La desconocida especie de hormigas que emite CO₂ a la atmósfera y reduce su presencia en los bosques tropicales
Las hormigas suelen pasar desapercibidas, pero su peso en el planeta resulta enorme. Los científicos calculan que existen unos 20.000 billones de individuos repartidos por todos los ecosistemas, con un papel clave en procesos que van desde la aireación del suelo hasta el reciclaje de nutrientes.
Dentro de esa diversidad, una especie concreta ha llamado la atención por su efecto directo en la atmósfera y en el equilibrio de los bosques tropicales, ya que es capaz de liberar CO₂ y alterar el funcionamiento del suelo.
Esta es la especie de hormiga que emite CO₂ a la atmósfera y reduce la vegetación en los bosques tropicales
Un equipo de la Universidad de Costa Rica ha analizado a la hormiga cortadora de hojas Atta cephalotes, muy común en Centroamérica y Sudamérica. Estos insectos construyen nidos subterráneos complejos que funcionan como sistemas de ventilación natural.
Los investigadores comprobaron que los hormigueros activos pueden aumentar entre un 15% y un 60% las emisiones de CO₂ del suelo frente a zonas sin presencia de estas colonias. Los orificios de ventilación expulsan concentraciones de gas muy superiores a las del terreno intacto, lo que acelera la salida de carbono hacia la atmósfera.
El fenómeno no termina cuando la colonia abandona el nido, sino que los científicos detectaron que la estructura del suelo sigue facilitando la liberación de CO₂ durante más de dos años. El terreno queda alterado, con galerías que siguen funcionando como canales de escape del gas.
Cómo la hormiga cortadora de hojas altera el suelo y libera CO₂
Esta hormiga reduce la vegetación al cortar hojas de forma masiva y transportarlas bajo tierra, donde las utiliza para cultivar un hongo del que depende. Esa actividad disminuye la biomasa en zonas concretas del bosque y limita la capacidad de las plantas para capturar carbono.
El impacto no domina a escala global, pero sí se nota a nivel local. Los cálculos sitúan su contribución entre el 0,2% y el 0,7% de las emisiones de CO₂ del suelo en bosques tropicales. En ecosistemas con miles de colonias, ese porcentaje resulta significativo.
Dentro del hormiguero, el carbono se transforma y se libera de forma constante. El hongo procesa la materia vegetal y emite CO₂, mientras que los residuos orgánicos se acumulan en zonas específicas donde bacterias y otros microorganismos aceleran la descomposición y generan más gases.
El tamaño de las colonias y su propio funcionamiento refuerzan ese efecto. Un solo nido puede albergar millones de individuos y cuenta con conductos que expulsan el aire cargado de gases al exterior.
Aun así, su presencia no siempre se mantiene, la presión humana, los cambios ambientales y el agotamiento de recursos obligan a muchas colonias a reducirse o desplazarse. Cuando la vegetación cercana no se recupera al mismo ritmo, las hormigas abandonan el nido y buscan nuevas zonas donde establecerse.
Los expertos aclaran que su actividad no supone un problema en sí misma, pero sí obliga a tenerlas muy en cuenta para entender cómo funcionan estos ecosistemas y cómo circula el carbono en el suelo.