La OTAN puede destruirse en Groenlandia

OTAN Groenlandia
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Ni un año lleva en la Casa Blanca y Donald Trump ya le ha dado la vuelta al mundo como a un calcetín. Una de las características de su segundo mandato es la velocidad que le ha impulsado y otra que, en esta ocasión, cuenta con un equipo disciplinado y colaborador, a diferencia de los saboteadores a los que tuvo que padecer en el primero. ¡Si los demócratas le hubieran dejado hacer ni le hubieran robado las elecciones de 2020, Trump ya estaría fuera de la Casa Blanca, escribiendo sus memorias!

Como Júpiter, lo que Trump desea se hace realidad y los hombres cumplen su voluntad. Pareciera que una fuerza sobrenatural le empujara y le amparara… pero también sabemos por la historia que, cuanto más poderosos parecen los gobernantes, más cerca se hallan de su caída. ¿O nos encontramos ante el emperador Constantino de nuestra época?

El 4 de diciembre de 2025, la Administración Trump publicó la nueva Estrategia de Seguridad Nacional en la que subrayó su plan de controlar el hemisferio occidental, expulsando de él a potencias hostiles y eliminando regímenes que considere un peligro para la seguridad y la prosperidad nacionales. Dicho y hecho. Sin largos e inútiles embargos, sin cumbres internacionales, la fuerza militar estadounidense, capturó al dictador Nicolás Maduro y a su familia, y la Casa Blanca ha nombrado a las nuevas autoridades venezolanas.

La reivindicación de la Doctrina Monroe es tan importante que se le ha añadido el Corolario Trump y, desde la intervención en Caracas, se habla de la Doctrina Donroe.

El domingo 4, Trump señaló su próximo objetivo. En una entrevista con la revista The Atlantic, una de las publicaciones antes más opuestas a él, hasta haberse inventado bulos para desprestigiarle, el presidente declaró: «Necesitamos Groenlandia, sin duda. La necesitamos para la defensa»; y añadió que la isla está «rodeada de barcos rusos y chinos», afirmación falsa.

La primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, replicó instando «encarecidamente a Estados Unidos a que cese las amenazas contra un aliado históricamente cercano». También protestó el representante de los groenlandeses, Jens Frederik Nielsen, primer ministro de la isla bajo soberanía de Dinamarca.

Los anteriores presidentes de EEUU también han practicado el intervencionismo, como Kennedy en Vietnam, Richard Nixon en Chile, Ronald Reagan en Nicaragua, Bill Clinton en Somalia y Yugoslavia, los Bush en Irak, Barack Obama en Libia y Siria. ¿Pero contra un aliado casi incondicional y, encima, inofensivo?

No sólo en insostenible que Moscú y Pekín estén planeando desembarcos en Groenlandia o construir estaciones de escucha en el interior de la isla. Es que el reino de Dinamarca ha sido uno de los colaboradores más leales de EEUU contra la URSS, en la «guerra contra el terrorismo» y en el mantenimiento de la supremacía norteamericana.

Aparte de que los artículos 4 y 5 del Tratado del Atlántico Norte permitirían a Estados Unidos solicitar a Dinamarca el empleo de Groenlandia para su defensa, existe desde 1951 otro tratado de defensa entre las dos naciones, según el cual EEUU puede establecer unidades militares y construir instalaciones, así como usar las infraestructuras ya existentes. De hecho, Washington levantó en 1941 base aérea de Pituffik (o de Thule) dirigida contra el III Reich, que luego se adaptó en la Guerra Fría para vigilar a la URSS.

Durante la campaña en Afganistán, los daneses desplegaron cientos de militares y sufrieron 43 muertos, uno de los porcentajes más altos de la coalición. El servicio de inteligencia danés, el Forsvarets Efterretningstjeneste, colaboró con la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) en el espionaje de los teléfonos de varios líderes europeos, como la canciller alemana Angela Merkel. Y el gobierno de Frederiksen ha ayudado a Ucrania a oponerse a la invasión rusa.

A cambio de esta larga y sincera colaboración, Dinamarca recibe como pago un desagradecimiento que llega a la amenaza de la mutilación territorial. ¡Como si Estados Unidos fuera la Alemania de Bismarck o de Hitler!

Por último, no olvidemos que en su lista de deseos enunciada en enero pasado Trump dijo que ofrecería a los canadienses incorporarse a la Unión. Como ha empezado un nuevo juego en el tablero mundial, podemos especular con un sentimiento que en España conocemos por obra de los separatistas vascos y catalanes: «antes turcos que españoles». Con Canadá rodeado de territorio estadounidense, los nacionalistas quebequeses, ¿serían capaces de pedir la secesión y, luego, el ingreso en EEUU?

Volvamos del futuro al presente inmediato. ¿Pueden oponerse Rusia y China a los deseos del Júpiter que erigido su Olimpo en Mar-a-Lago? ¿Esperan obtener una esfera de influencia en el nuevo reparto del mundo… o ya la han recibido y por eso callan?

Concluía mi anterior columna con la afirmación de que España se encuentra mejor dentro de la OTAN que fuera. Pero si la OTAN no supone ninguna diferencia entre ser miembro o estar fuera de su cobertura, si no protege ni de las ansias expansionistas de sus miembros mayores, ¿por qué pertenecer a ella?

La OTAN se fundó en 1949 para detener el expansionismo la URSS de Stalin en Europa, con el compromiso de la protección de la superpotencia americana, para lo que ésta desplegó soldados, cazas y misiles en bases permanentes desde Islandia a Italia y después en Turquía, Grecia y España. Si Estados Unidos destruye esta alianza, ¿qué le impide a Rusia o a otros países limítrofes, como Marruecos, agredir a sus vecinos europeos? La sospecha de que no sólo no se les va a defender, sino que, además, se les va a saquear o mutilar, puede incitar a los miembros menores a buscar seguridad por su cuenta, al margen de los compromisos ya suscritos, y a firmar nuevas alianzas, tanto entre ellos (ya está ocurriendo, sobre todo en los Balcanes), como con Moscú.
En este último caso, la OTAN se mantendría sólo sobre el papel, como la Sociedad de Naciones de los años 20 y 30 del siglo XX, hasta que un conflicto la mandase al baúl de la historia.

Entre las consecuencias de esta crisis entre Estados Unidos y Dinamarca, la menos mala sería la constitución de una coalición militar europea. En este nuevo actor internacional, ¿participaría el Reino Unido, asociado a todas las intervenciones militares de Washington desde el primer ministro Tony Blair, pero dotado de armamento nuclear?, ¿y qué haría España?

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