La constante subida de los precios
La subida de precios sigue empobreciendo a la población, especialmente a la clase media.
Así, la inflación en diciembre se sitúa en el 2,9% interanual, según el indicador adelantado, que aunque es una décima menor que en noviembre, los datos muestran una resistencia a la baja de la inflación, y un incremento mensual, que refleja que la inflación sigue subiendo, siendo la rebaja interanual un mero efecto base.
Por su parte, la subyacente se mantiene en el 2,6% interanual. Al ser la subyacente la inflación más estructural, al eliminar de ella los componentes más volátiles, muestra que todavía hay cierta resistencia a la baja en los precios, acelerándose más los que tienen un componente menos volátil, de manera que la merma del poder adquisitivo no es pasajera.
Además, el IPC tiene una subida intermensual del 0,3%, tras haber subido un 0,7% en octubre, y un 0,2% en noviembre, de manera que es incremento sobre un potente incremento anterior, mientras que la subyacente también sube en términos intermensuales, un 0,4%, tras hacerlo un 0,5% en octubre y un 0,1% en noviembre.
Hay, por tanto, un mantenimiento de la tendencia alcista de la inflación interanual, con un IPC armonizado con la UE del 3% interanual en diciembre, que lleva a que la evolución de los precios en España esté un punto por encima del objetivo de precios del BCE.
Adicionalmente, podemos comprobar cómo los impuestos elevan los precios, ya que el IPC a impuestos constantes de noviembre -último disponible- se situó en un 2,6% interanual, casi cinco décimas menos que el IPC de dicho mes, con lo que sólo las subidas de impuestos están elevando los precios en medio punto interanual en este mes.
De no haber subido los impuestos, la presión sobre los precios sería, por tanto, alrededor de medio punto menor.
Lo grave además es que estos ritmos de crecimiento de inflación se producen sobre niveles de precios muy elevados alcanzados en los meses anteriores, con lo que sigue mermando el poder adquisitivo de los agentes económicos. La acumulación del deterioro de dicho poder adquisitivo es intenso y los agentes económicos han ido gastando sus ahorros y ajustando su cesta de la compra. Es cierto que la rebaja de tipos puede dejarles algo de renta disponible si tienen financiación a tipo variable y se la revisan, pero esa mayor laxitud en tipos puede traducirse en un repunte mayor de la inflación, que es preocupante.
Todo ello, hace que desde que gobierna Sánchez la inflación haya subido un 23,56%, mientras que la subyacente, durante su mandato, lo haya hecho un 21,09%.
Además, la preocupante evolución del crecimiento económico, basado en el gasto público (que ha expulsado a la inversión en gran parte), ha tensado los precios al alza durante mucho tiempo, con riesgo de rebrote inflacionista por los acuerdos arancelarios, que aunque se haya llegado a un pacto no deja de ser un elemento que subirá los precios. Además, dichos acuerdos arancelarios con EEUU no terminan de estar claros nunca, con muchos sectores que pueden verse muy penalizados.
Somos más pobres, con una clase media cada vez más empobrecida, con toda una generación que, por primera vez en décadas, va a vivir peor que sus padres. Ése será el triste legado económico de Sánchez: las revisiones hacia arriba del PIB con la metodología de Calviño, confesada por ella en sus memorias, no pagan facturas; la economía real de los ciudadanos ve cómo cada vez puede afrontar sus gastos con menor amplitud, porque su poder de compra ha caído, porque se han empobrecido, y eso no hay nadie que pueda esconderlo; simplemente, basta con observar la vida cotidiana de los ciudadanos en el supermercado, donde es más palpable.
Aunque la inflación es un fenómeno exclusivamente de causas monetarias, es cierto que determinado comportamiento en la política fiscal puede intensificar los desequilibrios en el corto plazo, que también pueden darse en el largo plazo si el banco central no retira suficiente liquidez para evitar el crecimiento de los precios y si, además, esa liquidez la aprovecha el sector público para incrementar más el gasto, presionando la inflación hacia arriba.
Carestía de la cesta de la compra, impuestos confiscatorios y cotizaciones asfixiantes empobrecen a una clase media que, a este paso, se irá alejando cada vez más de los estándares de nivel de vida que caracterizan a dicha clase media, cosa que sería, de confirmarse, letal para la propia evolución económica española, pues una economía necesita de una potente y próspera clase media para crecer de manera sana y equilibrada, pero la política económica de este Gobierno -y a Dios gracias que no tiene las competencias en política monetaria- intensifican ese empobrecimiento con el desbordante gasto público, los impuestos y las cotizaciones, antes mencionados. Están estrangulando la economía.