Se plantaron en España hace 130 años para controlar las dunas: hoy es una feroz planta invasora que expulsa a otras del ecosistema
Cuando se trata de plantas, muchas veces se tiene la idea de que más vegetación es siempre mejor. Pero la realidad es que algunas pueden suponer un peligro serio si se introducen fuera de su hábitat natural y encuentran las condiciones perfectas para expandirse sin control.
En este caso hay una planta invasora que a muchos les parece decorativa y que durante décadas se usó incluso para obras públicas, pero que termina siendo una de las amenazas más agresivas para la flora y la fauna de las costas españolas.
Esta es la planta invasora que destruye la flora nativa y amenaza los ecosistemas costeros españoles
La uña de gato (Carpobrotus edulis) es una planta suculenta originaria de Sudáfrica que llegó a España a finales del siglo XIX. El primer registro oficial de su presencia en la península data de 1892 en Baiona, Galicia.
Su introducción fue completamente intencionada, los paisajistas la plantaron en jardines costeros por sus vistosas flores amarillas y rosadas, y los ingenieros la usaron para fijar dunas, taludes y vías de tren porque crecía con rapidez en terrenos arenosos y pobres.
Lo que parecía una solución resultó ser una catástrofe. Sin enemigos naturales en el clima mediterráneo y atlántico, la planta escapó de los jardines y las obras en cuestión de décadas. Cualquier fragmento arrastrado por el viento, el agua o las gaviotas echa raíces en pocos días.
Hoy está estrictamente prohibida por la ley española e incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras desde 2013. Sus focos más graves se concentran en el litoral cantábrico, con presencia masiva en Asturias, el País Vasco y Galicia; en el Mediterráneo, afectando zonas protegidas como la Costa Brava, el Delta del Ebro y Menorca; y en el entorno de Doñana y las playas de Cádiz.
Cómo afecta la uña de gato a la flora, la fauna y la economía de las costas españolas
El daño más visible es la asfixia de la flora nativa. Sus densas alfombras impiden que la luz solar llegue al suelo y eliminan físicamente las semillas de las plantas autóctonas. Almacena sales en sus hojas suculentas y cuando estas caen alteran el pH del suelo, haciéndolo hostil para cualquier otra especie. Sus flores atraen masivamente a los insectos polinizadores, dejando a la flora autóctona sin agentes de reproducción.
El impacto sobre la fauna es igualmente grave. Al sustituir la vegetación nativa desaparecen los refugios de reptiles como el camaleón común en Andalucía o la lagartija balear. Los insectos locales no se alimentan de esta planta exótica, lo que reduce la población de invertebrados y deja sin alimento a las aves costeras.
En la playa de La Jara, en Sanlúcar de Barrameda, voluntarios de Ecologistas en Acción han cartografiado más de 40 puntos negros de invasión en un solo tramo de costa, con efectos directos sobre el camaleón común y la vegetación dunar autóctona.
La paradoja es que se plantó para fijar dunas, pero sus raíces desestabilizan la arena en lugar de retenerla. Su retirada tampoco es sencilla, los ayuntamientos deben arrancarla a mano cada año porque el uso de herbicidas está prohibido en zonas costeras, lo que supone un coste económico constante para las administraciones.
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