Rauxa separatista

Rauxa separatista
  • Jorge Fernández Díaz

Conocer la Historia ayuda a interpretar lo que ocurre en el presente. Ángel Ossorio y Gallardo, Gobernador Civil de Barcelona durante la Semana Trágica de 1909, explicaba con estas palabras lo ocurrido aquellos días: "En Barcelona la revolución no se prepara porque está preparada siempre. Si no hay ambiente para su desarrollo, retrocede; si hay  ambiente, cuaja". Ossorio había identificado claramente la pulsión anárquico-revolucionaria inscrita en el ADN de la llamada rauxa, que ahora ha detonado en el ‘procés’. En 1909, Ossorio explicó que "la revolución encontró en la protesta contra la campaña del RIF, el espacio que necesitaba para respirar a sus anchas. Solo estaba preparada la huelga general, el movimiento anarcorevolucionario surgió como un impulso sin necesidad de preparación". Lo mismo sucedió en los episodios de 1640, 1700 y 1934. En la misma línea, el Regente Espartero manifestó en 1842  que "por el bien de España, hay que bombardear Barcelona una vez cada cincuenta años". Está claro que esta no es la solución, pero su afirmación  pone de manifiesto a lo largo de la Historia una preocupante opinión sobre esa “patente pulsión a la rauxa”.

Así, ahora, conocedores de que sólo hay que preparar el caldo de cultivo adecuado para excitar una latente rauxa, los ideólogos del separatismo insolidario y xenófobo han seguido esta hoja de ruta desde 2012, cuando España estaba sumida en una gravísima crisis económica, y pesaba sobre ella la amenaza de un duro rescate. Las drásticas medidas de ajuste provocaron una importante movilización social. La Generalitat tenía sus cuentas públicas especialmente desequilibradas, y así continuaron hasta diciembre de 2010 cuando, tras el Tripartito, Artur Mas asumió la presidencia de la Generalitat. Pertenece ya al imaginario colectivo la escena de su llegada en helicóptero al Parque de la Ciudadela rodeado por manifestantes indignados, queriendo evitar que se aprobaran los presupuestos que legalizarían esas medidas. Era el 15 de junio de 2011 –con Zapatero todavía como Presidente–, y la escena ilustra muy bien la génesis del ‘procés’ que comenzaría un año después.

Los ‘think thanks’ nacionalistas de CIU, consideraron que gobernar aquella crisis podía acabar políticamente con ellos, y de ahí nacieron los eslóganes en la sociedad catalana: "España nos roba", y "el expolio fiscal", con un propósito  claro: convertir a España en el chivo expiatorio culpable de la crisis. Si eran necesarios tantos recortes sociales, se debía a que Cataluña estaba sometida a un expolio fiscal injusto por parte del Estado español, que equivalía –en la práctica– a que España estuviera robando a los catalanes. Como conclusión del silogismo, la única salida a esa situación era la independencia. En la Diada del 11 de septiembre de 2012, se canalizó hacia España el profundo malestar social del momento. Artur Mas anunció que Cataluña "ponía rumbo de colisión con el Estado", y ya conocemos lo que siguió, tras siete años de ‘procés’ continuado.

El relato sobre “el espacio para respirar de la rauxa”, no quedaría completo si no tuviéramos en cuenta el proceso previo a 2012, las causas remotas, que comenzaron en 1980 cuando Jordi Pujol asumió la presidencia de la  Generalitat y puso en marcha gradualmente un plan estratégico de “nacionalización” de la sociedad. Sus 23 años de gobierno permitieron, a través de la utilización de medios y recursos de todo tipo, la obtención de una masa crítica de población catalana debidamente adoctrinada, para dar el golpe al Estado en el momento oportuno. El gravísimo error de elaborar un nuevo Estatuto por el Tripartito de Pascual Maragall, acabaría de crear el “espacio para respirar” necesario para culminar el relato separatista.

El PSOE se ha negado hasta ahora a alcanzar con el PP un pacto de Estado en relación a Cataluña, lo que ha sido aprovechado por el nacionalismo catalán para ser la bisagra garantizadora de la gobernabilidad de uno y otro, a cambio de ir desmantelando la presencia del Estado en Cataluña. Y ahora el Sr. Sánchez es Presidente en funciones por los votos de ese mismo separatismo que agrede violentamente a la policía en un “Estado opresor”.

Hay que aprender las lecciones de la Historia: ese pacto de Estado sobre Cataluña ya es inaplazable, lo exige la salvaguarda de la unidad nacional amenazada.

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