Jeanine Áñez designa gabinete de manera urgente

Jeanine Añez
Jeanine Añez, presidenta de Bolivia tras la dimisión de Evo Morales. (Ep)
  • Raúl Redondo | atalayar.com

Jeanine Áñez, presidenta interina de Bolivia, ha nombrado nuevo Gobierno de manera urgente para encaminar al país y con la vista puesta en la celebración de unas próximas elecciones para desencallar al país de la situación en la que está.

La nueva dirigente boliviana ha recibido el apoyo de algunos países latinoamericanos y el rechazo de otros. Mientras, Estados Unidos se ha postulado en favor de la nueva jefa de Estado.

El nuevo Ejecutivo está formado por once personas, lejos de equipos con más componentes, como suele ser habitual. Esto da muestra de la excepcionalidad y urgencia del momento. Este extremo tiene su lógica ya que Áñez anunció que la situación es circunstancial y que el objetivo de este nuevo Ejecutivo es celebrar en breve elecciones.

La mandataria incluyó en su ejecutiva a ministros de su partido, Unión Demócrata, opositor a Movimiento al Socialismo (MAS) del dimitido Evo Morales, que tiene la mayoría en el Parlamento.

Áñez designó a la académica y diplomática de carrera Karen Longaric como canciller, ministro de la Presidencia al abogado Jerjes Justiniano, de Gobierno al hasta hace poco senador de su partido Arturo Murillo y de Defensa a Luis Fernando López. El Ministerio de Comunicación lo ocupa la periodista Roxana Lizárraga, el de Medio Ambiente tiene a la exlegisladora María Elba Pinckert y el de Justicia a Álvaro Coimbra. José Luis Parada es el nuevo titular de Economía; el exsenador Yerko Núñez, de Obras Públicas; Samuel Ordóñez, de Desarrollo Rural y Álvaro Guzmán, de Energías.

La presidenta provisional dejó vacantes de momento otras carteras como Hidrocarburos, Planificación, Educación, Salud, Trabajo y Culturas. Por lo que el nuevo Ejecutivo queda conformado actualmente por once ministros.

Los nuevos ministros juraron el cargo por Dios, la patria, la Constitución y la «sagrada memoria de los mártires» de Bolivia. Muy en la línea más conservadora de la nueva presidenta Áñez, senadora boliviana que enarboló una Biblia en el Palacio de Gobierno durante su toma de posesión ante sus correligionarios.

El giro es total respecto al anterior Gobierno de izquierdas e indigenista de Evo Morales, quien se exilió a México tras renunciar al sillón presidencial por las presiones recibidas por las Fuerzas Armadas y la oposición ante el escándalo que supuso el fraude electoral denunciado en los pasados comicios del 20 de octubre, que le otorgaron la victoria ante Carlos Mesa por un escasísimo margen tras un dudoso recuento electoral en el que hubo “graves irregularidades”, según la auditoría realizada por la Organización de Estados Americanos (OEA).

Muestra del giro de 180 grados dado es que no hay ningún indígena en el primer equipo gubernamental designado por Jeanine Áñez; muy a diferencia de lo que propugnaba su antecesor Evo Morales, muy centrado en los estratos más de base de la sociedad boliviana, incluidos, claro está, los indígenas.

Tras su toma de posesión, Áñez decidió el cambio de la cúpula de Defensa y del mando militar, sector clave en este momento debido a los graves disturbios que han asolado las calles ciudades clave de Bolivia, como La Paz, (sede del Gobierno y del Parlamento) y El Alto, la segunda urbe más poblada del país.

Los enfrentamientos callejeros vinieron protagonizados durante varias semanas por los partidarios y detractores de Evo Morales a raíz de las sospechas que levantó el resultado de los comicios celebrados en octubre. Hasta ocho personas murieron por los altercados y el Ejército tuvo que intervenir porque la Policía se vio superada por los acontecimientos.

El Parlamento, con mayoría de miembros del MAS de Morales, todavía no se ha pronunciado sobre el cambio presidencial y se está a la espera de la respuesta. A pesar de todo, Jeanine Áñez ha contado con la legitimación del Tribunal Constitucional de Bolivia, que dio luz verde a su nombramiento ya que la Constitución permitía esta posibilidad a pesar de no tener la mayoría en la Cámara debido a la situación de vacío de poder que existía. Y es que los parlamentarios del MAS se ausentaron de la sesión que derivó en el nombramiento final de la nueva máxima dirigente boliviana, aun teniendo la posesión de la mayor parte de los sillones parlamentarios.

