Viajar más gastando menos gracias a trucos que de verdad funcionan
Viajar bien y gastar menos es el sueño de todo viajero empedernido. En este artículo se recoge la experiencia de alguno de ellos que aseguran que, con un poco de información, sí es posible reducir los gastos e invertir algo más en experiencias viajeras auténticas.
Estos viajeros consultados aseguran, para alegría y regocijo de la comunidad, que no es necesario decir adiós a la comodidad ni al acceso de actividades interesantes y memorables y mantener el presupuesto bien regulado. Bastaría con cambiar de perspectiva y probar a viajar con ideas nuevas, escapando del habitual y encorsetado turismo de siempre.
Planificación flexible para ahorrar sin esfuerzo
La flexibilidad consiste en aprovechar festivos o puentes para una escapada rápida, para lo que es recurrente la búsqueda online de una buena oferta viajes en Semana Santa, Navidades o puentes más o menos largos que recorten gastos y abra puertas a rutas inesperadas y destinos alternativos, es decir, no buscar los destinos de siempre y adelantarse en el tiempo. Quienes reservan con previsión acceden a tarifas más bajas, alojamientos con cancelación gratuita y transportes mejor conectados, mientras que los más espontáneos pueden encontrar chollos de última hora si no se cierran en un único destino.
Una táctica que funciona especialmente bien consiste en repartir noches entre dos lugares distintos, equilibrando un destino más caro con otro más económico y cercano. Así se maximiza el viaje y se descubren rincones auténticos sin disparar el presupuesto. La segunda ciudad suele acabar siendo la sorpresa del itinerario, encontrando mercados más baratos, monumentos menos concurridos y un pulso local más auténtico y genuino.
Viajar como un residente temporal
Buscar actividades gratuitas o de bajo coste se convierte en una forma inteligente de conocer un lugar de una forma más inmersiva y realista. Muchos museos ofrecen días sin entrada, los barrios organizan festivales vecinales y los mercados temporales llenan plazas con música y comida tradicional. Basta con revisar agendas locales o preguntar en el alojamiento para convertir un paseo casual en un plan inolvidable.
El alojamiento es otro gran capítulo que merece variar y transformar. Dormir en barrios no turísticos, pero bien conectados, permite ahorrar hasta un 40 % en estancias y, además, acerca al viajero a panaderías familiares, restaurantes de menú diario y transporte público asequible. Además, moverse en bici pública o tren ligero aporta libertad y evita gastos constantes en taxis. De nuevo se obtiene una experiencia más auténtica y cercana, una mejor forma de conocer el lugar que se visita.
Para comer, nada mejor que seguir la pista de quienes viven allí. Un camarero amable o el taxista del aeropuerto pueden recomendar trattorias, tabernas o marisquerías fuera del circuito turístico, donde la calidad y el precio se dan la mano.
Improvisar con cabeza para multiplicar el presupuesto
Moverse sin rigidez horaria puede ser clave. Cambiar hora o ruta de transporte puede bajar el coste a la mitad en trenes, autobuses e incluso ferris, y combinar medios (bus con vehículos compartidos, tren con bici) abre opciones más rápidas y sobre todo económicas. Estas acciones propician que el propio trayecto se convierta también en parte de la aventura.
Por último, recuerda que viajar con la agenda llena dispara el gasto porque obliga a pagar cualquier actividad disponible, mientras que improvisar sobre el terreno permite aprovechar recomendaciones de otros viajeros y ofertas que no se encuentran en las guías.