La gestión de la pandemia

La gestión de la pandemia
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  • Jorge Fernández Díaz

Cuando estamos en la cuarta semana de confinamiento -un cuasi «arresto domiciliario»- por la alarma decretada para contener la pandemia, y el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya ha anunciado su prórroga de momento por dos semanas más, ha llegado la hora de hacer una primera evaluación acerca de las medidas adoptadas y su eficiencia. Con seis semanas garantizadas de «encierro», ya hemos superado el ecuador del confinamiento, y ello nos proporciona la perspectiva y experiencia suficientes para analizar la situación con el rigor exigible.

El físico y matemático Lord Kelvin, afirmó que «lo que no se mide, no se puede mejorar y, lo que no se mejora, se degrada siempre». Hay que intentar cuantificar lo hecho en España ante la actual dramática  situación de un país a la cabeza del mundo en contagiados -incluidos sanitarios- y fallecidos, y prácticamente paralizado, excepción hecha de los servicios esenciales para la comunidad.

Empecemos por decir que los profesionales sanitarios,  reconocidos por  la «España de los balcones» diariamente a las 20h por su encomiable servicio, han hecho público a través de sus respectivos Consejos Generales de Médicos, Enfermeros, Dentistas, Farmacéuticos y Veterinarios, un demoledor comunicado contra el Gobierno, por la gestión que está llevando a cabo contra la pandemia. Fechado el 4 de abril afirma, entre otras cosas, que «…somos el país con el mayor número de profesionales contagiados del mundo….», «hemos denunciado de forma reiterada, no sólo la falta de tests de diagnóstico, sino también de epis….»; «necesitamos medidas eficaces, efectivas y eficientes para poder vencer la pandemia, y una dirección firme en la que se pueda confiar»;  «ni un día más con un profesional sanitario infectado o en riesgo de contagio por no tener medios de protección».

Por tratarse de la opinión de quienes constituyen en esta batalla nuestra primera línea de defensa, estas afirmaciones se valoran por sí mismas.

Desde otra perspectiva, hay que analizar las medidas que se implementaron por el Gobierno, y cuándo. Siguiendo a Lord Kelvin, para que la medida sea válida, debe hacerse en términos «homogéneos»; es decir, con países comparables a nosotros por sus características sociales: Italia y Grecia, como países mediterráneos del sur de la UE.

Las cifras son claras: es cierto que al principio ningún país tenía experiencia para hacer frente a la pandemia, y todos aprendimos de Italia, primer país de nuestro entorno en sufrir el primer contagio: en Roma el 31 de enero por una pareja china prodente de Wuhan. Tres semanas después, en las septentrionales regiones de Lombardía y Véneto, se produjo la primera muerte. El 5 de marzo, con 100 fallecidos, el Gobierno italiano cerró todas las escuelas y universidades; el 8 de marzo, con 6.000 contagiados, el Primer Ministro Conte decretó el confinamiento de 16 millones de ciudadanos. Finalmente, el 10 de marzo, amplió la cuarentena al país entero. Quedaba claro que la lección a aprender era reaccionar rápidamente, empleando medidas muy estrictas de contención.

Pero no aprendimos la lección: el «científico de cabecera del Gobierno», afirmó el 9 de febrero que nosotros «tendríamos un puñado de casos». Todavía un mes después, dos Vicepresidentes y siete Ministros, encabezaban la manifestación en Madrid de los movimientos feministas, alentados desde la Moncloa para salir a la calle en toda España. Finalmente, el 13 de marzo, Sánchez anunciaba que al día siguiente el Consejo de Ministros decretaría el estado de alarma.

La reunión se dilató más de lo esperado por las discrepancias surgidas en su seno entre los coaligados,  y el Presidente compareció siete horas más tarde de lo anunciado. La entrada en vigor del estado de alarma diferido 24 horas, permitió la expansión del virus hacia el resto de España por los ciudadanos que salieron hacia sus segundas residencias.

Grecia, otro país mediterráneo de la UE con hábitos de sociabilidad similares a los nuestros,  sí que aprendió la lección, e inmediatamente adoptó medidas de contención cuando sólo contaban con 3 casos de contagio, y ninguna víctima mortal. Hoy, nosotros superamos los 130.000 contagiados oficiales y los 12.000 fallecidos, y Grecia tiene 1.700 contagiados y 68 muertos.

Kelvin diría que estas cifras muestran una gestión deficiente y acaso negligente.

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