Repaso a los Comités de Defensa de la República

Repaso a los Comités de Defensa de la República

Las tintas llevan un año intentando cargarse contra los denonimados “CDR” de Cataluña. Se ha mentido, manipulado y tratado de convencer a la opinión pública española de que se trata de “comandos” —como ayer comenzaban a decir Rivera y Arrimadas—. Está claro que, acabada ETA, alguien podría pensar que se echa en falta un relato sobre violencia, sobre sangre, sobre miedo y sobre enemigos malísimos a los que hacer frente.

Lo lamento por aquellos que esperaban encontrar semejante cuestión, la de la violencia, en los CDR de Cataluña. No. No son violentos. Es más: son lo más lejano a cualquier conato de violencia que quien lea esto pueda imaginar. Y por mucho que algunos se empeñen en envenenar la opinión pública para ganarse el pan, un asunto tan delicado como éste, debe ser tratado con el máximo rigor. Los CDR surgieron de la organización pacífica y democrática del pueblo que quería votar en Cataluña. Lamento, una vez más, explicarles que los violentos no se organizan para poner urnas.

Los violentos suelen ser los que insultan, los que agreden, los que se encapuchan y no tienen argumento alguno para defender lo que piensan —si es que piensan–. Sepan, lectores, que quienes están defendiendo la democracia en Cataluña plantan cara a la violencia. Salen a la calle una y otra vez y jamás han protagonizado ningún acto violento. Otra cosa será analizar cuando se producen imágenes de provocaciones y violencia, quiénes se encuentran detrás de las capuchas y las caras tapadas, quiénes son esos que llevan siempre mochila, gafas oscuras y que, en algunos casos, se les ve subir a los furgones con normalidad.

Está claro que es mucho más sencillo inventarse violencia donde no la hay. Criminalizar a gente pacífica porque, sencillamente, desde el otro lado se carecen de argumentos, pero sí se tienen otro tipo de fuerzas: medios de comunicación, fuerza, tiempo y dinero. Los CDR tienen pueblo. Gente de paz. Herramientas democráticas. Personas normales y corrientes que se han cansado de manipulación, de violencia y de abusos. Y que quieren votar. Reitero: quieren votar. Los de la violencia, de manera bestial, vienen siendo otros últimamente. Y parece ser que cobran del Estado.

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