Martín Blas grabó a Fernández Díaz y luego se quedó la cinta, principal línea de investigación

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El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz. (Foto: EFE)

El comisario Marcelino Martín Blas intervino de modo directo en la grabación de la entrevista en 2014 entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el director de la Oficina Antifraude de Cataluña, Daniel de Alfonso. Martín Blas, que en ese momento era el máximo responsable de Asuntos Internos, transcribió el contenido de la conversación entre el ministro y el responsable de la lucha contra el fraude y custodió personalmente la grabación. Todas las sospechas de los responsables del Ministerio del Interior sobre la filtración del audio recaen sobre el comisario, máxime cuando la cinta fue entregada a una periodista con la que tiene una estrecha relación, según dichas fuentes.

La grabación de este encuentro fue efectuada desde el propio despacho del ministro. En esta misión participó el entonces jefe de Asuntos Internos, Marcelino Martín Blas porque se había especializado en la lucha contra la corrupción en Cataluña. Sobre cómo se realizó técnicamente la grabación existen varias hipótesis: una mera grabadora o el maletín manipulado del propio De Alfonso, pero todas llevan al mismo destinatario del audio, el comisario Martín Blas. Y en él se centran ahora todas las sospechas de los investigadores sobre la grabación y filtración.

La idea era reconstruir la entrevista de Fernández Díaz con De Alfonso para explorar sus posibilidades operativas desde una perspectiva de pura investigación policial. Martín Blas, a través de sus subordinados, realizó una transcripción de la grabación, según confirman diversas fuentes policiales.

La reciente difusión del audio y la polémica suscitada trastocó el papel de una grabación que fue realizada desde el ministerio del Interior pero que fue difundida a cuatro días de las elecciones generales con el único fin de hacer daño al Gobierno y al Partido Popular. Para complicar la papeleta, Interior encargó a la UDEF que investigara el origen del registro sonoro cuya paternidad habían negado públicamente al unísono Fernández Díaz y De Alfonso.

Sin embargo, en el ministerio sobraban mandos que podían explicar que esa grabación apuntaba a un destacado miembro de la casa. Pero en vísperas electorales, Interior prefirió disipar el origen de la misma.

La paradoja es que esta espiral puede acabar poniendo en la picota a los subordinados que grabaron esta entrevista con fines operativos, ya que los investigadores se plantean citar a los mandos policiales que orquestaron la visita del jefe de la Oficina Antifraude catalana al ministro del Interior. Y ello puede llevar al desastre si alguno de ellos confiesa la realidad de la grabación: que no fue un pinchazo externo ni incontrolado.

Más allá de la incomodidad de la versión real de esta grabación hay un hecho en el que convergen todos los relatos: Martín Blas fue el custodio último de la cinta.

La tesis del maletín espía tiene valedores y detractores. Fuentes conocedoras del encuentro del ministro con el director de la oficina Antifraude rechazan la tesis de que De Alfonso hubiera sido espiado por la Policía a través la manipulación de su maletín: “¿Para que íbamos a pincharlo si estaba todos los días hablando con nosotros?”.

Pero incluso los mandos que sostienen que el pinchazo de la conversación del ministro lo realizó el propio Marcelino Martín Blas, a través de la manipulación del maletín del ex director de la oficina Antifraude, no dejan de apuntalar lo esencial de esta operativa: que el ministro fue grabado por un subordinado. Y que el audio lo tenía al final Martín Blas.

Porque hay un relato policial unánime: todas las fuentes consultadas, tanto sus enemigos acérrimos como agentes neutrales, avalan que era conocido en Interior que Martín Blas fue el depositario último de esta cinta que transcribió hace dos años. Su malestar tras ser destituido como comisario de Asuntos Internos le hace ganar puntos de cara a ser sospechoso número uno de la filtración del audio con el único objeto de hacer daño al Gobierno.

Si hubiera grabado ilegalmente a su ministro no habría durado un minuto en el cuerpo. Nadie temía entonces su traición y el único riesgo posible: que la divulgara. Los mandos policiales, que sabían que Martín Blas era el depositario de la grabación, no sentían ningún temor por el contenido del audio porque se había realizado por motivos operacionales y para uso interno.

La tesis de que grabó la charla el propio De Alfonso tiene sus seguidores policiales, pero ofrece serias lagunas. Eso llevaría al absurdo de que tras registrar su charla con el ministro del Interior luego se la entregó a la Policía para transcribirla, a pesar de saber que los secretos que reveló podían costarle, como temía y ha ocurrido, su puesto.

Este diario solicitó la versión de Martín Blas. Pese a saber el contenido de lo que iba a ser publicado (que fue el depositario de la polémica grabación e incluso participó en su gestación según algunas fuentes) no quiso matizar nada.

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