Un proceso económico que se repite

Un proceso económico que se repite
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Vivimos unos momentos de clara desaceleración económica, como vengo diciendo desde hace meses, desaceleración que cada vez es más intensa. La práctica totalidad de los indicadores económicos muestran que la ralentización de la economía es cada vez mayor, tanto a nivel nacional como internacional, y que el horizonte económico se ensombrece. Hay varios temas que generan una gran inseguridad en la economía, y la inseguridad es una de las peores cosas que puede existir en materia económica, porque hace que los agentes económicos se retraigan, retrasando decisiones de consumo y decisiones de inversión ante las peores expectativas.

Con esas peores expectativas, disminuye la actividad económica, y si se produce menos y se prestan menos servicios, se necesita menos mano de obra, menos factor humano en el proceso productivo. Es decir, se destruye empleo y aumenta el paro. Es normal que haya ciclos económicos, que tienen su fase expansiva y su fase contractiva, pero hay que estar manteniendo ágil constantemente la estructura económica para que la economía se encuentre lo mejor preparada posible ante una crisis, y, así, pueda crecer más que la media en momentos de auge económico, y caiga menos que la media en momentos de recesión.

Para mantener esa agilidad, es imprescindible que las autoridades competentes en la materia lleven adelante reformas imprescindibles que consigan ese objetivo de mayor dinamismo. Reformas que logren que el mercado de trabajo, por ejemplo, tenga las menores barreras posibles a la contratación, o reformas que eliminen trabas a la hora de emprender o iniciar una actividad empresarial. Reformas que también incentiven a las empresas a crecer, a ser más grandes, a buscar ampliar mercados dentro y fuera de las fronteras de la propia economía, para que puedan diversificar riesgos.

Eso es lo que hay que hacer. La desaceleración o crisis económica cuando llegan no hay que negarlas, sino que hay que combatirlas con elementos de reforma estructural. Sin embargo, en estos últimos meses vivimos en España un proceso económico que se repite, por el que ya hemos pasado: la negación de crisis o de desaceleración económica por parte del Gobierno y la proclamación como catastrofistas a todos los que advierten del deterioro económico.

Ya lo hemos vivido porque el presidente Rodríguez Zapatero dijo en agosto de 2007 que España estaba a salvo de la crisis financiera. Ya lo hemos vivido porque el Gobierno negó durante casi tres largos años la existencia de la crisis económica y sólo lo hizo tímidamente tras el año 2009, cuando el mercado laboral registró un terrible dato de desempleo. Y ya lo hemos vivido porque el vicepresidente Solbes le dijo a Manuel Pizarro, en el famoso debate económico en televisión en la noche en la que se abría la campaña de las elecciones generales de 2008, que “hablar de crisis era un poco exagerado”. Es más, el entonces vicepresidente económico socialista llegó a decir en su turno final que “ellos -por Pizarro y el PP- hablan de crisis y de recesión, algo que resulta molesto y que está lejos de la realidad”. Poco tiempo después, España comenzaba a destruir empleo sin freno, hasta acabar con 3 millones de puestos de trabajo y acumular 6 millones de parados, con un déficit que se desvió en 36.000 millones de euros del objetivo que el Gobierno socialista comunicó en el traspaso de poderes, en diciembre de 2011, y con España al borde del abismo.

Ojalá no vuelva a encontrarse la economía española en una situación igual, pero para evitar esa situación o alguna cercana a ella hay que trabajar en la buena dirección, no en la de la negación de la realidad, y mucho menos en tratar de volver a poner el parche contraproducente del incremento de gasto público, como hizo Zapatero con el cheque de 400 euros en 2008, y como ahora quieren hacer elevando el gasto público sobre el PIB en 7 puntos, más de 72.000 millones de euros. O se toman medidas positivas o el horizonte económico se vuelve negro. Lo sabemos perfectamente porque ya lo vivimos no hace tanto tiempo.

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