El panorama económico se ensombrece

El panorama económico se ensombrece

La Comisión Europea ha publicado sus previsiones de otoño para el conjunto de la Unión. Podemos extraer varias conclusiones. En primer lugar, el conjunto de Europa se mantiene en una atonía en la que, desgraciadamente, lleva varios años —tanto antes como después de la crisis— con la caída importante que tuvo en la misma. La segunda conclusión afecta a España. Crecía más que la media durante los últimos años y se mantenía al margen de ese caminar casi plano en cuanto al crecimiento. Ahora, pese a seguir algo por encima, se desacelera de manera importante.

Es cierto que la economía tiene ciclos y que, por tanto, los hay alcistas y bajistas, con lo que es materialmente imposible mantenerse con un crecimiento continuado por siempre. Ahora bien, es responsabilidad de los gestores crear el mejor marco económico posible para que los agentes económicos desarrollen su actividad económica y, con ella, se genere empleo. De cómo gestionen los responsables políticos dependerá que se crezca más o menos en épocas de bonanza y que se resista mejor o se caiga más que la media en las épocas de crisis. Ellos no generan ni actividad económica ni empleo, pero crean el marco económico para impulsar la prosperidad o para hundirla.

Pues bien, desgraciadamente, los efectos de tener un gobierno absolutamente desnortado, superado por la responsabilidad que deben tener esos cargos y con la clara imagen de que esos puestos les vienen grandes para la capacidad que tienen, comienzan a notarse. Y no son efectos positivos, desde luego, sino todo lo contrario. El Gobierno del presidente Sánchez juguetea peligrosamente con el Presupuesto, prometiendo salarios mínimos de casi 1.000 euros, pensiones revalorizadas de forma creciente y gasto público infinito, en la jauda particular en la que se ha instalado en La Moncloa. Un día sube el salario mínimo y otro, cual justiciero del pueblo, enmienda, vía Real Decreto Ley, el fallo del Tribunal Supremo sobre el impuesto de Actos Jurídicos Documentados. Sus ministros, especialmente los económicos, tampoco dan la talla: o se lían al hablar de los posibles peajes en las autovías, o dicen que no pasa nada por presentar un objetivo de déficit sabiendo que no se va a cumplir “porque desviarse es normal”, o amenazan constantemente con revertir la reforma laboral que tantos puestos de trabajo ha permitido crear, o balbucean cuando les preguntan los periodistas si Bruselas va a aceptar ese plan presupuestario sobre el que tiene tantas dudas en su cumplimiento.

Con todo ello, la inseguridad jurídica se está instalando en nuestra economía: el consumo de los hogares domésticos, según la Comisión Europea, va a reducirse a la mitad, al igual que la formación bruta de capital fijo, es decir, las inversiones empresariales. Nos mantiene vivos el sector exterior, pero con el apunte que se da en dichas previsiones, de aumento ligero de la inflación, de los costes laborales y, por tanto, de una posible pérdida de productividad y competitividad, ¿hasta dónde va a dar esa gasolina para impulsar este coche? La economía, al igual que la política, es una cuestión muy seria, con la que no se puede ser frívolo ni decir lo primero que se le viene a uno a la cabeza. Las inversiones, las empresas y los trabajadores han de tener confianza, la cual cuesta mucho ganarse y muy poco perderse. Cuando se pierde, el dinero huye a borbotones, la actividad económica desaparece y el empleo se torna en paro masivo. Se ensombrece el panorama económico nacional y, desgraciadamente, al frente está un Gobierno que no da la talla.

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