Naturaleza

Crece la preocupación entre los expertos por la sequía, aunque los embalses españoles están al 83,5% de su capacidad

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Embalse La Serena. Foto: Turismo La Serena
  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

España respira aliviada tras salir oficialmente de la sequía que comenzó en 2021. Los embalses registran niveles insólitos, alcanzando el 83,5% de su capacidad, el punto más alto para un mes de marzo en toda la serie histórica.

Sin embargo, tras esta disponibilidad hídrica, los investigadores y expertos lanzan un aviso: la abundancia actual podría estar gestando la próxima y más severa crisis del agua.

La comunidad científica alerta sobre el riesgo de sequía pese al nivel histórico de los embalses

El optimismo que genera ver los pantanos llenos esconde una realidad técnica preocupante. El sistema entra en su fase más crítica precisamente cuando el agua parece sobrar.

La sequía no es solo la ausencia de lluvia, sino el momento en que el consumo humano y agrícola es incapaz de ajustarse a la variabilidad natural de las entradas de agua.

La relajación de las administraciones y el levantamiento de restricciones después de un enero excepcionalmente húmedo podrían ser un espejismo peligroso. Es más, en determinadas condiciones, bastaría un solo año seco para que España regresara a una situación de emergencia, especialmente si la gestión continúa siendo reactiva en lugar de anticipada.

Por qué el llenado de los pantanos es el momento más peligroso para la gestión hídrica

Según explica Jorge Rodríguez-Chueca, profesor de la Universidad Politécnica de Madrid, en The Conversation, la historia reciente de España demuestra un patrón recurrente: en periodos de abundancia, la demanda de agua se dispara. El aumento de las reservas suele incentivar la concesión de nuevos permisos de riego, la creación de instalaciones industriales y el desarrollo de parques que elevan la base de consumo.

Cuando llega el siguiente periodo seco, el margen de actuación es mucho menor porque el sistema se ha vuelto más dependiente de un recurso finito. Investigaciones de medios especializados como Datadista revelan que, desde la sequía de los años 90, cada ciclo de escasez ha servido para implantar de emergencia que luego no se eliminan.

Estas prácticas terminan ampliando los regadíos, lo que agrava la sobreexplotación de los recursos en la siguiente crisis. Incluso como la modernización del riego actúan como un «regalo envenenado». Aunque reducen el consumo por hectárea, fomentan la conversión de fincas de seco en regadío, incrementando la demanda global.

La sobreexplotación de acuíferos y la contaminación por nitratos: un problema estructural

La situación del subsuelo es alarmante. Según el análisis de Datadista de los Planes de Tercer Ciclo (2022-2027) presentados ante Bruselas, el 44% de las masas de agua subterránea en España se encuentra en mal estado, ya sea por sobreexplotación, por contaminación o por ambas causas.

Cuencas como las del Guadiana, el Segura o las internas de Cataluña muestran niveles críticos de deterioro cuantitativo.

La calidad del agua también compromete el abastecimiento. En 2024, al menos 257.000 personas en 332 municipios no pudieron beber agua del grifo debido al exceso de nitratos, un contaminante derivado de los fertilizantes agrícolas y las macrogranjas.

Este problema se agrava durante la sequía, ya que la falta de lluvia concentra los elementos tóxicos en los acuíferos. Casos emblemáticos como el Mar Menor, las Tablas de Daimiel o Doñana ilustran el fracaso de las figuras de protección frente a una explotación que prioriza el rendimiento económico inmediato sobre la sostenibilidad del ecosistema.

La recuperación de estos entornos ya exige inversiones que superan los mil millones de euros, evidenciando que el coste de la inacción es inasumible a largo plazo.

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