Guerrillas urbanas: Podemos y el Foro de São Paulo

Guerrillas urbanas: Podemos y el Foro de São Paulo
  • Jorge Fernández Díaz

Tras el ingreso en prisión por orden judicial del rapero Pablo Rivadulla, alias «Hasél», para cumplir las diversas condenas impuestas por su reincidencia contumaz en la injuria, la calumnia, la amenaza a personas e instituciones del Estado, y el enaltecimiento del terrorismo -entre otras infracciones del vigente Código Penal-, se ha producido una violenta respuesta en las calles de diversas ciudades españoles, destacando Barcelona y Madrid.

Sin ninguna duda, la magnitud y la perfecta coordinación de la actuación de auténticas guerrillas urbanas, acredita una logística previamente organizada para ese fin, que en teoría pretende defender la libertad de expresión, presuntamente afectada por la condena al «cantante». Pero es tal la desproporción entre la materialización de esas protestas y la causa esgrimida para justificarlas, que resulta normal interrogarse acerca de la realidad de lo sucedido. Las imágenes que hemos visto son la prueba más evidente de lo que afirmamos: en la respuesta no hay ninguna espontaneidad ni imprevisión, sino todo lo contrario. Pretender justificarlo -como intentan algunos- basándose en la situación de angustia y rabia de los jóvenes ante la precarización y falta de expectativas laborales, no sostiene un mínimo análisis crítico objetivo.

Sin negar la existencia de esos problemas -agudizados por las crisis de 2008 y la actual-, lo cierto es que es insostenible vincular el ingreso en prisión del soez rapero con esas manifestaciones violentas. No es propio de jóvenes de 16 a 25 años preocupados por  su presente o su futuro laboral, conformar guerrillas urbanas  que actúan de forma violenta y simultánea quemando contenedores, arrasando mobiliario urbano, asaltando y robando locales comerciales, destrozando escaparates y cajeros de entidades bancarias, y lanzando adoquines a la policía.

En nuestra retina y memoria están frescas imágenes similares a las de estos días, producidas en Cataluña durante fechas señaladas del Procés, en las que los CDR se aplicaron a fondo en su acción subversiva. Pero también tuvimos ocasión de presenciarlas meses atrás simultáneamente en Chile, Ecuador, Colombia, Perú y otros países hispanos, por lo que es razonable interrogarse acerca de la existencia de un centro logístico común coordinador y definidor de esta estrategia. Datos que vamos conociendo, apuntan claramente en dirección al Foro de São Paulo, nacido en 1990 a iniciativa de Fidel Castro y Lula da Silva tras la caída del Muro de Berlín, como auténtica internacional de izquierdas para actuar en «Iberoamérica», America Latina para ellos.

Lo resume todo escuchar a Maduro referirse a Pablo Rivadulla como un «artista agredido y condenado por sus canciones», para descalificar a nuestra democracia. Lo mismo que ha hecho, por cierto, el Presidente de México, Lopez Obrador -AMLO para los amigos-  con el mismo argumentario, lo que resulta insólito tanto por el interés mostrado hacia el rapero como por  sus críticas a nuestro sistema. Si a esto añadimos el que Rivadulla-Hasél fue entrevistado el pasado año por el canal oficial de la tv venezolana en términos semejantes al «Aló Presidente», no es aventurado concluir que los tentáculos del Foro están moviendo estos acontecimientos.

Pero lo realmente escandaloso es unir estos antecedentes a la estrecha relación de Podemos con el régimen  chavista de Maduro, que se constituye como una auténtica quinta columna del sanedrín sãopaulista en el Gobierno de España. Así, adquieren pleno sentido las palabras y los silencios conniventes de la dirigencia podemita encabezada por Pablo Iglesias, pasando por su portavoz parlamentario Echenique o Rafa Mayoral, aplaudiendo a las  guerrillas urbanas o negándose a condenar sus actuaciones de auténtico «terrorismo de baja intensidad» o Kale Borroka.

«No hay mal que por bien no venga», y estos graves acontecimientos que Pedro Sánchez tardó tres días en condenar -sin duda, para no tensionar más la relación con su socio-, deben significar el final de un Gobierno que está cumpliendo el pronóstico de la persona del candidato Sánchez: el insomnio de los españoles, al que hay que añadir la alerta de los dignatarios europeos ante un Gobierno así en un Estado de la UE. Por eso, no es extraño que a estas alturas Biden no haya contestado aún a la entusiasta felicitación del Presidente Sánchez. Y lo que vendrá.

 

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