divertida, acariciar una mejilla porque les gusta su textura o repetir el gesto porque han descubierto que provoca una reacción.
Por eso, el contexto es fundamental. Si lo hace mientras mantiene una conversación afectuosa, puede ser una forma de conectar; si ocurre cuando el adulto está distraído, quizá intenta recuperar su atención; y si aparece cuando está cansado o molesto, el contacto puede resultarle reconfortante.
¿Cómo deben reaccionar los padres?
No es necesario impedir que un niño toque la cara de sus padres si lo hace de forma suave y resulta cómodo. Lo más importante es observar qué está ocurriendo alrededor y responder a sus necesidades.
Al mismo tiempo, los niños también deben aprender que las muestras de cariño tienen límites. Si tira de los labios, toca los ojos o continúa después de que se le haya pedido que pare, se puede establecer una frontera de manera tranquila y ofrecerle otra forma de contacto, como cogerle de la mano.