Tres menores fallecidos este verano por golpes de calor en España: por qué los niños son uno de los grupos más vulnerables
Los pediatras recuerdan que los niños, especialmente los menores de cinco años, poseen mecanismos de regulación térmica todavía inmaduros

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El verano de 2026 está dejando un preocupante balance de víctimas por las altas temperaturas. Mientras el calor extremo se ha relacionado con más de 3.000 fallecimientos en España, según las estimaciones del sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), tres menores han perdido la vida en apenas unas semanas como consecuencia de golpes de calor, una tragedia que los especialistas consideran, en gran medida, prevenible.
Los tres casos, ocurridos entre julio y principios de agosto, han conmocionado a la sociedad. Un niño de dos años falleció en Valls (Tarragona) tras permanecer varias horas en el interior del vehículo de su padre; un bebé de 20 meses murió en Fuerteventura después de quedar atrapado en un coche expuesto a temperaturas extremas; y un adolescente de 13 años perdió la vida en Córdoba tras sufrir un golpe de calor mientras realizaba actividad física al aire libre durante una jornada de intenso calor.
Aunque las circunstancias fueron diferentes, todos los casos tienen un denominador común: el organismo infantil es mucho más vulnerable a las temperaturas extremas que el de un adulto.
Un cuerpo que se sobrecalienta con mayor rapidez
Los pediatras recuerdan que los niños, especialmente los menores de cinco años, poseen mecanismos de regulación térmica todavía inmaduros. Producen más calor por kilogramo de peso, sudan menos, tienen una mayor superficie corporal en relación con su tamaño y dependen completamente de los adultos para hidratarse, protegerse del sol o abandonar un ambiente caluroso.
Todo ello hace que su temperatura corporal pueda elevarse de forma muy rápida. Cuando el organismo supera aproximadamente los 40 grados y deja de ser capaz de disipar el calor, se produce un golpe de calor, una urgencia médica que puede provocar daños irreversibles en el cerebro, el corazón, los riñones y otros órganos vitales.
Un coche puede convertirse en un horno en pocos minutos
Los expertos insisten en que el interior de un vehículo es uno de los lugares más peligrosos durante el verano.
Con una temperatura exterior de 35 ºC, el habitáculo puede superar los 50 ºC en apenas 15 o 20 minutos y acercarse a los 60 ºC poco después. Abrir ligeramente las ventanillas apenas modifica esta evolución, por lo que dejar a un menor solo dentro del vehículo, aunque sea durante unos minutos, puede tener consecuencias fatales.
Además, el olvido involuntario de menores en el coche no responde necesariamente a una negligencia consciente. La literatura científica ha descrito cómo situaciones de estrés, cambios en la rutina o fatiga pueden favorecer fallos de memoria prospectiva. Precisamente por ello, las asociaciones de pediatría recomiendan implantar hábitos de seguridad, como dejar el bolso, el teléfono móvil o cualquier objeto imprescindible junto a la silla del niño para obligarse a revisar el asiento trasero antes de abandonar el vehículo.
Cómo reconocer un golpe de calor
Los primeros síntomas pueden comenzar con irritabilidad, sed intensa, piel muy caliente, cansancio extremo, mareos o dolor de cabeza.
Cuando el cuadro progresa, aparecen signos de alarma como una temperatura corporal superior a 40 ºC, confusión, dificultad para hablar, convulsiones, pérdida de conciencia o ausencia de sudoración en algunos casos. En ese momento la situación constituye una emergencia médica.
Qué hacer mientras llegan los servicios de emergencia
Ante la sospecha de un golpe de calor, los especialistas recomiendan llamar inmediatamente al 112 y comenzar a enfriar a la persona cuanto antes.
Debe trasladarse a un lugar fresco o con sombra, retirar el exceso de ropa, aplicar agua fría sobre el cuerpo y favorecer su evaporación mediante ventiladores o corrientes de aire. También pueden colocarse compresas frías en cuello, axilas e ingles, donde existen grandes vasos sanguíneos que ayudan a reducir la temperatura corporal.
Si la persona está consciente puede ofrecerse agua en pequeños sorbos. En cambio, si presenta alteración del nivel de conciencia o convulsiones, no debe administrarse ningún líquido por boca debido al riesgo de aspiración.
La prevención sigue siendo la mejor herramienta
Los pediatras insisten en que la inmensa mayoría de estos episodios son evitables. Nunca debe dejarse a un niño solo dentro de un vehículo, aunque el motor permanezca encendido o las ventanillas estén abiertas.
También recomiendan evitar la actividad física intensa durante las horas centrales del día, mantener una hidratación frecuente, vestir ropa ligera y de colores claros, permanecer en lugares frescos y prestar especial atención a los lactantes y a los niños pequeños, que muchas veces no son capaces de expresar que tienen sed o que están sufriendo un exceso de calor.
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