Caso Calanova: un escándalo inconcebible
Algo huele a podrido, pero en este caso no es en Dinamarca, sino en todo lo relativo a la investigación del «Caso Calanova». Las informaciones publicadas hoy en exclusiva por OKDIARIO en las que detallan las presuntas intimidaciones de dos guardias civiles de la Policía Judicial de Palma a la exmujer del conseller del PP Carlos Delgado para intentar incriminarle y, sobre todo, las formas rastreras que se utilizaron para conseguirlo, demuestran que éste es un asunto en el que es imprescindible llegar hasta el final para ver quién o quiénes están detrás de algo que supera todos los límites.
El hecho de que la fiscal Laura Pellón al interrogar a la exmujer de Delgado, sin venir a cuento, le preguntara si esta le había contado a su exmarido lo que le había dicho la Guardia Civil y luego, cuando esta le había dicho que si y que los guardias civiles le dijeron que su marido le era infiel, le volviera a preguntar si fue ella la que se lo dijo a los guardias civiles induce a pensar que asistimos a una cacería política en toda regla en la que lo que impera es la ley del «vale cualquier cosa».
El juicio será definitivo, y a este respecto conviene recordar el artículo 464 del Código Penal, que específicamente señala que «el que con violencia o intimidación intentare influir directa o indirectamente en quien sea denunciante, parte o imputado, abogado, procurador, perito, intérprete o testigo en un procedimiento para que modifique su actuación procesal, será castigado con la pena de prisión de uno a cuatro años y multa de seis a veinticuatro meses».
Existen demasiados puntos negros en esta investigación. Desde su origen, una venganza de un restaurador por no poder seguir con la explotación del restaurante de Calanova, hasta la irregular actuación de dos agentes de la guardia civil pasando, como no, por la intervención de la fiscal europea que parece querer minimizar, con su interrogatorio, lo que dijeron los guardias civiles. Carlos Delgado, el exconseller de Turismo del PP y exalcalde de Calvià, es el primer interesado en que no quede ni un solo cabo suelto y en que quien ha intentado manchar en vano su nombre y su reputación reciba el castigo que le corresponde. Sea quien sea. Caiga quien caiga.
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