Viaje a las (e)mociones

Viaje a las (e)mociones

A escasas horas de la moción de censura de Podemos al Gobierno, aún nos preguntamos si Mariano Rajoy dará la cara. El presidente se ha cansado de decir estos días que la postura del partido de Iglesias es poco seria, tildando el intento de los morados de capricho inútil. Viendo las condiciones en las que se encuentra nuestro país y la oleada de corrupción que impregna las instituciones gobernadas por el Partido Popular, resulta cuando menos sorprendente que Rajoy dé tan poca importancia al hecho de que su gobierno esté de nuevo en entredicho.

La semana pasada, Podemos desaprovechó la moción al gobierno madrileño. Tenían la oportunidad de hacer que los de Cifuentes sudaran intentando defender lo indefendible. De las pocas conclusiones que se sacaron es que probablemente José Manuel López —anterior líder de Podemos en Madrid— hubiera llevado mucho mejor la moción que Lorena Ruiz-Huerta, que evidenció su falta de experiencia y carisma. El único punto a su favor es la zafiedad con la que Ángel Garrido —portavoz del gobierno madrileño– se dirigió a ella, y esto es más demérito del popular que acierto de Ruiz-Huerta. Resultó lamentable escuchar los comentarios machistas de Garrido, que llegó a venirse arriba y llamó “sagrado templo democrático” a la Asamblea madrileña. Esto último, vista la cantidad de casos de corrupción en Madrid, suena forzosamente a chiste.

La postura de PSOE ante esta nueva moción en menos de una semana parece clara: echarse a un lado mientras la bomba le estalla entre las manos a Pablo Iglesias. Pedro Sánchez, que no es ni diputado, verá el espectáculo desde la tribuna de invitados, o puede que incluso se quede en casa y la siga por televisión. Reforzado en su nuevo liderazgo, Sánchez es consciente de que se está ahorrando todo ese desgaste público al que sí va a estar sometido Iglesias, y espera recoger los frutos del posible descalabro de Podemos, que desde luego es el que asume el riesgo. PSOE y abstención de nuevo cabalgan juntos. Y los populares mientras tan a gusto.

El presidente del Gobierno debería de tener la obligación moral de subir al estrado y defender a su tropa: con Catalá y Moix reprobados y Montoro puesto en evidencia por su amnistía fiscal, la moción de censura debería ser un trago difícil para el Ejecutivo, y sin embargo se trasluce que una vez más, Pablo Iglesias hará gala de su oratoria mientras los populares se defienden mirando hacia otro lado, como si la cosa no fuera con ellos. Podemos sabe que su moción no va a prosperar, buscan una victoria moral para contrarrestar la trayectoria ascendente de los socialistas en las últimas semanas, pero el intento les puede salir muy caro. Mientras tanto, Mariano respira hondo ante el duelo a garrotazos de sus oponentes y ya estará pensando en el puro que se va a fumar después.

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