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Los botánicos están en vilo: preocupa el futuro de un extraño árbol de madera morada que solo existe en Mexico

Madera morada de la especie Peltogyne sp. Foto: Prefeitura Municipal de Belém, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons
Madera morada de la especie Peltogyne sp. Foto: Prefeitura Municipal de Belém, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El Peltogyne mexicana es el único árbol de madera morada que existe en México y en todo el hemisferio norte del continente americano. Su madera posee un color que va del violeta suave hasta tonos casi negros. Esta característica lo convirtió durante décadas en una de las piezas más codiciadas del estado de Guerrero.

Hoy, las poblaciones silvestres se han reducido tanto que, según un análisis de expertos mexicanos, la especie figura en la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT como amenazada y, desde 2022, en la Lista Roja de la UICN como especie en peligro de extinción. Este árbol es endémico de la región, por lo que no crece en ningún otro lugar del mundo. Y eso, lejos de ser un dato pintoresco, lo convierte en un caso claro de conservación.

El árbol de madera morada que tardó 163 años en tener nombre científico

La primera referencia escrita del Peltogyne mexicana data de 1797. El botánico franco-español Luis Née lo documentó en el puerto de Acapulco durante la Expedición Malaspina, pero sus notas quedaron en cartas dirigidas al naturalista Alejandro Malaspina. No fue hasta 1960, es decir, 163 años después, cuando el botánico Maximino Martínez lo describió formalmente como especie nueva de árboles en los Anales del Instituto de Biología de la UNAM.

El palo morado se distribuye únicamente en tres municipios del estado de Guerrero: Chilpancingo, Juan R. Escudero (Tierra Colorada) y Acapulco. Su pariente más cercano, el Peltogyne purpurea, crece recién a 2.000 kilómetros de distancia, en Costa Rica y Panamá. Por lo que esta especie única desaparece de México, desaparece del planeta.

Por qué la madera del palo morado es tan codiciada

La madera morada del Peltogyne mexicana debe su tono a la parte más densa del tronco, donde se acumulan compuestos llamados peltoginoides. Esos pigmentos naturales producen una coloración que va del violeta suave al casi negro cuando la madera queda expuesta al aire. El género Peltogyne pertenece a la misma familia botánica que el Hymenaea, el árbol cuya resina fosilizada conocemos hoy como ámbar.

Durante el auge turístico de Acapulco en los años cincuenta y sesenta, la madera del palo morado se usó para construir cascos de navíos, vigas, pisos, puertas y muebles residenciales. Es la especie del género con mayor densidad y solidez, con un peso de entre 0,8 y 1,0 g/cm³, según documenta la investigadora Solange Sotuyo, del Departamento de Botánica del Instituto de Biología de la UNAM, en su artículo publicado en la Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Asimismo, procesar esa madera tiene un costo, ya que el calor de la fricción libera una resina pegajosa que obstruye las herramientas y exige secado especial en horno. Actualmente, la especie sigue presente en artesanías torneadas, instrumentos musicales e incrustaciones de dominó con plata. Sin embargo, las poblaciones silvestres ya no pueden sostener esa demanda.

¿Qué hace falta para que el palo morado no desaparezca en México?

La combinación de deforestación, cambio de uso de suelo, saqueo ilegal y expansión urbana dejó al Peltogyne mexicana sin margen. A eso se suma su crecimiento lento, que impide una recuperación natural rápida de las poblaciones afectadas.

Un estudio reciente publicado en Botanical Sciences analizó 500 semillas de diez árboles y encontró que las semillas de mayor peso (entre 0,67 y 0,75 gramos) alcanzan tasas de germinación de hasta el 94,1%, con el pico de germinación en el día 11 desde la siembra. El conocimiento técnico para reproducir la especie en viveros ya existe. El camino hacia la reforestación está trazado.

Lo que no está, según la investigadora Sotuyo, es la voluntad política. En su conclusión, puntualiza que «las acciones gubernamentales para evitar la extinción del palo morado parecen insuficientes, si no es que nulas».

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