La psicología dice que las personas que procrastinan con el móvil no son vagas ni perezosas: lo hacen por instinto de supervivencia
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Hoy en día tener el móvil al alcance de la mano es algo completamente normal, una herramienta que forma parte de la rutina de cualquier persona. Pero el problema llega cuando ese móvil aparece en medio del trabajo, antes de una reunión importante o justo cuando hay que entregar algo urgente.
Lo que muchas personas no saben es que ver a alguien con el móvil en esos momentos no significa necesariamente que sea una persona vaga o sin disciplina. La neurociencia tiene una explicación distinta, y cambia por completo la forma de entender ese hábito.
Esta es la razón por la que las personas procrastinan con el móvil por instinto de supervivencia y no por pereza
Un estudio publicado en la revista Current Biology por un equipo de la Universidad de Kioto ha vuelto a poner sobre la mesa la relación entre procrastinación y supervivencia. Los investigadores trabajaron con dos monos a los que se les pedían dos tareas distintas.
En la primera recibían agua como recompensa. En la segunda recibían la misma recompensa pero acompañada de un soplo de aire en la cara. Ante la tarea que incluía ese castigo, los primates dudaban cada vez más antes de iniciarla.
Los investigadores modificaron entonces la conexión entre la parte del cerebro que evalúa la motivación y la que activa la acción. Sin ese freno, los monos se ponían en marcha sin dudar aunque sabían que el soplo de aire llegaba.
La conclusión es clara: cuando el cerebro detecta una tarea asociada a incomodidad o al riesgo de fracaso, activa un mecanismo de inhibición que frena la acción como si fuera un sistema de protección emocional.
Lo que ocurre con el móvil es exactamente lo mismo. Al enfrentarse a una tarea que genera ansiedad, la amígdala, la región cerebral encargada de detectar peligros, se activa. Para el cerebro primitivo, el estrés de un informe pendiente o un examen se procesa igual que la amenaza de un depredador.
La corteza prefrontal, que es la zona racional encargada de planificar, queda bloqueada temporalmente. Y el cerebro busca una salida, y en este caso el móvil es esa salida.
Por qué el móvil es el refugio perfecto para el cerebro cuando huye del estrés
El teléfono no es atractivo en esos momentos por casualidad. Está diseñado para hackear los mecanismos de recompensa del cerebro y ofrecer alivio inmediato al malestar emocional.
Al abrir redes sociales o vídeos, la amígdala se calma porque interpreta que se ha salido de la zona de peligro. Cada notificación, cada vídeo corto o cada like genera una pequeña descarga de dopamina. El cerebro premia esa conducta de huida porque la interpreta como una acción exitosa que ha resuelto la amenaza.
Las aplicaciones funcionan además con un sistema de recompensa variable, el mismo principio que los casinos. No se sabe qué se va a encontrar al deslizar la pantalla, y esa incertidumbre mantiene al cerebro enganchado.
El brillo, los colores y el movimiento constante saturan los sentidos hasta el punto de que no queda espacio para el pensamiento racional. El cerebro se anestesia temporalmente y olvida por completo la tarea que le generaba ansiedad.
El problema es que el alivio dura poco. Cuando se cierra la aplicación y la tarea sigue ahí, la ansiedad regresa con más fuerza. La amígdala se activa de nuevo y el ciclo se repite.
La psicología actual recomienda dejar de culparse por procrastinar, aceptar la emoción incómoda que genera la tarea y dar pasos mínimos de apenas dos minutos para demostrarle al cerebro que no hay ningún peligro real. El problema no está en la falta de disciplina. Está en que el cerebro no sabe distinguir un informe de Excel de un depredador de las cavernas.
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