El sociata y la epifanía feminista

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Ninguna cabeza que aún resista a la pertinaz tentativa de secuestro feminista creería que la solución a la violencia contra la mujer pudiera salir del político o el tertuliano que, tras el hallazgo de la joven Quer, ha vuelto a berrear esta semana la predisposición zoológica del hombre a asesinar mujeres. Como el socialista Fernández Vara o la diputada de Ciudadanos Patricia Reyes. Vendiendo todo el pescado con la genuina y tosca destreza de una pescadera genovesa de Liguria despachando las huevas de maruca al turista.

El presidente de la Junta de Extremadura apareció flagelando a su antropología en el interior de un patio porticado con más lucecitas que la Feria de Sevilla. Un grotesco vendedor del Black Friday transmutado en virgen sociata anunciando la epifanía feminista: “Las mujeres no mueren, a las mujeres las matan. A las mujeres las matamos los hombres por haber nacido mujeres”. Y tras Vara fue la bella Patricia, quien a pesar de ser feminista reaccionó como si éste le hubiera pisado “la manguera”: “Lo cierto es que una chica puede ser acosada por un hombre y, a los pocos minutos ser asesinada por otro. Es importante llamarlo por su nombre; violencia machista”.

En cuanto Diana Quer salió de aquel aljibe de Rianxo fue puesta a disposición como becaria de partido para hacer la campaña de la tropa socialista que banaliza el mal cada vez que sustituye “criminal”, “homicida”zo el típico, gutural y añorado “hijo de puta” por “machista”. Porque un machista es un carca acomplejado o una mujer que piensa que el resto de nosotras necesitamos de su paternalismo o de un código penal ‘ad hoc’ como si el que nos protegía hasta ahora no hubiera considerado siempre a los hombres y las mujeres como iguales.

En mi vida conocí a dos de esos hombres, y los dos se quedaron detrás de una puerta cuando, por lógica paridad númerica, supe cerrarla yo solita. El primero fue un viejo político de la UCD que circunscribió mi carrera profesional a una futurible portada de Interviu en pelotas. El segundo fue un prestigioso ex corresponsal de guerra con un discurso prefabricado de subsistencia de trinchera que me grabó para su programa sobre feminismo presentándome como “mujer machista” en la entradilla de mi entrevista por cargar contra las cuotas y leyes de paridad. Aunque para ser honestos, en realidad fue él quien me había pedido unos recursos pintándome la raya del ojo y los labios para amanerar el vis a vis de mi alegato. Huelga decir que ninguno de los ellos le hubiera arrancado jamás el sujetador a una mujer para lanzarla después al maletero de un Talbot.

Un machista es a ‘El Chicle’ lo que un ludópata a un asesino en serie de banqueros o cajeros de sucursales. Y un hombre es al asesinato de mujeres lo que una mujer es al infanticidio y al maltrato infantil a pesar de la evidencia de las estadísticas arrojadas por el Centro Reina Sofía que demuestran que el 64,81 % de éste es ejercido por mujeres. ¿En qué país se levanta la industria de los observatorios, los ministerios, las asociaciones y el discurso político que confieren el riesgo potencial del asesinato de niños a un ser humano por el hecho de tener ovarios? ¿Por qué entonces esa trama clientelar que se forra por triturar y postrar a la gente en su cotidianidad cuando sólo el 0,00023% de la población masculina española ha matado?

Porque una parte demasiado importante del séquito político, mediático, académico e intelectualoide ha asumido que se dirige a una sociedad vaga e infantilizada que exige al Estado el riesgo cero como derecho adquirido como el derecho a una vivienda sin pagarla o el derecho al milagro reproductivo y un útero financiado en Utah por el contribuyente a pesar de haberte reivindicado durante la mitad de tu vida como Thor en las cenas de gimnasio.

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