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Hito para la esperanza: científicas mexicanas crean arrecifes más resistentes y ya las llaman ‘las matronas del coral’

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Recreación de un arrecife con corales.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Los arrecifes de coral sostienen una parte clave de la vida marina y protegen las costas frente a tormentas. Además, alimentan economías locales ligadas a la pesca y al turismo.

Sin embargo, pocos saben que su reproducción depende de un equilibrio muy frágil. Cuando las colonias quedan aisladas o el agua se degrada, el proceso falla y el ecosistema pierde capacidad de regenerarse. Ahí es donde la intervención humana resulta clave.

Estas científicas mexicanas crean arrecifes más resistentes y las llaman ‘las matronas del coral’

Un equipo de científicas mexicanas ha conseguido cultivar corales más resistentes en el Caribe y lograr que se reproduzcan por sí solos en el mar. El grupo, liderado por la bióloga Anastazia Banaszak desde la Universidad Nacional Autónoma de México, lleva dos décadas perfeccionando un método que combina trabajo de campo y laboratorio.

El punto de partida es muy concreto. Durante noches específicas del año, las investigadoras se sumergen para recoger óvulos y esperma que los corales liberan de forma sincronizada. Esa ventana dura apenas unos minutos y exige una planificación precisa basada en años de datos.

En el laboratorio, el equipo realiza la fecundación de forma controlada. Después crían los embriones en condiciones muy cuidadas hasta que se convierten en larvas capaces de fijarse a un sustrato. Cuando alcanzan un tamaño de uno o dos centímetros, los trasladan al arrecife.

Este enfoque cambia el modelo habitual. Otros proyectos fragmentan corales existentes y replican clones. Aquí, cada nuevo coral es genéticamente distinto. Esa diversidad marca la diferencia frente a enfermedades, huracanes o el aumento de temperatura del agua.

Los resultados ya son visibles, colonias cultivadas en laboratorio han sobrevivido a episodios recientes de blanqueamiento masivo y a enfermedades que han arrasado arrecifes enteros. Algunas incluso han alcanzado la madurez y participan en desoves naturales junto a poblaciones salvajes.

El equipo también ha desarrollado un banco genético con unas 2.000 muestras de esperma de especies amenazadas. Este repositorio actúa como respaldo si las condiciones ambientales empeoran y permite conservar diversidad para futuras restauraciones.

Además, las investigadoras han formado a más de 200 especialistas de 23 países. Sus protocolos ya se aplican en distintos puntos del Caribe y otras regiones, lo que amplía el impacto del proyecto más allá de México.

Cómo recuperar el arrecife del Caribe mexicano paso a paso

El equipo analiza registros acumulados durante casi dos décadas para predecir el momento exacto en que cada especie liberará sus gametos. Esa precisión evita perder campañas enteras de trabajo.

Tras la recolección, las científicas separan el material. Parte del esperma se congela para el banco genético y el resto se utiliza en la fecundación. Los embriones crecen en incubadoras con agua de mar controlada hasta que desarrollan movilidad.

Cuando las larvas buscan dónde asentarse, el equipo introduce estructuras de cerámica o cemento previamente acondicionadas en el mar. Ahí comienza una fase crítica: la simbiosis con microalgas que les permite obtener energía.

En acuarios con luz natural, las investigadoras ajustan temperatura, salinidad y nutrientes. Ese entorno favorece el crecimiento inicial antes de devolverlos al océano. La elección del lugar de siembra también influye, pues no todos los puntos del arrecife ofrecen las mismas condiciones.

Desde los años ochenta, los arrecifes del Caribe mexicano han perdido gran parte de su cobertura. El aumento de la temperatura, la contaminación y las enfermedades han reducido las colonias sanas y dificultan su reproducción natural.

La consecuencia va más allá de la biodiversidad. Los arrecifes amortiguan la fuerza de los huracanes y sostienen especies comerciales. Cuando desaparecen, las costas quedan más expuestas y la pesca pierde su base. Por eso, restaurarlos resulta clave para mantener el equilibrio ecológico y proteger a las comunidades que dependen de ellos.

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