Apoyos internacionales

En este tablero de juego, la comunidad internacional, sobre todo latinoamericana, no ha tardado en pronunciarse. Por un lado, están los países que han mostrado su apoyo a la nueva presidenta Áñez y los que siguen siendo leales al predecesor Evo Morales. El choque de bloques antagónicos está ahí y puede llegar a aumentar el conflicto diplomático entre uno y otro bando.

En el lado que muestra su apoyo a la nueva presidenta está, obviamente, Estados Unidos, gran rival del bloque de izquierdas de América Latina que viene representado por Venezuela, Argentina o Uruguay, con importantes vínculos con otro gran símbolo de la izquierda global, como la Bolivia de Evo Morales.

Así, la Casa Blanca estadounidense ha reconocido a Jeanine Áñez como nueva presidenta. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, se encargó de oficializar el apoyo de EEUU a Áñez “por asumir en este momento de gran responsabilidad”. Y es que la senadora dio un paso adelante haciéndose cargo del puesto presidencial desde su posición como segunda vicepresidenta del Senado boliviano tras la renuncia de Morales y la evasión de responsabilidades de los que, según la Constitución, le seguían en el orden sucesorio a la Presidencia: Álvaro García Linera, vicepresidente con Evo Morales, y Víctor Borda y Adriana Salvatierra, presidentes del Congreso y del Senado respectivamente.

Antes esta ‘espantada’, Áñez decidió asumir la responsabilidad y eso es lo que le ha reconocido EEUU. «Estados Unidos aplaude a la senadora boliviana Jeanine Áñez por tomar posesión como presidenta interina para guiar a la nación en esta transición democrática, bajo la Constitución de Bolivia», dijo Mike Pompeo. Los reconocimientos a la presidenta interina Áñez llegaron también desde naciones como Colombia, Guatemala y Brasil, países que lanzaron mensajes de apoyo para que Bolivia salga del atolladero en el que está actualmente.

El Gobierno de Guatemala, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, aprobó en sus redes sociales el nombramiento de Áñez, indicando que «reitera su apoyo a todos los esfuerzos para el restablecimiento del orden constitucional y el Estado de derecho».

La Cancillería de Colombia también se sumó a este respaldo a través de la red social Twitter sustentando a la presidenta boliviana «en su propósito de avanzar hacia una pronta realización de elecciones libres, transparentes y con observación internacional».

El ministro brasileño de Exteriores, Ernesto Araújo, dijo que su país reconocía a la senadora de la oposición como jefa de Estado interina ya que «se está cumpliendo el rito constitucional boliviano” y “se contribuye a la pacificación y la normalización del país».

En la otra acera se sitúan las naciones que siguen dando su respaldo a Evo Morales. Entre ellos se sitúa el país que ha dado cobijo al líder cocalero, es decir, México. El país presidido por Andrés Manuel López Obrador se ampara en uno de sus axiomas en política exterior: la Doctrina Estrada, que no otorga «reconocimientos» de gobiernos que puedan «herir la soberanía». En este sentido, la embajadora de México en Bolivia, María Teresa Mercado, reseñó en una entrevista a Radio Fórmula que se ha acogido sin problemas a la delegación que acompaña a Morales en tierras aztecas.

Uruguay también ha recurrido al postulado de reconocer solamente a presidentes elegidos en las urnas. El canciller Rodolfo Nin Novoa indicó que su país solo reconoce «a presidentes surgidos de elecciones».

El Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela también negó la figura de la presidenta interina, a través de un comunicado de oficial. Considera que Áñez ha llevado a cabo una «autoproclamación» y le ha acusado de «usurpar» el cargo calificando de «parodia» lo ocurrido en la Asamblea Legislativa boliviana.

Argentina también se unió a las voces de rechazo, entre ellas la del presidente electo, el peronista, Alberto Fernández, al señalar que sí hubo un «golpe de Estado» y explicó que «hubo un jefe del Ejército que pidió la renuncia de un presidente» y «una Policía que se amotinó».

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