El éxodo de Ceuta
Los éxodos forzados representan el más vil y a la vez eficaz mecanismo de conquista de territorios ajenos. Metes el miedo en el cuerpo a los habitantes de un lugar, los legítimos moradores toman las de Villadiego y te acabas quedando por la patilla con una ciudad, una región o un país que no te pertenece. Hay dos modalidades: las que no emplean la fuerza porque basta el miedo —con Ceuta como paradigma— y las que matan y arrasan con todo lo que pillan por delante para sembrar ese terror que convierte a seres libres en siervos.
Lo hicieron en el País Vasco y Navarra los socios etarras de Perro Sánchez asesinando a troche y moche y consiguiendo expulsar de su tierra a 200.000 personas en la primera comunidad autónoma y a 50.000 en la segunda. El pavor, que es el fenómeno humano más libre que hay, se expandió reduciendo al constitucionalismo a la mínima expresión en el País Vasco y dejándolo seriamente tocado en mi tierra. De no haber sido por esta circunstancia, lo que antes fue Batasuna y ahora es Bildu jamás hubiera pasado de anécdota a categoría y la dictadura nacionalista se las hubiera visto y deseado para imponer su descarnada, fascistoide y paleta hegemonía en la cultura, la educación y la Administración. Lo cierto y verdad es que cada vez quedan menos constitucionalistas en ambas tierras.
Marruecos está forzando en Ceuta la primera modalidad de éxodo. La que se implementa sin balas ni bombas. En planificadísima operación militar, purita guerra híbrida, metieron en apenas 24 horas más de 80.000 personas en una ciudad cuya población es exactamente la misma. Es decir, que durante más de un día el número de residentes se duplicó. Esto es como si a Madrid le calzas 3,5 millones de personas en un abrir y cerrar de ojos o como si a Barcelona le cuelas de rondón 1,7 millones de cuerpos extraños en un santiamén. Haces invivibles la capital de España y la Ciudad Condal y lógicamente los que cuentan con recursos para ello se mudan a otro lugar. De primero de maldad humana.
Marruecos está forzando en Ceuta la primera modalidad de éxodo, la que se implementa sin balas ni bombas
El Rey alauita se ha limitado a plagiar el plan que con indiscutible éxito implementó su padre, Hassan II, en noviembre de 1975 en el Sáhara mientras Franco se hallaba en el lecho de muerte en el hospital madrileño de La Paz. El entonces monarca envió 400.000 personas a la colonia española el 6 de noviembre, con decenas de miles de militares camuflados entre ellos. ¿Les suena? En apenas 72 horas la interminable lengua de mar que recorre el Atlántico pasó a manos marroquíes gracias a la pasividad de un Juan Carlos I que estaba más preocupado por heredar al dictador y trincar comisiones que por salvaguardar la integridad territorial que había jurado defender.
Mohamed VI acometió el blitz del 30 de julio de manera brillante. Al César lo que es del César y al Comendador de los Creyentes lo que es del Comendador de los Creyentes. Ni un solo muerto entre los ceutíes y una ciudad semiconquistada por mucho que se volvieran por donde habían venido 60.000 invasores, más que nada, porque continúan quedando 20.000 quintacolumnistas, no los «5.000» de los que habla el mentiroso compulsivo que es Perro Sánchez —le llamo Perro porque él está encantado con la denominación y no es cuestión de llevarle la contraria—.
El inquilino por horas del celebérrimo apartamento de Atocha, Ángel Víctor Torres, mando único del Gobierno, se comportó de manera más digna al admitir que resulta «imposible decir el número exacto». En un gesto que le honra se negó a respaldar el enésimo bulo del marido de la biprocesada. Los que hemos estado allí —y no digamos los ceutíes— tenemos meridianamente claro que sólo en la bellísima playa del Trampolín transformada ahora en poblado chabolista, que lleva ya un mes y 15 días okupada, hay 5.000. Con lo cual es física y metafísicamente imposible que en el conjunto de la ciudad autónoma asienten sus reales esas 5.000 almas de las que habla el marido de la biprocesada Begoña Gómez.
