Su republiqueta africanizada

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Mientras Junqueras y el resto de los once golpistas del 1-O esperan con el estómago encogido una sentencia que difícilmente bajará de los 15 años de cárcel, Puigdemont baila con Boye y Comín sardanas con los Dansaires del Penedés y el Atomium de Bruselas a sus espaldas. No es extraño que el analfabeto de Rufián se quiera comer a Torra con patatas y musaka en unas nuevas elecciones catalanas. Puigdemont da saltitos al compás de la “tracto-kizomba” del Penedés mientras Junqueras asume su asueto carcelario como un rito de iniciático que le eleve al plano extra terrenal.

Entretanto, el PSOE resulta mil veces más peligroso que estos caganers por culpa de la deferencia de la “derecha española” y a la nada de Rivera que, en vez de considerarle el caballo de Atila de cualquier separatista y batasuno con ínfulas, trata de rehabilitar a Sánchez y a los suyos como si éste fuera un tipo ejemplar pasando el complejo de la pitopausia, y los del PP y Ciudadanos militaran realmente en Ferraz.

En plena Diada, cuatro concejales del PSC en el Ayuntamiento de Moncada y Reixach (Barcelona) se acaban de fotografiar con una pancarta en apoyo a los presos golpistas, y el PSOE acaba de redactar un nuevo documento en el que plasma su nueva fórmula de solución para lo que denomina “una nueva etapa para Cataluña” recogiendo, ni más ni menos, que una cesión al separatismo tan explícita como afirmar que “se acordará una solución para que el pueblo de Cataluña pueda ratificar con su voto”. Esta vía aseguraría conseguir el referéndum por medio de caminos legales mediante una reforma constitucional que, por supuesto, también se ha ofrecido ya a los separatistas en un documento que consigna lo que ya prometió en el conocido como Acuerdo de Pedralbes; un pacto de cenáculo al margen de las instituciones y del Estado de derecho que parte de tres ejes: la “Reconciliación, buen gobierno y retorno a la buena política”.

Es esa grotesca e insistente alusión a que “es necesario buscar el encaje de Cataluña en España” o que “hay que seducir a 2 millones de separatistas con soluciones políticas”, como si los del PSOE fueran los chamanes de una secta con capacidad para hacer exorcismos con una mera imposición de manos en el cogote, es lo que ya propuso la peligrosísima tercera autoridad del Estado, Meritxel Batet, en abril de este mismo año; “eximir de la aplicación de la Constitución a quienes la rechazan" obviando, por pura incapacidad intelectual, que es precisamente la aplicación de la Carta Magna a todos esos que trataron de pulverizarla el 1 de octubre de 2017, lo que garantiza el juicio justo para éstos en el país que está en la élite de las democracias del mundo por encima de EEUU y Francia en lugar de ser quemados en la pira de su Republiqueta africanizada.

El PSOE trabaja a marchas forzadas para adaptar la legalidad a las pretensiones de la marginalidad nacionalista obligando a 45 millones de españoles a financiar los 12 millones de euros diarios de incremento de deuda catalana desde que arrancó “el proceso”, a aceptar la coacción física, y a manufacturar el principio de vulgarización separatista, sus falacias históricas, y las continuas referencias racistas de Torra, Junqueras y Puigdemont a nuestro ADN con 300 millones de euros al año de propaganda televisiva. El sentido constitucionalista del PSOE y su pulsión carnal hacia los separatistas es perfectamente equiparable a la vileza feminista de sus parlamentarias que esperan genuflexas para recibir a la delegación iraní como si fueran las esposas temporales de los ayatolás.

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