2018: En busca de la consolidación

2018: En busca de la consolidación

Hace diez años, en agosto de 2007, estalló la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos. La política del partido demócrata, eliminando la barrera entre la banca comercial y las operaciones de estructuración financiera compleja, años antes del estallido, así como el impulso que también dieron a la concesión de hipotecas a personas sin capacidad de endeudamiento y devolución, es decir, de alto riesgo, hizo que, ante el impago de estos últimos, dicho quebranto se propagase por toda la economía, debido a la titulización de dichas hipotecas que había permitido el cambio de legislación antes comentado.

En España, pese a la negación de la realidad por el entonces gobierno socialista, la crisis comenzó a mostrar sus efectos en diciembre de 2007, primer mes en el que el paro registrado aumentó tras muchos años de descenso. De ahí en adelante, años de dura crisis, con unos horribles 2009, de destrucción masiva de empleo, y 2011 y 2012, con la presión de un posible rescate sobre España -para el que nunca, pese a los malos datos macro, hubo motivo, pero al que la incertidumbre empujaba- que el ya gobierno del PP pudo resolver. Por el medio, la crisis bancaria, aplacada con el MoU financiero, y tipos del 7% en la financiación de la deuda a diez años, habían constituido un calvario en el día a día de nuestro país.

Después de ello, años de inicio de cambio de tendencia, con abaratamiento de la financiación en los mercados ya en 2013, que se mantuvo en los siguientes ejercicios debido a la tremenda inyección de liquidez del BCE, a razón de 60.000 millones de euros al mes. Poco a poco, tras llegar a la horrible cifra de seis millones de parados, la economía española fue recuperando la confianza, tanto exterior como interior: volvieron inversiones y los consumidores volvieron a incrementar el consumo. El resultado ha sido un crecimiento del PIB superior al 3%, con la creación de millones de puestos de trabajo y recuperación de los niveles de afiliación previos a la crisis, en el que ha influido notablemente la reforma laboral de 2012, que flexibilizó el mercado de trabajo.

Ahora bien, hay que seguir reformando para que en 2018 se consolide el crecimiento y el empleo, pues la economía es un ciclo y hay que estar preparados para cuando retorne la parte bajista. Nubes en el horizonte hay, como el negativo impacto que el intento de golpe de Estado de los separatistas ha producido en la economía, cuya reincidencia sería fatal para la prosperidad. Igualmente, el inicio de la retirada de la inyección extraordinaria de liquidez por parte del BCE, que la realizará de manera paulatina, también constituye un elemento que incorpora dudas y riesgo, pues aunque es imprescindible retornar a una política monetaria menos laxa, la retirada hay que hacerla con suma prudencia, al afectar directamente al sistema financiero y, por tanto, a toda la economía. Las proyecciones para 2018 siguen siendo buenas, con crecimientos de alrededor del 3% y creación neta de empleo, pero hay incertidumbres ante las que debemos preparar a nuestra economía para minimizar los riesgos de impacto negativo. Esperemos que 2018 consolide la recuperación de la economía. Feliz año nuevo para todos los lectores.

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