El indisimulado objetivo del monarca alauita es descojonar por completo la sociología local para quedarse con Ceuta y Melilla
El indisimulado objetivo del monarca alauita es descojonar por completo la sociología local para quedarse con Ceuta y, por supuesto, Melilla, por la vía de los hechos consumados. Y pacíficamente, si es que pacíficamente se puede llamar al hecho de irrumpir ilegalmente en un país vecino como Atila y los hunos. La desolación en la plaza española es directamente proporcional al paso de los días. Más tiempo transcurre, más impotencia sienten los caballas. Especialmente porque el presidente del Gobierno, que inicialmente tildó de «violación de la integridad territorial de España» y de «ataque» lo acontecido el 30-J, habla ahora de “crisis humanitaria” y advierte a los ceutíes que se preparen porque se van a comer el marrón por el artículo 33. «Ceuta tiene que asumir una desigualdad estructural», dijo el miércoles en TVE. Vamos, que los invasores llegaron para quedarse; en fin, que los caballas se van a joder sí o sí. Aquí el único bienestar que importa es el de los invasores que llegaron para pagar nuestras pensiones —jaja— y no el de las familias que llevan viviendo allí desde tiempos inmemoriales.
El día y medio que pasé en la mágica Ceuta me permitió conocer a mucha gente, pulsar el estado de ánimo y acreditar con inevitable impotencia que el éxodo está en marcha. Hasta ese último jueves de julio que cambió la historia local, seguramente para siempre, era habitual que los ceutíes más pudientes enviasen a sus hijos a estudiar a Málaga —principal punto de destino— o a Madrid. Ahora, visto lo visto, certificado que la coyuntura es hoy peor que ayer pero mejor que mañana, son legión los que han optado por mudar a sus vástagos a buscarse un porvenir en Málaga. Ya no son únicamente los ricos locales, los padres más modestos han estrujado los ahorros para sacar a los suyos del paraíso transformado en infierno. Si tus hijas han de ir provistas de gas pimienta para que no las violen, si los más pequeños han de desplazarse al cole en coche para evitar que les roben la cartera y si no duermes por temor a que okupen tu hogar cuando no hay nadie en casa, lo normal es que hagas las maletas. La resiliencia, ese cursi concepto que popularizó el lacayo de Mohamed VI, tiene un límite.
La ‘resiliencia’, ese cursi concepto que popularizó el lacayo de Mohamed VI, tiene un límite
Antes la chavalería en edad escolar o universitaria emigraba a la Península, ahora se larga todo el que puede y en muchos casos con la madre de acompañante mientras el cabeza de familia se queda salvando los muebles en la ciudad que les vio nacer y crecer. Se repite en el sur de España la historia del País Vasco y Navarra. Primero se pone a salvaguarda a los descendientes, luego se suman el padre o la madre y, al final, ponen pies en polvorosa los últimos de Filipinas del clan.
La limpieza étnica está servida. Y devendrá en irreversible el no muy lejano día en que a Marruecos le venga en gana enviarnos otras decenas de miles de personas que en su mayor parte son mangantes. SI cuentas ya con 20.000 sobre el terreno, si de facto te has hecho con la ciudad, basta con que lleguen otros 40.000 ó 50.000 para cambiar por la vía de los hechos consumados la sociología local. Ocurrió con los ucranianos en época de Stalin, en el País Vasco hace no mucho, con los tutsis en Ruanda en 1994, con los musulmanes bosnios e históricamente con el pueblo de Yahvé. La gran diferencia es que esta invasión es sibilinamente pacífica, lo que la hace tanto más peligrosa y efectiva. O echamos con cajas destempladas a los invasores y levantamos un gigantesco muro modelo Trump o Ceuta y Melilla serán antes o después territorio Marruecos. Esto huele a rendición histórica. Tiempo al tiempo. Dios, o Alá, quieran que me equivoque.