Esa ‘Doble A’ de Casado es una buenísima elección

Esa ‘Doble A’ de Casado es una buenísima elección

Ya han salido de sus oseras –bizcas o no– ciertos auríspices de pacotilla del “ya lo decía yo” o los vergonzantes del “lo sabía pero no quise fastidiar la operación”. No obstante, la realidad les desmiente, algo que, me temo, a estos desahogados les trae exactamente por una higa. Pablo Casado soltó el viernes una sorpresa que previamente había disimulado arteramente con pistas contradictorias. José Luis Martínez-Almeida e Isabel Díaz-Ayuso fueron descartados con pertinacia en los últimos días, como si la cosa no fuera con ellos. “Quiénes sería los candidatos del PP en Madrid?”, preguntábamos sin parar al propio partido los periodistas decentes que no bizqueamos con informaciones presuntuosas. No había muchas respuestas, pero cuando presentábamos a Díaz Ayuso como un rumor a liderar la cabeza de lista de la región, respondían un “no” rotundo. Y si la interrogante se centraba en Almeida, la contestación era tan ambigua como casi definitiva: “No parece”.

Casado se ha comportado como un prestidigitador de las falsas noticias porque escondía la verdad. El líder del PP ha descolocado a los ajenos, a los periodistas y  también a los que siempre son propicios a apuntarse el tanto de la filtración. El mismo jueves, en las altas esferas de los populares se especulaba con un/una independiente muy al estilo de Bou en Barcelona o con una recuperación tan sonada como podría ser el regreso de Jaime Mayor Oreja. ¿Contribuyó esta cúpula de la formación a la estrategia de despiste de Casado? No es imposible, pero lo cierto es que se han acabado las felices épocas –para nosotros– en las que el PP era un queso gruyere en el que picoteaban los ratoncitos para para ver quién se llevaba la exclusiva.

Dicho esto, la elección de Casado no ha podido ser más acertada. Es de suponer que los votantes veletas que siguen proclamando su afección a VOX –Ciudadanos se ha condenado en el negociación de Andalucía– hartos como estaban y están de la herencia blandengue e interesada de Saénz de Santamaría y de la terrorista persecución fiscal de aquel Montoro, consideran ahora mismo la posibilidad pródiga de regresar a la casa madre. Cuando se descubra que las soflamas de boina verde del apoderado de Santiago Abascal son más de casa cuartel que de colegio electoral, las aguas regresaran posiblemente al río original. Las declaraciones ampulosas de Ortega Smith, aquellas de“dejé mi familia y la Abogacía por mi Patria” tienen difícil venta en estos tiempos, una época en la que ya nadie cree ni en el paracetamol.

En el PP van a destacar en estos meses dos púberes delfines ya casi convertidos en leones marinos o, al menos, eso es lo que de ellos espera el personal. Ni Almeida, ni tampoco Ayuso temen el liderazgo deísta de Rivera, ni el decadente socialismo de los mamporreros de Sánchez, ni la agónica política anticapitalista de Carmena que, a trancas y a barrancas, quiere repetir en el Palacio de Correos hasta los ochenta de su calendario. VOX, por ahora, se ha quedado con las migajas en el reparto andaluz. Parece que el ganador en este trance ha sido el secretario general del PP, García Egea, que le ha hecho pequeñito a Marín en todos los medios de comunicación, perversas redes incluidas. En este país donde hasta es posible que gobierne un tipo como Sánchez, nada es seguro, pero el panorama que divisa Casado cara a su convención nacional de este viernes no tiene nada que ver con el que le oprimía las sienes allá por el preverano cuando Rajoy decidió marcharse al Tour de Francia.

La sorpresa de Madrid ha sido acogida directamente con eso, con asombro y también con riesgo, pero sin ninguna displicencia. Es decir, que nadie, ni siquiera la izquierda y sus corifeos han escrito cosas como: “¡Vaya par de niñatos!”. No es seguro que los chavales de la Doble A, pero, como decía Luis Molowny de sus muchachos del Real Madrid: “Se van a dejar la piel en el campo”. Por todo esto creo personalmente que la decisión de Casado ha sido una buenísima elección.

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