Los mangantes: dijo la sartén al cazo

Pedro Sánchez corrupción
Los mangantes: dijo la sartén al cazo

Pedro Sánchez se refirió a los «mangantes» que un día estuvieron en el Gobierno y que permitió, mediante sentencia judicial ad hoc -juez José Ricardo de Prada, íntimo de Baltasar Garzón- que él accediera a la poltrona con un mínimo registro histórico de apoyo popular. Lo dijo el mismo día en el que un juez condenaba a un ex alcalde socialista de Alicante a trece años por corrupción.

No voy a ser yo, que me la he jugado, el que justifique la corrupción en el Partido Popular, ni en los gobiernos de Aznar y Rajoy. ¡Faltaría más! Por ahí quedan para lo más negro de la Historia los Correa, albondiguillas, Bárcenas, Rato, Matas, Villalongas (con apoyos mediáticos y digitales ad hominem), Blesa y un larguísimo etcétera. Pero que el dedo acusador se levante desde las filas del PSOE no deja de ser un contra dios. Los Filesa, Matesa y Time Export, que luego se unieron a los ERE andaluces, suman a diario condenas en firme por corrupción galopante en todos los intersticios de la izquierda española.

Cierto es que todavía no sabemos de la misa a la media. ¿Cuál es la razón por la que se niega una investigación en toda la regla sobre las ayudas a don Sánchez (padre) o se echa tierra sobre las andanzas del marido de Calviño en la gestión de millones de euros que gestiona la señora? ¿Por qué no sabemos los agraciados con la lotería Illa con más de 16.000.000.000 millones en la compra de material sanitario durante la primera ola covid? Los megabytes de este periódico no tienen capacidad técnica suficiente para acoger una lista completa de corruptelas en los aledaños del PSOE, ni de UP. Eso si, no entendemos como corrupción la malversación de caudales públicos y el derroche del mismo.

Mangantes, lo que se dice mangantes, los tuvo Suárez a su alrededor, Felipe González, Aznar, Zapatero –ahí está su flamante embajador en Caracas con el detritus amarillo hasta el último cabello-, Rajoy y Sánchez. Insisto, todavía no conocemos casi nada de lo perpetrado, pero lo sabremos. El dinero podrido siempre deja un perceptible y persistente olor que no se aleja con desodorante.

Sólo nos falta sentarnos y esperar.

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